Internacional

ALEMANIA REFUGIADOS

La derecha alemana a la ofensiva contra los refugiados

En un clima político marcado por la crisis migratoria y el giro hacia la derecha del gobierno, la derecha quiere imponer su agenda antidemocrática y xenófoba. Aumentan las tensiones.

Peter Robe

Berlín | @robe_peter

Sábado 17 de octubre de 2015 | Edición del día

Como explicamos en un artículo hace una semana atrás, la derecha alemana lleva adelante una fuerte campaña, con marchas en las calles y desde los medios de comunicación, para agudizar el giro hacia la derecha del gobierno en la crisis migratoria iniciado con el restablecimiento del control fronterizo y las enormes restricciones en materia de ley de asilo que empeoran significativamente las condiciones de vida de los refugiados en Alemania y aceleran las deportaciones.

Tensiones dentro del gobierno

Con esto atacan sobre todo a la canciller Ángela Merkel por su papel en la crisis migratoria que ven expresarse en dos gestos. Primero, la apertura de la frontera el 5 de septiembre para los refugiados sirios que se encontraban en Hungría. En segundo lugar, en su “lema” frente a la crisis migratoria, “lo vamos a lograr”, que viene repitiendo las últimas semanas. Estos dos gestos serían la expresión de una política de “fronteras abiertas” por la que se “perdió el control”, como afirma el Ministro del Interior Thomas de Maiziere (CDU).

Frente a esta situación éste ministro se quiso presentar como la “mano dura” de la política migratoria alemana. Por eso en las últimas semanas salió ofensivamente a criticar el curso de Merkel, marcando el terreno con dichos racistas y xenófobos.

Primero fue su propuesta de “contingentes generosos” que en los hechos significaba la limitación estricta a la cantidad de los refugiados acogidos por la Unión Europea (UE). Después dijo que las “fuerzas son limitadas” y que la cifra de 800.000 refugiados que debería acoger Alemania cada año era demasiado, subrayando su postura por la limitación radical del derecho al asilo. Hace una semana llegó a criticar que los refugiados se volvieran demasiado exigentes: “Entran en huelga porque no les gusta su alojamiento, se quejan porque no les gusta la comida, se pelean en los centros de refugiados”.

Recordemos que la situación en estos centros es catastrófica, con cientos de refugiados que tienen apenas unos pocos baños y duchas, que tienen que dormir en salas gigantes o directamente en los pasillos o las escaleras y no disponen de dinero sino de bonos.

Encima, en estos días cuando el otoño se pone bastante helado, todavía unos 44.000 refugiados viven en “campamentos de carpas”.

Con estos dichos, el ministro se sumó al discurso de movimientos de extrema derecha xenófoba como Pegida. Lutz Bachmann dijo que los refugiados “roban, violan, rapiñan y se pelean”.

Es que para estos xenófobos, los únicos refugiados que serían “bienvenidos” serían unos refugiados que pidieran “limosna”, y que no cuestionaran las paupérrimas condiciones de aislamiento social y falta de derechos básicos, como viene haciendo el movimiento de refugiados en los últimos años. Un movimiento que fue fuertemente reprimido con varios de sus dirigentes procesados o deportados.

Así, de Maiziere juega el rol que Wolfgang Schäuble (CDU), Ministro de Finanzas, jugó durante las negociaciones con Grecia, abogando públicamente por un “Grexit” y uniendo a los sectores que criticaron la posición de Merkel desde la derecha de su propio partido. Frente a esta ofensiva, Merkel le quitó al Ministerio del Interior el liderazgo y puso a la cabeza de la administración de la crisis migratoria al Ministro de la Cancillería Federal, su fiel seguidor Peter Altmaier (CDU).

La semana pasada se publicó una carta de 34 funcionarios comunales de la CDU, de ocho estados federados, que exigen claras medidas contra la llegada de más refugiados. Dice la carta dirigida a Merkel: “La actual política de ´fronteras abiertas` no concuerda ni con el derecho europeo o alemán, ni con el programa de la CDU“.

