Chile

NO ES UNA EXCEPCIÓN

La complicidad histórica del Estado chileno y los capitalistas contra el pueblo-nación Mapuche

La prisión de la machi Francisca Linconao ahora en huelga de hambre, el caso del joven Brandon Hernández Huentecol, baleado con más de 100 perdigones por un policía, todos los asesinatos y acciones represivas de las últimas décadas; son expresión de una opresión estructural y no meros accidentes o excesos individuales.

Juan Valenzuela

profesor de filosofía - Partido de Trabajadores Revolucionarios

Jueves 29 de diciembre de 2016

El proceso de consolidación del Estado chileno, incorpora un momento constitutivo de violencia contra el pueblo-nación Mapuche. En 1861, cuando gobernaba José Joaquín Pérez, expandió sus dominios al sur del río Biobío, por medio de la ocupación de la Araucanía, proceso que culminó en 1883 pero que en cierto modo continuaría hasta la década de 1920.

Este proceso, denominado oficialmente “pacificación de la Araucanía”, implicó un enorme despliegue militar bajo las órdenes de un “comandante en jefe”, Cornelio Saavedra, un personaje que participaría más tarde en la Guerra del Pacífico, que además era accionista de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, y en cuyo honor hoy, una ciudad del lafkenmapu lleva oficialmente su nombre.

Según algunos estudios el proceso de ocupación, implicó el despojo de 5 millones de hectáreas que nunca pudieron ser recuperadas y que fueron otorgadas a colonos extranjeros y locales. Esto se tradujo en la reclusión de los mapuche en las “reducciones”: espacios rurales discontinuos disgregados en el territorio antes controlado, el Wallmapu, ahora bajo el dominio del ejército chileno y latifundistas chilenos y extranjeros.

Ayer y hoy

En cierto modo existe una continuidad entre las vías sanguinarias con las cuales Cornelio Saavedra contribuyó a la expansión del espacio estatal chileno y la actual militarización del Wallmapu. Así como la ocupación de la Araucanía cumplió el rol de preparar el terreno para el ingreso de los primeros latifundistas y -en términos más históricos- para el pleno dominio del capital en la zona, hoy la policía militarizada conserva el dominio estatal chileno con el fin de garantizar un espacio para los negocios forestales, turísticos, pesqueros, hidroeléctricos, salmoneros y para la anacrónica propiedad latifundista.

La complicidad estructural entre Estado capitalista chileno, el latifundio y el empresariado se hace evidente con ejemplos como este: el precursor de los Luchsinger en Temuco, el inmigrante Adán Luchsinger Martí, llegó a chile, el mismo año que Saavedra obtuvo la victoria, en 1883, se instaló en Quechereguas, setenta kilómetros al norte de Temuco, en 60 hectáreas que le otorgó el Estado manchado de sangre mapuche. Posteriormente, en 1906 la familia se trasladó a Vilcún y obtuvo 60 hectáreas. A través del fraude fueron incrementando sus propiedades durante todo el siglo XX. Tanto Werner Luchsinger –de cuyo asesinato se acusa a la machi Francisca Linconao- como su hermano Jorge –en cuyos terrenos fue asesinado Matías Catrileo-, son los herederos de este proceso de colonización.

El derecho a la autodeterminación nacional

Comprender que la relación estructural e histórica entre el Estado chileno y los capitalistas configura la relación de opresión en contra del pueblo-nación Mapuche, implica asumir una tesis lejana a una explicación estrictamente cultural de la opresión. Es cierto que la opresión actual posee una dimensión cultural, apenas paliada, y la resistencia mapuche desarrolla importantes elementos de recuperación cultural. Pero existen relaciones sociales cristalizadas y defendidas por los sectores dominantes de la sociedad, que configuran estructuralmente la opresión.

No es por medio de un mero cambio de mentalidad de acabaremos con la opresión al pueblo mapuche, aun siendo necesario combatir día a día todo sentido común o elemento cultural que reproduzca la opresión nacional. Si la opresión es ejercida por fuerzas materiales poderosas, sólo la constitución de una fuerza material poderosa antagónica podrá combatir seriamente por terminar con la opresión contra el pueblo-nación Mapuche. Sólo una alianza entre trabajadores y trabajadoras de todas las nacionalidades, es decir, no sólo entre trabajadores chilenos, sino también con trabajadores mapuche e inmigrantes, con mapuche rurales, la juventud, las mujeres y todos los explotados y oprimidos, podrá enfrentar seriamente la alianza entre el Estado capitalista chileno y los capitalistas y conquistar el derecho a la autodeterminación nacional del pueblo-nación Mapuche.

Quienes mueven las palancas de la economía, en alianza con las comunidades mapuche, podrán organizar una lucha seria, para que el pueblo Mapuche, con plena libertad, pueda deliberar y definir su delimitación territorial, fronteras y tipo de gobierno. Eso requiere derrotar al capitalismo y al Estado, pues un Gobierno empresarial sólo defenderá a los Luchsinger y a los grandes magnates forestales, razón por la cual, la “autodeterminación nacional mapuche” en los marcos del capitalismo, resulta en una quimera. No existe el “derecho a la autodeterminación nacional” conviviendo con los grandes capitalistas forestales, permitiendo que planifiquen la destrucción de los bosques y de la tierra o con cualquier inversionista o policía dispuesto a proseguir –consciente o inconscientemente- la obra sanguinaria de Cornelio Saavedra.






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