SEMANARIO

La democracia: ¿valor universal?

Juan Dal Maso

COUTINHO

En 1979, el reconocido intelectual brasileño Carlos Nelson Coutinho publicó en el volumen 9 de la revista Encontros com a Civilização Brasileira su ensayo “La democracia como valor universal” [1]. Este trabajo codificó una serie de temas que se transformaron en un sentido común para gran parte de la intelectualidad de izquierda latinoamericana en los años ‘80, aunque no exactamente en los precisos términos planteados por Coutinho.

Resumiremos sus principales ideas, para luego realizar una indagación crítica sobre sus contenidos.

En primer lugar, tenemos que considerar el contexto. Los años ‘78/80 en Brasil son los de una fuerte crisis de la dictadura y del ascenso de luchas del proletariado metalúrgico del ABC y la clase trabajadora en São Paulo y en todo el país. Millones de trabajadores protagonizaron huelgas y movilizaciones, enfrentando la represión de la policía y el Ejército. La dictadura que se había visto obligada en 1974 a iniciar una “transición controlada” hacia un régimen constitucional que duraría más de una década, perdía base de sustentación. Son los años del surgimiento del PT y de expectativas en importantes transformaciones sociales y políticas en Brasil. El texto de Coutinho buscaba, en este contexto, fundamentar la necesidad de una política de “renovación democrática de la vida nacional”, dejando atrás el “estado de excepción” impuesto en el país desde 1964, apelando a una discusión sobre las relaciones entre socialismo y democracia en la tradición marxista, sobre las que seguiría debatiendo en las décadas posteriores.

Para realizar esta reflexión, Coutinho partía de la idea de que el vínculo entre democracia y socialismo era parte central de la teoría marxista, dado que Marx había realizado una crítica de la democracia representativa, así como Engels había reflexionado sobre las implicancias del sufragio universal para la política socialista. Destacaba que esa discusión había cruzado el campo del marxismo a lo largo de su historia, poniendo como ejemplo las críticas de Rosa Luxemburgo a Lenin y Trotsky por la disolución de la Asamblea Constituyente en 1918 en Rusia, y concluía que la crisis del modelo soviético planteaba la actualidad de la cuestión.

En la senda del eurocomunismo

En ese marco, Coutinho tomaba al eurocomunismo [2] como referencia inmediata para fundamentar su posición. Citando un discurso de Enrico Berlinguer en Moscú en el 60.º aniversario de la Revolución de Octubre, en que aquel había afirmado que la democracia era un “valor universal”, Coutinho hacía suya la expresión.

Afirmaba que el eurocomunismo aportaba un modo nuevo de concebir dialécticamente la relación entre socialismo y democracia, que se puede resumir básicamente en la idea de que la democracia socialista era una superación de la democracia liberal que mantenía a su vez notables rasgos de continuidad con ésta.

La importancia de esta discusión para la coyuntura en Brasil aparecía evidente. Para Coutinho, siendo la tarea principal la conquista de un régimen de libertades democráticas para terminar con la dictadura, una concepción que redujera la democracia burguesa a su carácter de clase se basaba en una errónea y estrecha concepción del Estado, pero además no resultaba operativa para constituir un frente de todos aquellos interesados en el fin de la dictadura.

El error de esta “concepción estrecha” era para Coutinho la identificación entre democracia política y dominación burguesa. Esto impedía a su vez identificar que la renovación democrática de la vida nacional no era una cuestión táctica, sino el “contenido estratégico” de la “actual etapa de la revolución brasileña”. Buscando antecedentes en la tradición marxista, señalaba que Lenin había sido un crítico implacable de la democracia burguesa, por las limitaciones que su carácter de clase le imponía, pero que nunca había negado el sustantivo democracia. Sostenía que aunque la génesis de la democracia representativa había sido el proceso de la revolución burguesa, génesis y validez no eran lo mismo. En este sentido, destacaba que así como el arte griego transcendía su época, según la conocida opinión de Marx, algo análogo podía plantearse con la democracia política. Era necesaria para el movimiento obrero en el capitalismo, así como en la transición al socialismo.

