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La centroizquierda mexicana ante Trump

Tanto personalidades del Partido de la Revolución Democrática como del Movimiento de Regeneración Nacional se pronunciaron contra Trump. ¿Hasta dónde llega su antiimperialismo?

Bárbara Funes

México D.F |

Viernes 2 de septiembre de 2016 | Edición del día

En una columna publicada en La Jornada antes de que se concretara la visita del candidato republicano a Los Pinos, Cuauhtémoc Cárdenas señaló:

“Lo digno de una posición mexicana sería exigir a Trump, con fuerza, una retractación a los insultos lanzados y una disculpa públicas, demandándole al mismo tiempo fijar cuáles serían sus nuevas posiciones ante México y los mexicanos; digno también sería exigirle la definición de una política migratoria de respeto a la condición humana de los migrantes; digno sería cuestionarlo sobre qué sería de Estados Unidos sin la presencia de los migrantes mexicanos.”

A su vez, desde el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se alzaron algunas voces. Entre ellas, la de su presidenta Alejandra Barrales, quien afirmó que la invitación al magnate republicano "es un desatino, pues es oxígeno para un personaje que está teniendo poco eco en su país", y también crítico que Peña Nieto le diera aire al candidato.

También Miguel Barbosa, coordinador del PRD en el Senado, dio su punto de vista: “Qué falta de dignidad ante quien ha agraviado como nadie a México. Ahora resulta que es adecuado dialogar con los enemigos” del país.

Por su parte, el líder del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, en su cuenta de Twitter afirmó: "EPN (Enrique Peña Nieto) está convertido, hasta por sus otrora apoyadores, en el payaso de las cachetadas. Se lo merece, ¿pero acaso Fox y Calderón son distintos?".

Y también publicó en su Facebook un video en el que declara: “Hoy es día primero de septiembre ¿Qué va a decir Peña Nieto? Puras mentiras y como vino Trump ayer pues hay una cortina de humo y ya no se habla nada de esto que es lo que afecta más la economía popular, es un impuesto al pueblo lo del aumento constante a las gasolinas”.

Indignación ante Trump en México

Lo cierto es que ante la intempestiva visita de Donald Trump a México las aguas se agitaron en extremo. Se conjugan una subordinación económica y política inocultables: el mandatario estadounidense de turno ordena (aun cuando Trump solo sea un candidato a ocupar ese puesto) y el presidente mexicano ejecuta la orden.

Fue el Plan Frontera Sur para impedir el paso por México a los migrantes centroamericanos que quieren llegar a Estados Unidos. Fueron las reformas estructurales, en las cuales hubo injerencia imperialista directa como se demostró en el caso de la reforma energética, diseñada por el equipo de Hillary Clinton cuando era Secretaria de Estado –hoy candidata por el partido demócrata.

Fue la Iniciativa Mérida, el financiamiento de la “guerra contra el narco”, el adiestramiento del ejército y la policía, la venta de armas –transacciones tan caras a los ojos de la industria armamentística estadounidense para seguir obteniendo ganancias– los cientos de miles de muertos, desaparecidos, torturados, como consecuencia de la militarización del país.

Fue la aplicación del Tratado de Libre Comercio, que devastó el campo mexicano y hundió en la miseria a sus habitantes. Mientras se avanzaba en la degradación de las condiciones laborales de la clase trabajadora.

Todo el mundo fijó posición y, como señalaron varios analistas, Trump logró “unir” al más amplio espectro político contra su propia figura y contra Peña Nieto.

¿Apelaciones morales o ruptura con el imperialismo?

Cárdenas, uno de los fundadores del PRD, su “líder espiritual” por mucho tiempo, hoy separado de ese partido, da las pautas de lo que considera una posición digna ante el candidato republicano. ¿Pero es suficiente pedir una retractación de los insultos, disculpas públicas y respeto a la condición humana de los migrantes, o denunciar que es indigno invitar a Trump a México, como dijo Barbosa?

La cuestión migrante excede, y con mucho, los derechos humanos. Donald Trump –y su familia– han edificado su fortuna en parte gracias al esfuerzo de cientos de miles de migrantes que construyen sus hoteles, sus casinos, y los mantienen en funcionamiento. La otra parte la lograron explotando a la clase trabajadora anglosajona blanca y a la afroamericana.

A Trump –y los grandes empresarios estadounidenses– que los migrantes estén en condiciones vulnerables, sin estancia legal y con la amenaza constante de deportación le sirve. Porque los orilla a que acepten los salarios más bajos de todo Estados Unidos, las peores condiciones laborales.

Cuanto más vocifera, cuanto más amenaza, cuanto más discrimina, insulta y degrada, más puede explotar a la clase trabajadora migrante.

Y las disculpas públicas, pueden ser una aspiración de muchas personas, pero el problema de fondo son las reglas de juego que hay entre Estados Unidos y México.

No habrá dignidad ni nada que se le parezca si no hay una ruptura de la cadena de mando entre Estados Unidos y México. Si no se abrogan los tratados económicos y comerciales, que siempre tienen condiciones desventajosas para los de abajo.
Si no se rompe con los organismos internacionales –liderados por Estados Unidos– que imponen precarización de la fuerza de trabajo mexicana y expoliación de recursos. Si no se deja de pagar la deuda externa.

Si no se liquidan los programas contra la migración, como el Programa Frontera Sur. Si no se expropia a sus trasnacionales, a sus capitales. Como cuando fue la expropiación petrolera, sobre la que Trotsky afirmó que se trataba de una medida de defensa nacional altamente progresista y que la clase trabajadora debía apoyarla.

¿La visita de Trump cortina de humo ante el gasolinazo? No, México extrae el petróleo y lo vende a trasnacionales, que lo devuelven refinado como gasolinas. Peña Nieto abrió también a la inversión privada el expendio de gasolinas, cuestión que también repercute en alza del precio de los combustibles.

No es ninguna cortina de humo: las reformas estructurales, el gasolinazo, la entrevista con Obama, las declaraciones de Peña Nieto de colaborar con quien quiera que gane las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la invitación a Hillary Clinton, la de Trump, la visita de este último: todo esto tiene un denominador común: se llama subordinación económica y política al imperialismo estadounidense.







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