Sociedad

La crisis de la salud pública en Rosario, desde adentro

Alfredo González

@Alf_Gonzalez_

Miércoles 17 de septiembre de 2014 | Edición del día

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En los hospitales de Rosario, como el Provincial o el Centenario, hay una frase que se repite hasta el hartazgo.

Cuando un paciente se queja porque los turnos para consultorio tardan más de un mes, siempre alguien dice “Y bueh... Es el hospital público”. Y todo sigue como si nada.

Cuando las cabeceras de las camas no andan y hay que acomodar a los pacientes con cajas de sueros atrás del colchón, siempre alguien dice “Y bueh... Es el hospital público”. Y todo sigue como si nada.

Cuando en la guardia faltan sábanas, cuando no andan los televisores de las habitaciones, cuando alguien señala el horrible estado edilicio, siempre aparece esta frasecita. Esa pequeña frase que en el fondo dice “Bastante que es gratis, hay que conformarse con lo que hay; si querés lujo andá al privado”.

A los trabajadores de la salud parece habérsenos hecho natural esa reflexión. Trabajamos todos los días haciendo malabares para superar muchas limitaciones, pero no las cuestionamos.

¿Por qué se vuelve natural la idea de que es un “lujo” ofrecerle comodidad a los pacientes? ¿Por qué está tan instalada la idea de que los pacientes que se atienden en el hospital público tienen que “pagar” con incomodidad la atención gratuita?

El mecanismo perverso de la mercantilización de la salud, que constantemente impone una atención “de lujo” para quienes puedan pagarla, nos termina usando como sus justificadores.







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