Política

OPINIÓN

La defensa de las Fuerzas Armadas de un propagandista de los genocidas

Alejandrina Barry, hija de desaparecidos, querellante contra Editorial Atlántida, le contesta al periodista Alfredo Serra

Alejandrina Barry

Hija de desaparecidos | CeProDH | Operadora social en villa 21 24 | @alebarryceprodh

Miércoles 31 de mayo | Edición del día

Motiva esta columna la gran indignación que me generan los dichos de Alfredo Serra. En esta oportunidad su ataque se dirigió a la periodista Julia Mengolini a raíz de un posteo en twitter donde ella compara la exhibición de la Fuerza Aérea en el desfile militar del 25 de Mayo con los bombardeos de junio de 1955, antecedente de la Revolución Fusiladora. La respuesta de Serra en el diario Infobae resultó, nuevamente, en una reivindicación de las Fuerzas Armadas genocidas.

Yo puedo contar a través de mi historia personal quién es realmente Alfredo Serra. Desde el año 2010 vengo peleando para que sea condenado, junto a los dueños de Editorial Atlántida y todo el staff editorial de las revistas Gente, Somos y Para ti, por el delito de genocidio.

En el año 2010 me presenté como querellante por mis viejos Juan Alejandro Barry y Susana Mata, y por mí. He demostrado que Serra, quien en plena dictadura militar era parte del Staff de la revista Gente, junto al resto de los empresarios y directivos de la editorial, fueron parte de una operación para legitimar y reivindicar el asesinato tanto de mis padres como el secuestro del resto de los compañeros que se encontraban con ellos.

En diciembre de 1977, armaron una operación de prensa, orquestada por la patota de la ESMA que respondía al Almirante Emilio Massera. Publicaron notas supuestamente informativas, con fotos mías cuando estaba apropiada por los militares, diciendo que había sido abandonada por mis padres “terroristas” y “subversivos”. Tenía tres años, mis padres habían sido asesinados por los militares y fui usada como botín de guerra para llevar adelante lo que ellos llamaban medidas de acción psicológica y de propaganda para legitimar el terrorismo de Estado. Las tres revistas Somos, Gente y Para Ti, montaron una falsa escena donde fui fotografiada mientras se mostraba una cuna donde supuestamente dormía rodeada de armas, diciendo que mis padres merecían morir. Me usaron para legitimar su accionar criminal ante la población civil y justificar, de esta manera, la apropiación de los hijos de los militantes. Nada que envidiarle al aparato de propaganda de Joseph Goebbels en la Alemania nazi.

Pese a la enorme cantidad de pruebas presentadas y los numerosos testigos que declararon mostrando la complicidad y relación de esta editorial con los militares, la justicia hasta ahora no ha querido avanzar sobre ninguno de ellos. Los Juzgados patean la causa de un lado a otro, declarándose “incompetentes” porque ninguno quiere meterse con hombres como el mismo Serra, que aún hoy gozan de impunidad y que de manera ininterrumpida siguió trabajando en los medios desde la restauración de la democracia. Tanta es su impunidad que puede darse el lujo de defender lo indefendible, a Fuerzas Armadas, a "milicos" (palabra que le resulta molesta) que perpetraron un genocidio y que durante la guerra de Malvinas fueron valientes para castigar y matar de hambre a los soldados argentinos mientras se arrodillaban ante los ingleses.

En tiempos en que el gobierno y la Corte Suprema intentaron avanzar con el fallo del 2x1, no es de extrañar que hombres como Serra se sientan con poder para defender el “honor” de las FF.AA. genocidas. Pero los centenares de miles que se movilizaron el pasado 10 de mayo muestran que somos muchos los que estamos empeñados en que los militares genocidas y sus cómplices civiles vayan a la cárcel. La enorme marcha que impidió que se avanzara con el 2x1, nos dio, a los hijos y familiares de desaparecidos, una mayor fuerza para continuar la pelea para que vayan presos todos. No sólo los militares sino también los civiles. Sabemos que es una lucha difícil y en particular que sean juzgados los grandes intocables, aquellos que actuaron impunemente al servicio de los militares en los medios de comunicación.

En la farsa montada por la revista Gente cambiaron mi nombre por el de “Alejandra”. Quien hoy los acusa tiene el orgullo de llamarse Alejandrina Barry.








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