Juventud

EX PEDAGÓGICO

La crisis del Ex Pedagógico que aún no se cierra

Octavia Hernandez

Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía Ex-Pedagógico.

Jueves 7 de junio

Para nadie ha sido indiferente el desarrollo del movimiento de mujeres en Chile, desde el #NiUnaMenos que apareció el año 2016 con fuerza en las calles y a nivel mundial, denunciando la violencia machista y los femicidios. Cientos de miles de mujeres y hombres, salimos a denunciar este sistema que utiliza el machismo para su conveniencia, para mantener las paupérrimas condiciones de vida y perpetuar el capitalismo.

Este movimiento que se ha tomado la agenda nacional pretende luchar contra la violencia machista, el acoso y el abuso sexual. Es una pelea que surge luego de años de hastío de miles de mujeres. Sin embargo, no podemos obviar que dentro del movimiento existen diferentes estrategias y perspectivas y que nos pueden llevar a distintos resultados; por ejemplo, se genera una falsa ilusión de que todas las mujeres somos aliadas, de unidad entre todas las mujeres, sin cuestionar los intereses de las distintas clases en pugna. Distintas personalidades no han demorado en pronunciarse al respecto: el gobierno, los empresarios, los partidos políticos del régimen, con un discurso conciliador, saludan con entusiasmo las demandas, como si no tuviéramos memoria. Isabel Plá, actual ministra de la mujer del gobierno de Piñera, reivindica este momento histórico empujado por las mujeres, cuando hace un par de años era muy clara en decir: “Estoy muy en contra del aborto, le pongan el apellido que le pongan. Tengo plena certeza de que en Chile existen los avances científicos para salvar situaciones que se han planteado como justificaciones para practicar un aborto terapéutico. El día que tenga que cambiar una posición en un tema tan clave como ese para ganarme la simpatía de alguien, me voy de la política”.

Por otra parte hay quienes confunden a nuestros enemigos en esta lucha, individualizando en los hombres, sin distinción de clases sociales, y relegando nuestra lucha a una confrontación de sexo contra sexo, dejando en la impunidad a los verdaderos responsables políticos: el Estado que sostiene la violencia machista, la iglesia que aún sigue dentro de las escuelas perpetuando la educación sexista, la derecha antiaborto y los empresarios que mantienen el subcontrato que es preponderantemente feminizado y las más precarias condiciones laborales para hombres y mujeres a costa de sus intereses.

El escenario actual en el ex Pedagógico

En el ex Pedagógico se da una situación similar: la toma separatista, al mismo tiempo que se pronuncia en contra de la violencia machista y por espacios seguros, pide 50/50 en cargos de autoridades: es decir, aumento de mujeres en los cargos directivos. Como si por el simple hecho de ser mujer se difuminara el rol que cumplen las autoridades universitarias y se convirtieran automáticamente en nuestras aliadas. No olvidemos que hoy tenemos una Vicerrectora, Érika Castillo, mujer, que impuso la línea a las y los funcionarios de no generar lazos con estudiantes por encontrarlo "contraproducente",buscando en realidad impedir que forjemos una unidad que permita echar abajo el autoritarismo y pelear con más fuerza por el financiamiento integral del ex Pedagógico. Exigir que las autoridades sean mujeres no soluciona el machismo, lo que queda demostrado al interior de la universidad. Además, en el país ya tuvimos a Michelle Bachelet, quien tiene las manos manchadas con sangre mapuche en un gobierno donde la violencia contra nosotras no cesó.

Asimismo, tenemos a Villesca y Goñi, también autoridades mujeres del Centro Médico, profundamente cuestionadas durante la movilización por la crisis del Pedagógico, tanto por su gestión como por acosar laboralmente a funcionarias/os. Nosotras creemos que el problema de fondo no se resuelve con más directoras, decanas y rectoras, sino con que todas y todos podamos decidir en la universidad, con la elección universal de las autoridades unipersonales y el cogobierno universitario y el paso a planta de las y los funcionarios.

