Sociedad

SALUD Y CAPITALISMO

La celiaquía y el consumo en las fiestas

Ingerir alimentos sin trigo, avena, cebada y centeno (TACC) es cosa de todos los días para la comunidad celíaca. En estas fechas la mesa tiene un producto característico: el pan dulce.

Cristina Oyarzo

Estudiante del Instituto de Formación Docente N 801

Jueves 29 de diciembre de 2016 | Edición del día

Fotografía: serceliaco

Celiacos “libres de todo gluten”

El acceso a la guía de alimentos es un recurso indispensable para la comunidad celíaca. Aún así resulta necesarias las actualizaciones mensuales, ya que puede ocurrir que la empresa no pueda seguir garantizando la condición de libres de gluten o el cese de la comercialización de sus productos sin trigo, avena, cebada y centeno (TACC); como también ocurre que la empresa no puede garantizar ni validar la condición “libre de gluten”. Desde ya, el acceso a esta guía de alimentos es mediante el pago de una cuota mensual de alrededor de $ 100.

En el Listado de productos navideños libres de gluten se hace mención a elaborados artesanales y empresas multinacionales que no se encuentran en el país, tales como: Monica Pusineri de Cortizas, Alimentos Específicos, Dimax, Ana Hernández, Millan, Tío Yaco y Wellington Food, entre otras.

Precios del pan dulce

Mantener una dieta libre de gluten (especialmente en la Patagonia, donde reside la autora de esta nota) se dificulta mucho más a la hora de buscar precios y variedad en época de fin de año y el tradicional pan dulce.

Por ejemplo en Trelew, el concido hipermercado La Anónima mantiene una “puntera” (espacio mínimo pero destacado como parte de la góndola) únicamente para productos sin TACC. Para la mesa de las Fiestas de fin de año la empresa trabaja con una sola marca (Smams) y, además, una sola variedad. El único pan dulce que ofrecen vale $176.30 (600 gramos).

En la misma ciudad, Carrefour directamente no tiene ningún tipo de pan dulce para celíacos. Sí hay dos variedades de budines (también Smams) a un precio de $ 48 (200 gramos). Ese hipermercado tiene su propia marca que produce pan de molde a un precio de $ 80.

Un pan dulce común cuesta alrededor de $ 50 (con frutas o chocolate varía entre los $ 70 y $ 90). La diferencia con los fabricados sin TACC es que la materia de éstos tiene costos más elevados. Por eso en general los productos sin TACC son más caros. Un kilo de harina de arroz cuesta unos $ 70, el doble que la harina de trigo que varía entre los $ 30 y los $ 35.

¿Somos realmente lo que comemos, como dicen por ahí? ¿O es ésta otra mentira capitalista y estrategia del mercado? Lo cierto es que la celiaquía es una realidad que se vive y se padece todos los días. Y hasta es una forma de ser, ya que si prácticamente nuestra salud depende de lo que comemos, aún más es así para un celíaco.

Cuestión de clase

Es el Estado quien desdibuja algunos límites para evitar responsabilizarse de subsidiar los alimentos para celíacos o proveer insumos sin cargo. Por ello resultan cada vez más evidentes en este caso las diferencias entre zonas rurales y céntricas en el país.

Una cosa es la Ciudad de Buenos Aires o las grandes ciudades de Argentina, donde hay determinados lugares como las dietéticas. Y otra cosa es estar en un poblado en el interior del país donde hay que viajar hasta 80 kilómetros para poder acceder a los alimentos sin TACC.

Un gasto extra que quienes padecen esta enfermedad deben sufragar de su propio bolsillo, ya que no reciben ninguna ayuda estatal. Las obras sociales y las empresas de medicina prepaga pretenden desconocer la reglamentación y se aferran al texto de la Ley que habla de harinas y premezclas. Pero ocurre que no todas las personas se cocinan su pan.

No tiene sentido que la cobertura sea únicamente para harinas y premezclas. Si para el celíaco que no tiene obra social se complica, mucho más aún si tiene dos o tres miembros en la familia con la misma afección.

El TACC se convierte así en un conflicto que evidencia las diferencias sociales, aún a nivel internacional. La tendencia a comer sin harina de trigo ha hecho que otros mercados tengan cierto sector social desatendido. Todavía para todos los celíacos del país está muy lejos de estar resuelto el acceso a la alimentación sin TACC.

El género nos une, la clase nos divide

No hace mucho la modelo y presentadora de televisión Jesica Cirio dijo que es “celíaca por elección... y es mucho mejor”. La mujer (esposa del intendente de Lomas de Zamora Martín Insaurralde) comentó en el programa donde es panelista, Nosotros a la mañana, que a pesar de no ser celíaca diagnosticada, eligió realizar dieta libre de gluten para cuidar su cuerpo y sentirse mejor.

Inmediatamente se hiso notar el repudio de la comunidad celíaca a esos dichos discriminatorios y Cirio tuvo que aclarar por Twitter el desagradable comentario.

La celiaquía es más frecuente en mujeres que en hombres. Se estima que dos de cada tres personas celíacas son mujeres. Además de estos datos alarmantes, sucede que muchas mujeres pobres y precarizadas se encuentran con la problemática de no poder llevar a cabo una dieta libre de gluten por su condición. Eso puede tener consecuencias tales como abortos espontáneos, irregularidades menstruales y osteoporosis. La celiaquía no tratada puede provocar la aparición prematura de esta problemática a causa de la malabsorción intestinal derivada de no seguir una dieta sin gluten.

La diferencia entre la mayoría de mujeres trabajadoras y pobres y la minoría de mujeres con alto poder adquisitivo que tienen a su alcance todas las posibilidades para una dieta sin TACC, es más que clara.

Ley nacional con perspectiva “k”

Según la investigación del periodista de Perfil Adrián Hernández, “las quejas se multiplican por el costo y el acceso a los productos sin TACC. Las personas celíacas que viven alejadas de los grandes centros urbanos son las que más sufren a la hora de comprarlos por la escasa disponibilidad. A pesar de la inclusión en el programa ’Precios Cuidadados’, durante la gestión de la expresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, los alimentos libres de glutem permanecieron al rededor del 50 por ciento más caros en comparación con los alimentos comunes”.

El informe de Hernández agrega que “existe un debate en relación a la valoración de los alimentos libres de gluten, como remedios y a la tipificación en la legislación. Las posturas entre celíacos son extremas, desde la extensión de la cobertura médica hacia otros productos que no son harinas y premezclas y hasta la eliminación del reintegro económico, aspectos que inciden directamente en la vida social del paciente”.






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