Para Coutinho, la democracia socialista no era una simple continuación de la democracia liberal pero la forma de la democracia política debía ser común a ambas. Señalaba que el proceso socialización desde abajo de la política creaba organizaciones populares que buscaban superar la alienación económica tanto como la alienación política. Este proceso suponía entonces la articulación de instancias de democracia directa y democracia representativa tradicional, que pudieran expresar la síntesis de varios sujetos políticos colectivos diversos.

Las referencias para estas posiciones eran el austromarxista Max Adler y el comunista italiano Pietro Ingrao. Dentro de esta concepción Coutinho introducía el concepto gramsciano de hegemonía como clave para comprender el poder del Estado, polemizando con las posiciones liberales que lo asimilaban con autoritarismo y totalitarismo. Por el contrario, en su lectura la combinación de pluralismo y hegemonía era la clave de la democracia socialista, que establecía una relación dialéctica de superación, elevando y (sobre todo) conservando el pluralismo de la democracia liberal.

Coutinho concluía su argumentación señalando que en Brasil la revolución tenía una tarea inmediata eminentemente democrática: terminar con el régimen de excepción impuesto en 1964. Recapitulando sobre la historia de Brasil afirmaba que en ésta se había verificado una “vía prusiana” que había obturado la participación de las grandes masas en las decisiones económicas y políticas, frente a la cual se imponía una profunda renovación democrática de la vida brasilera. Establecer un régimen de libertades democráticas iría en el sentido de conquistar un democracia de masas que conservara y elevara a un nivel superior las conquistas de la democracia liberal. Para esto Coutinho sostenía la necesidad de un programa que uniera a la clase obrera, los campesinos, la pequeña y media burguesía nacional. En ese marco destacaba que la unidad era un valor estratégico para encarar una etapa antimperialista y antimonopolista de la revolución brasileña, que preparara una futura etapa de democracia socialista.

Superposición no es dialéctica

El texto de Coutinho realiza dos operaciones teóricas superpuestas. Destaca una propuesta para entender la relación entre democracia burguesa y democracia socialista en términos de una “superación” en la que la “conservación” tiene un peso determinante. Es decir, establece una relación de continuidad entre la democracia burguesa y la socialista (por utilizar su propia expresión), apoyándose en el PCI y diferenciándose del “modelo soviético”. A su vez, sostiene la necesidad de una transición entre ambas formas que parte de una combinación entre ellas, con lo cual la dialéctica propuesta en primera instancia tiene su “verdad” en una combinación que reviste más la forma de una suma ecléctica que la de un proceso de superación dialéctica tal como lo entendía Marx, Gramsci o Lukács (referencias intelectuales de Coutinho).

En este marco, buscando los elementos de continuidad, Coutinho dejaba sin abordar el argumento sobre las diferencias entre ambas formas de democracia.

Democracia soviética

Efectivamente, en una cosa tenía razón Coutinho. La crítica de la democracia liberal en el marxismo no se realiza desde una reivindicación del totalitarismo stalinista, ni desde un desconocimiento de las diferencias entre un régimen democrático-burgués y uno dictatorial. Incluso en la conocida expresión de Lenin sobre la democracia burguesa como “mejor envoltura de la dictadura del capital” el sentido está claro: si es “la mejor envoltura” es porque presenta la dominación de clase de una forma más aceptable para las masas trabajadoras y populares. Por eso Lenin, al mismo tiempo que denunciaba su carácter de clase, sostenía la defensa de las libertades democráticas burguesas tanto en la lucha contra el régimen autocrático en Rusia como en las democracias occidentales, porque las libertades que atañen a la clase obrera son las primeras que se recortan cuando la clase dominante las considera algo peligroso o innecesario.