¿O acaso vamos a estar mejor teniendo una rectora mujer como Carmen Balart, decana de la facultad de Historia, Geografía y Letras, derechista que eliminó a decenas de compañeros hace unos años haciendo uso de “facultades discrecionales e inapelables”, que mantiene en la facultad a profesoras sumariadas por prácticas antipedagógicas, que agranda su enorme oficina mientras cientos de estudiantes de castellano no tienen salas para estudiar? ¿Podríamos considerarla nuestra aliada solo por el hecho de ser mujer? No. Pues la violencia machista en la universidad, la inestabilidad laboral, el acoso y el abuso responden a un problema estructural y tienen directos responsables dentro de la universidad: las autoridades universitarias.

Espinosa vuelve a aparecer

A ya casi un mes de la toma, el rector Jaime Espinosa aparece triunfal, ofreciendo un claustro de género para atender las necesidades de las estudiantes movilizadas, llamando al conjunto de los estamentos a hacerse parte, sin embargo, sin incluir a los funcionarios no administrativos.Mientras responde a las demandas de la movilización, esconde debajo de la alfombra sus verdaderos intereses. Pues él es el mismo que mantiene acosadores sexuales en la universidad, aumentándoles el sueldo y haciendo ajedréz con los cargos, que lleva una crisis financiera, motivo incluso de los pocos años de acreditación aprobados para la universidad, relegando a las más precarias condiciones laborales a las y los funcionarios, con sueldos miserables y sobrecarga laboral, inestabilidad de trabajo para las y los profesores honorarios con jornadas extenuantes y una mínima dotación funcionaria para los enormes campus que tenemos, que enferma a las y los trabajadores, así como mantiene las precarias condiciones de estudio para miles de estudiantes.

La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿cuál es el objetivo que esconde su propuesta? Lavarse la cara tras el profundo cuestionamiento y rechazo a su gestión política y administrativa donde cientos de estudiantes movilizados durante este semestre exigendo su salida.

A lo largo de los años en el Pedagógico hemos tenido varios procesos de movilización y claustros como salida de las autoridades para contener y ponerse falsamente del lado de los estudiantes. Claustros a su medida, sin participación efectiva de los estamentos en su elaboración y con objetivos limitados a la miseria de lo posible, pues el cogobierno, la triestamentalidad, o la elección universal de autoridades, jamás han sido parte de sus intereses. Lo de fondo es que tiene miedo de perder su autoridad y busca zanjar y negociar rápidamente para desviar cualquier cuestionamiento.

En los tres períodos que lleva como rector (es decir, 12 años) –y ya lo han dicho los profesores desde la izquierda hasta la derecha– nunca antes había sido tan cuestionada la gestión de Espinosa. El primer semestre del 2018 como no pasaba hace varios años en el ex Pedagógico, se llenaron los pastos centrales con más de 500 estudiantes en asambleas generales y el salón de honor con una incipiente organización con el estamento docente y funcionarios en asambleas triestamentales, así como las salas de clases con asambleas masivas, y marchas internas a la rectoría con una petición muy clara: ¡Fuera Espinoza! Él es el mismo que ahora quiere “olvidar todo” y aparecer como nuestro amigo convocando a un claustro que excluirá funcionarios.

¿Las demandas de género son distintas a las del movimiento estudiantil?

La toma separatista del ex Pedagógico, ha desarrollado una propuesta de petitorio por las demandas de género el cual contiene ajustes curriculares, así como la propuesta de un departamento de género y una lista de hombres y mujeres que exigen sean eliminados de la universidad, también un protocolo contra el acoso y el abuso sexual.

El problema fundamental de la propuesta es que divide la lucha histórica del movimiento estudiantil de las demandas de género. Nosotras nos preguntamos ¿es posible conquistar una educación sexista sin educación gratuita y el gobierno universitario? Decimos que no: quienes quedan afuera por el filtro de clases y género que significa la PSU son principalmente mujeres, quienes quedan afuera porque no pueden sostener su hogar y estudiar a la vez, por los altísimos aranceles y la ausencia de becas que apoyen a trabajadores y pobres, son en su mayoría mujeres. Así mismo, el trabajo precario también tiene rostro de mujer y sin financiamiento no podremos conquistar sueldos acordes a la canasta familiar.