Como medidas urgentes plantean el rechazo a todos los refugiados de “países de origen seguros” directamente en la frontera, la aceleración de las deportaciones, una campaña mediática que deje claro “que los refugiados que no son perseguidos políticos no tienen derecho a venir a Alemania y serán deportados rápidamente” y como medida principal, el cierre completo de las fronteras alemanas.

Esta carta demuestra el descontento entre sectores que son base del gobierno con la línea política de Merkel y la exigencia para que tome medidas de fuerza radicales para parar el flujo migratorio.

Esto se refleja también en su apoyo general, que el último mes cayó un 4% hasta el 63%, que aunque alto, es el valor más bajo de los últimos tres años. Por su manejo de la crisis migratoria recibe un apoyo de un 39% mientras que el 48% está en desacuerdo con su política. Una caída importante que representa una tendencia inicial a la pérdida de fuerza política, a la vez que Merkel mantiene una base muy sólida. En el mismo sentido los firmantes de la carta afirmaron que la crisis migratoria no se puede solucionar sin Merkel.

El partido hermano de la CDU en Bavaria, la CSU y su jefe Horst Seehofer, es el que más ataca a la canciller. Hace dos semanas invitó al presidente húngaro Victor Orbán, que tildó de “imperialismo moral” la política de Merkel.

Seehofer dijo que el mes de septiembre llegaron más de 225.000 refugiados a Bavaria y cerca de 10.000 por día. Frente a esta situación exigen “medidas concretas” del gobierno y advirtieron que ellos mismos tomarán medidas de “legítima defensa” como el cierre de su frontera con Austria. Esta política de presión ya tuvo su primer resultado el lunes pasado donde Altmaier afirmó que se llegó a un acuerdo entre la CDU y la CSU en la apertura de “zonas de tránsito” que son una especie de “cárcel a cielo abierto” para los refugiados en la frontera. Los estados pueden encerrar dentro hasta un máximo de tres semanas a los refugiados que serán rechazados en su solicitud de asilo porque provienen de un “país de origen seguro” o que pasaron por un país del sistema Dublin, para expulsarlos directamente.

Su Ministro de Finanzas Markus Söder (CSU) exigió la “restricción masiva” de la inmigración para “la seguridad interna”. Además amenazaron con demandar al gobierno si seguiría con su falta de iniciativa frente al tribunal constitucional por atacar la “capacidad de actuar soberana de los estados federados”. Esta posición más derechista e independiente de su cónyuge político - y sobre todo de Merkel- les favorece en las encuestas que notan sobre todo un alza importante de la popularidad – aún baja – de Seehofer. A su vez les da mayor margen de negociación dentro del gobierno y fortalece su rol conservador y xenófobo.

El rol de Merkel

Pero ¿en qué consiste realmente la política de Merkel en la crisis migratoria? ¿Es de “fronteras abiertas” como dicen los sectores de derecha en el gobierno? Definitivamente no.

En los hechos hay un consenso amplísimo que va desde algunos dirigentes de Die Linke, los verdes, la socialdemocracia y hasta la CDU/CSU, acerca de que la solución de la crisis migratoria es más represión, más deportación, menos derechos y sobre todo más vallas y muros. El único punto en debate es donde deberían estar estas vallas y muros. Mientras que la CSU y sectores de la CDU proponen el cierre efectivo de las fronteras alemanas y el rechazo a los refugiados con la fuerza directamente en la frontera, Merkel y la SPD -bajo el eufemismo de “combatir los orígenes de la migración” proponen más control en las fronteras de la UE, es decir expandir el “ejemplo húngaro” por todas partes para no tener que hacer lo mismo en su propia frontera.

Así se pueden explicar las últimas conversaciones entre la UE y el presidente del estado turco Erdogan, que tuvieron como base un plan para que Alemania acogiera 500.000 refugiados que ahora viven en Turquía y la UE ayude a construir nuevos centros de refugiados masivos para que Turquía contenga a todos los refugiados que llegaron las islas griegas. Además debería garantizar el control en la frontera europea y la UE derogaría la obligación de Visa para los habitantes turcos. Para todo esto, Turquía debe ser considerada un “país de origen seguro”, que es el status que se le da a los países donde se considera que no hay ninguna persecución ni política ni étnica o cultural. La actual guerra de Erdogan contra el pueblo kurdo demuestra que la situación en Turquía está muy lejos de esa situación.