Pero Coutinho utiliza este argumento para postular en los hechos que toda democracia socialista debe incluir formas de democracia burguesa representativa, sin especificar qué características revestirían las formas de democracia directa ni qué relación establecerían entre sí estas dos formas de representación. Al plantear esta combinación al interior de un régimen democrático-burgués la respuesta está implícita: un rol subordinado. La crítica de Marx a la democracia representativa a la que hacía referencia Coutinho en el comienzo de su ensayo tiene que ver precisamente con la diferencia entre las dos formas de democracia: la división entre ciudadano y productor. La democracia soviética, recogiendo el legado de la Comuna de París, había generado la institución que buscaba unir las dos figuras, hegemonizando a su vez a otros sectores populares como el campesinado, el movimiento estudiantil y la intelectualidad. Surgidos de la revolución de 1905, reivindicados por Trotsky como órganos de poder revolucionario y hegemonía del proletariado y por Lenin como la base para un “gobierno provisional revolucionario”, los soviets resurgirían en 1917, dando lugar a la famosa “dualidad de poderes”. Lenin los incorporó como base para su teoría del Estado obrero de transición al socialismo, Gramsci buscó su traducción al terreno italiano en los consejos de fábrica y Trotsky revalorizaró su importancia contra el régimen burocrático del stalinismo, incluyendo la legalidad para todas las tendencias políticas que apoyaran las conquistas de la revolución.

Al no especificar las características de la “democracia socialista”, el ensayo de Coutinho omite la experiencia y la teoría de la democracia soviética, cayendo en la dicotomía de o bien eurocomunismo o bien totalitarismo staliniano, proponiendo como salida una “combinación” que implicaba la subordinación de la “democracia directa” a la “democracia representativa”, en función de la cual llamaba a rechazar tanto el “golpismo de izquierda” como el “golpismo de derecha”.

Etapismo o Revolución

Al definir la “etapa actual” de la revolución como “anti-imperialista” y “anti-monopolista”, Coutinho reflotaba la clásica teoría de los PC latinoamericanos que dividía entre países “maduros” e “inmaduros” para el socialismo, y de ahí derivaba una “revolución por etapas” en la que la primera permitiría el desarrollo del capitalismo y la democracia burguesa, y la segunda sería socialista, pero llegaría vaya a saber cuándo. Si la tarea es democrático-burguesa por toda una etapa, la “transición al socialismo” tendrá que esperar por lo menos unas cuantas décadas. El planteo termina entonces en una especie de superposición entre una teoría típica de revolución por etapas sostenida tradicionalmente por los PC latinoamericanos con otra de tipo “eurocomunista” que serviría para darle un aggionarmiento.

Este trabajo de Coutinho no agota el conjunto de sus posiciones intelectuales y políticas, pero su análisis crítico puede contribuir al debate sobre el reciente revival del eurocomunismo de la mano de Syriza y PODEMOS, que se ha demostrado en los hechos como un discurso vacío. Por su parte, desde el punto de vista de la concreción histórica de la hipótesis de Coutinho, está claro que la “transición democrática” en Brasil estuvo muy lejos de ser la “primera etapa” para preparar la “democracia socialista”. Exhumar estos textos y ponerlos en discusión es también una forma de contribuir a que no se repitan los mismos errores y a la vez avanzar en reactualizar la teoría y la estrategia revolucionarias frente a los problemas que plantea la realidad del capitalismo hoy.

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NOTAS AL PIE

[1Coutinho, Carlos Nelson, Encontros com a Civilização Brasileira, v. 9, Río de Janeiro, 1979, pp. 33/47.

[2Sintéticamente, la orientación adoptada progresivamente en la segunda mitad de los años ‘70, con 1977 como año de referencia, por los partidos comunistas europeos de proponerse llegar al poder a través de la democracia parlamentaria. El “compromiso histórico” del PCI con la Democracia Cristiana fue representativo de esta política.
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Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com
Nacido en Bs. As. en 1977, actualmente reside en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén. Integrante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 1997, es autor del libro El marxismo de Gramsci. Notas de lectura sobre los Cuadernos de la cárcel (Ed.IPS, 2016), así como de diversos artículos sobre problemas de teoría marxista. Actualmente tiene en preparación el volumen Hegemonía y lucha de clases. Tres ensayos sobre Trotsky, Gramsci y el marxismo.
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