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La curiosa historia del metegol (y los entretelones políticos del caso)

¿Qué tienen en común un inglés, un anarquista, un trotskista, un pibe de barrio y el Che Guevara? Historia de un juego que trasciende fronteras e idiomas.

Martes 3 de septiembre | 23:24

¿Quién no jugó al metegol alguna vez? Pienso y se me hace raro que una persona levante la mano. ¿Quién no se juntó con amigos a jugar al metegol en un club de barrio o en un bar en una esquina, meta metegol y birra? ¿Quién no limó asperezas jugando una partida a cinco goles, enchastrando las manos con esa grasa negra que no sale más? ¿Quién no le metió un escupitajo a las palancas para que se deslicen mejor los jugadores?

Las reglas eran sencillas: uno iba al kiosco de la esquina de San Martín y Gamarra, compraba una cerveza, un paquete de girasol y esperaba que llegue el rival que le había ganado la noche anterior; si venía un amigo, le contaba los problemas jugando al metegol. Una especie de terapia de barrio. ¡Ah, las reglas! No valía molinete, ni meter el dedo al sacar del medio, si se iba afuera la pelotita, se volvía por atrás del arco o del medio campo dependiendo por donde saliese.

Si el partido estaba picado, que no podías ni fumar un pucho, que no se te vaya a ocurrir meter la mano si la pelotita “pinchó” (cuando ningún jugador puede llegar a tocar el balón por las características del campo de juego) sin mirar a los ojos a tu rival, porque en el metegol -como en el fútbol- a veces hay mala leche. Así era en mi barrio al menos, Luis Guillón el nombre, ni boliche tiene, imagínate.

¡Qué tiempos! dirá alguno, pero… ¿de dónde salió el metegol? Este juego que hasta nuestros días tantos buenos momentos nos regala.

Resulta que el futbolín o metegol (llamado así en Argentina) fue creado en Inglaterra en 1922 por Sealer Thorton, quien lo imaginó viendo un partido de fútbol con una cajita de fósforos en la mano: “fútbol en caja”. Este tiene una formación diferente a la convencional con la línea de defensa que incluye al arquero, y los jugadores en forma de bolos y de una sola pierna.

En España en 1936 es creado el futbolín, que llega a Latinoamérica de la mano de un tal Alexandre Campos Ramírez, alias Alejandro Finisterre, anarquista, inventor, editor y poeta. Un hombre que luchó contra el franquismo en la Guerra Civil Española, que fue herido en un bombardeo a los 17 años e internado en el hospital de Montserrat (Estado Español). Al ver allí tantos niños con amputaciones de piernas que ya no podrían jugar al fútbol, pensó y pensó, y creó el futbolín con jugadores de dos piernas y forma más humana. Futbolín, así lo llaman por aquellos pagos. Con la ayuda del carpintero Francisco Altuna, “El Vasco”, crearon un juego de fútbol de mesa, para esos niños.

En el tiempo que permaneció internado Finisterre surgió este invento, y cuenta qué el líder de CNT y FAI, Joan Busquets, un anarquista de Monistrol que fabricaba gaseosas, lo vio y lo animó a patentar el invento. Lo patentó a principios de 1937, Finisterre también cuenta que el futbolín llegó primero que él a Francia, de la mano de su compañero de internación, un trotskista llamado Magi Muntaner del POUM, que en 1937 tuvo que exiliarse en Francia por la feroz persecución stalinistas que había en España.

Con el triunfo del franquismo, Finisterre partió hacia Francia en 1948, perdiendo los planos del futbolín con el apuro a cuestas. Pero gracias a su compañero trotskista el juego se desparramó por parte de Europa, siendo un juego muy popular. Muchos de los exiliados españoles construyeron la línea de defensa “maginot” francesa. En el futbolín o metegol a veces nos encontramos con formaciones defensivas distintas, unas de tres defensores y otras de dos, pareciera que cambiaron según la época, según cómo se jugaba al fútbol, según las guerras.

En 1952 Alejandro Finisterre viaja a Ecuador y ese mismo año a Guatemala, haciendo que el futillo o futbolín sea el juego preferido de todos. Hasta el Che Guevara jugaba con Finisterre, pero la que mejor jugaba era Hilda Gadea, compañera del Che.

En 1954 el golpe de Estado en Guatemala por parte de Castillo Armas apoyado por la C.I.A. hizo que el creador del futbolín sufriera una persecución terrible por parte del franquismo nuevamente, que cerrando filas con Castillo Armas mandó a deportar a todos los exiliados españoles en Guatemala. Finisterre pudo exiliarse en México, pero a su manera: en el avión que lo deportaba armó una bomba ficticia de jabón envuelto en papel de aluminio y cables, haciendo que la tripulación aterrizara en Panamá: de ahí fue a México, dedicándose de lleno a la escritura.

Hoy, por más Play Station o juego virtual que haya, el metegol sigue firme, cómo cuando se creó. Un juego apasionante, como su historia.







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