En el mismo sentido, Merkel intervino junto con el presidente francés François Hollande en el parlamento europeo. Ambos insistieron en la necesidad de un mayor control en las fronteras europeas, sobre todo en el mar Mediterráneo que ya es una fosa común de miles de refugiados.

Aunque dijo claramente que no se podía poner fin a la entrada de refugiados al país, su política lejos de ser “humanitaria” quita el apoyo estatal a los refugiados y restringe la ley de asilo.

Pero Merkel tiene claro que las medidas más xenófobas exigidas por la derecha dentro y fuera del gobierno podrían poner en peligro la estabilidad política. O causarían un gran rechazo popular que llevaría a un gran movimiento democrático contra el gobierno, como ya pasó después de los ataques racistas de Heidenau en Sajonia, o fortalecería aún más a movimientos fascistas como Pegida o partidos derechistas como la Alternativa para Alemania (AfD) a costa del gobierno mismo.
En el medio de la polarización política existente, Merkel busca una política de “mano dura” contra los refugiados focalizada en las fronteras europeas, mientras que se aleja de la extrema derecha con un discurso hipócrita humanitario.

Pero la segunda opción no está tan lejos de la realidad, como señalan varias encuestas. Si en septiembre, el 57% de la población creía que la llegada masiva de refugiados era “soportable” y el 40% estaba en contra, ahora es un 45% que está a favor de la llegada de más refugiados y un 51% no cree que Alemania lo “soportará”. Un resultado claro de la demagogia derechista.

Lo mismo se da a nivel de los partidos. Mientras que la CDU/CSU cae un poco, el abiertamente racista y anti-euro AfD sube 2% hasta llegar al 7%. La debilidad relativa del gobierno favorece directamente a las variantes más reaccionarias de los partidos burgueses.

Los otros partidos – la socialdemocracia (25), los verdes (9) y Die Linke (9) – no cambian en intención de votos. Durante la crisis migratoria los primeros dos han estado profundamente adaptados a la política de Merkel. Mientras que la socialdemocracia llegó a defenderla directamente como si fuera su propia canciller, los verdes apoyan cada medida tomada como hicieron en el Bundesrat (segunda cámara legislativa) con el paquete de medidas reaccionarias. Die Linke, que en algunos casos son víctimas de ataques racistas, sigue con su política reformista que no cambia nada sustancialmente para los refugiados como se ve claramente en Thuringia, donde dirigen la coalición de gobierno junto con la SPD y los Verdes. Allí recientemente murió un refugiado de Eritrea en un incendio.

Siguen las marchas y ataques racistas

La polarización política hacia la derecha también se refleja en la calle donde las manifestaciones racistas de Pegida en Dresde siguen creciendo y cada vez se ponen más agresivos contra activistas, refugiados o periodistas. El lunes pasado reunieron 9.000 personas en contra del gobierno y los refugiados.

La AfD hace cuatro semanas que organiza manifestaciones semanales en la ciudad Erfurt en Thuringia contra los refugiados y contra el derecho a asilo, movilizando entre 5.000 y 8.000 personas. Al mismo tiempo, lanzaron un ataque contra Merkel. La demandaron por “infiltración de extranjeros” por su apertura temporal de las fronteras el 5 de septiembre y uno de sus dirigentes, Alexander Gauland, llamó a Merkel una “traficante de refugiados”. Aunque suena completamente fuera de la realidad culpar a Merkel, que hace poco reinstaló el control fronterizo, muestra lo ofensivo de la política de la derecha.

En lo que va del año ocurrieron más de 490 ataques a centros de refugiados, o sea cada dos días hubo tres ataques a los centros de refugiados en todo el país. Si a esto le sumamos la cantidad de ataques racistas y derechistas contra activistas de izquierda, sindicalistas y refugiados, estamos ante un escenario marcado por la violencia racista.

La agitación xenófoba de la derecha y el curso tomado por el gobierno permiten el aumento de los ataques y la impunidad de los mismos.







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