Política

SILENCIO REPUBLICANO

La cuarentena de Juntos por el Cambio: “integración” al Gobierno y cinismo social

“Quedaron afuera los jubilados”, grita desde las redes Patricia Bullrich, presidenta del PRO. El ex “mejor equipo de los últimos 50 años”, perdido y escondido ante la pandemia.

Emiliano Martínez Viademonte

Docente y miembro de la Lista Marrón de Suteba

Martes 31 de marzo | 16:22

La crisis sanitaria que afecta a la Argentina en plena pandemia es producto del ataque de todos los gobiernos a la salud pública a lo largo de más de 40 años. De todo tipo y color, radicales, peronistas y coaliciones híbridas que estuvieron al mando del Ejecutivo han tenido una política de vaciar la salud pública y arremeter contra la clase trabajadora (a ninguno le faltó, de hecho, duras represiones a la protesta obrera y popular, con saldos muchas veces trágicos).

En épocas de crisis, muchas voces salen a la luz pero también hay otras que desaparecen del mapa a tal extremo que ni el GPS logra ubicarlas. Hoy, algunas de ellas parecen estar dispuestas a cumplir la cuarentena hasta el cansancio.

Es el caso de Juntos por el Cambio, que arrancó su mandato en 2015 con despidos masivos en el Estado y tuvo su mayor ataque a la clase trabajadora y sectores populares con la contrarreforma jubilatoria de diciembre del 2017 (votada por el macrismo junto a varios peronistas que hoy son parte del Frente de Todos).

En aquella ocasión, la entonces ministra de Seguridad Patricia Bullrich reprimió en la Plaza Congreso. Curiosamente, la misma que orquestó la represión a jubilados, trabajadores, mujeres y estudiantes, hoy se “acuerda” de ese sector vulnerable de la sociedad declarando que “quedaron afuera los jubilados de $ 20.000 que no tienen remedios gratis, en una situación como ésta”.

Quienes hundieron al país (no solos, sino bien acompañados de la oposición peronista) hoy tienen recetas mágicas para solucionar esta crisis. Demagógicamente hablan de los sectores vulnerables, mientras con la otra mano se alinean al Gobierno en mano dura y represión en los barrios con la militarización de las fuerzas represivas.

Como ejemplo máximo está Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de Gobierno porteño que hoy es uno de los aliados centrales del presidente Alberto Fernández, más albertista incluso que muchos gobernadores del Frente de Todos. Mientras se subordina sin chistar a las medidas de la Casa Rosada, recibe los elogios más impensados por parte de Fernández y los suyos respecto a la política represiva ejecutada por la Policía de Ciudad en los barrios porteños y accesos a la capital.

¡No dejen sola a Patricia!

¿Dónde está Macri? El hombre que gobernó cuatro años llevando al país a una crisis económica fenomenal, hoy brilla por su ausencia y hace su cuarentena lujosa sin que nadie lo llame siquiera para entrevistarlo. El expresidente volvió a sus días de reposeras y ningún medio hegemónico cuestiona su ausencia o las políticas que nos llevaron hasta aquí. ¿Y Carrió, desde qué lugar silencioso espera el fin de la cuarentena?

En estos momentos, mientras las empresas presionan y extorsionan usando la cuarentena como excusa para despedir y flexibilizar, una minoría intensa “republicana” quiere levantar la cabeza por las redes sociales, con campañas del tipo “que los políticos se bajen los sueldos”, cuando en verdad lo que quieren es que no se les toque ni un centavo a las patronales como Techint, Clarín, las del campo y demás. ¡Unos truchos por donde se los mire!

Vale decir que no alcanza con rimbombantes declaraciones en televisión para pararles la mano a los sanguinarios empresarios. El Gobierno puede denunciarlos todo lo que quiera, pero sin medidas concretas para contrarrestar la prepotencia patronal, seguirán haciendo lo que quieren. Prohibición de despidos, suspensiones, exigencias de medidas de seguridad e higiene obligatorias, no figuran en el programa del Gobierno para enfrentar la crisis, lo que deja la puerta abierta al avance de los empresarios y ataques a los trabajadores.

Debiendo decidir prioridades, todos los gobiernos tomaron la decisión de pagar la deuda fraudulenta y usurera a costa de desinversión en salud pública, que en este caso podría salvar miles de vidas.

La izquierda viene levantando un programa que cada vez se hace más tangible frente a la crisis. Un programa que plantea la prohibición de despidos y suspensiones -donde fábrica que cierra o despida masivamente debería ser ocupada por sus trabajadores y puesta a producir-, aumento de emergencia para la salud pública, testeos masivos, estatización de los servicios públicos bajo control de los trabajadores y usuarios y el financiamiento de las reconversiones industriales de las fábricas recuperadas e iniciativas productivas solidarias para enfrentar esta crisis como Madygraf, Textil Neuquén, Farmacoop y Gotán, entre otras.







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