Que la lucha contra la violencia machista y la pelea contra la educación de mercado y el trabajo precario son luchas separadas es sólo una ilusión que tiene por consecuencia dividir la fuerza social necesaria para acabar con la violencia contra las mujeres y relegar nuestra lucha a reformas parciales que serán fácilmente reversibles en un futuro.

Hasta ahora la fórmula separatista sólo ha reducido la participación estudiantil y los métodos burocráticos que se han utilizado – impulsar la movilización sin ningún tipo de discusión con el conjunto de los estudiantes, académicos y funcionarios; vetos a mujeres estudiantes y a la izquierda acallando cualquier posición política diferente– sólo han difuminado la rabia contra el rector y desarmado la organización que pudo haber derivado en importantes conquistas para mujeres, estudiantes, académicos y funcionarios del Pedagógico.

Para nosotras el camino de la movilización en contra de la violencia machista y por acabar con el autoritarismo universitario tenemos que tomarlo todos y todas, hombres y mujeres y de manera triestamental.

En el último comunicado de la toma, plantean abiertamente que el carácter de su petitorio será local, en donde no existirá una coordinación de un petitorio de carácter nacional. Pero quienes creemos que sólo conquistaremos una educación no sexista peleando por la gratuidad de la educación, el cogobierno universitario y contra el trabajo precario, vemos necesario impulsar la máxima unidad a la interna y a la externa otros liceos y universidades, con profesores y trabajadores de la educación a nivel nacional.

Hoy el conjunto de la comunidad universitaria no tiene espacio de cuestionamiento para reunirse y discutir qué hacer frente al complejo escenario de la Universidad: ¿Nos vamos a quedar callados con la crisis del Pedagógico? ¿Vamos a exigir la destitución de Espinosa? ¿Por qué se excluye a los funcionarios de una instancia como el claustro? ¿Qué necesidades tienen las y los estudiantes del ex Pedagógico que sean necesarias de incluirse en un pliego? Sin espacio, mucho menos se puede cuestionar a quienes dirigen la toma y el contenido que le dan a ésta, tampoco hay espacio para los centros de estudiantes, las coordinadoras de carrera o las y los representantes democráticamente elegidos, además de no haber espacio para el conjunto de las y los estudiantes de integrar demandas al petitorio o de mejorar el protocolo que será aplicable para todos y todas. No conformes con ello, quienes dirigen la toma niegan demandas nacionales y espacios de coordinación con otras universidades, así como también las demandas que no solo nos competen a nosotros sino también a las y los funcionarios,mientras las autoridades universitarias ya se apuran a negociar y bajar las movilizaciones.

Es momento de fortalecer la organización con asambleas abiertas y democráticas, organizadas por el conjunto de las y los estudiantes, para retomar la lucha contra el autoritarismo universitario –por el cogobierno y la elección universal de las autoridades–; por el financiamiento integral de parte del Estado al Pedagógico que contemple la ampliación de la matrícula, el paso a planta de todas las y los funcionarios y el aumento salarial acorde a la canasta básica familiar. También el financiamiento de planes preventivos contra la violencia hacia las mujeres: cátedras de género, enfoque de género transversal en el currículum, capacitación docente y educación sexual integral que luego podamos aplicar en los colegios donde trabajemos.

Para conquistar una educación no sexista es necesario combatir el mercado educativo, defender la educación pública y pelear por la gratuidad total de la educación. Y aun así es insuficiente: las feministas socialistas de Pan y Rosas nos proponemos pelear por la máxima unidad de clase para enfrentar a los principales responsables de la violencia machista –el Estado, los gobiernos, las y los empresarios y la iglesia– y llevar cada conquista más allá, al cuestionamiento de la sociedad capitalista y patriarcal.






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