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La cara más brutal del ajuste: morir trabajando

Sebastián Carranza, Marcelino Sajama, Daniel Fernández, Hugo Rojas. En las últimas horas, días, vemos como las patronales quieren salvar sus negocios a costa de la salud y hasta la vida obrera. ¿Hasta cuándo?

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Martes 19 de marzo | 22:16

“Me quedo un par de horas más porque con la nena tengo muchos gastos” dijo Sebastián Carranza en la noche del lunes 18 de marzo. Ya terminaba su turno, pero iba a quedarse a hacer unas extras para cubrir esos gastos. La empresa no le había dado los arneses ni las lingas que le permitirían trabajar más seguro. Cayó de 7 metros y murió antes de la medianoche en el cuartel de bomberos de Morón.

El 20 de febrero hacía un calor insoportable. Mucho más dentro de FATE y arriba de un martillo neumático.Daniel Fernández se descompuso a las dos de la tarde y fue a hablar con sus superiores. Lo mandaron a trabajar de nuevo. Es tercerizado y no tiene lugar en el servicio médico de la empresa. Cuando se desplomó ya era tarde. Llegó muerto al hospital.

Marcelino Ariel Sajama estaba trabajando en la mañana de este lunes 18 en un pozo petrolero cerca de Rincón de los Sauces, en Neuquén. Hubo una falla en la bomba de achique de la empresa Clear Petroleum y se produjo una explosión. Marcelino murió rumbo a la clínica en Neuquén.

Al rato se accidentaron tres trabajadores de un equipo de Ensign, trabajando para Exxon Mobil en otro pozo neuquino.

Mientras escribíamos esta nota nos enteramos de la muerte de Hugo Labra Rojas, obrero de la empresa Pecom. Estaba trabajando en el tendido eléctrico en un yacimiento petrolero en Chubut. Hugo tenía 53 años y tres hijas.

Obligados a trabajar sin condiciones de seguridad, haciendo extras para llegar a fin de mes, sin derecho ni siquiera a un médico, tercerizados, ninguneados. Para la empresa y la ART valen menos que las herramientas que manejan, que las cubiertas que fabrican, que un par de barriles de petróleo.

Mientras las grandes petroleras amenazan con despedir porque no les gusta cómo el gobierno les liquidó el precio subsidiado, mientras FATE llora que no gana como hace un año y quiere dejar 400 en la calle, mientras el gobierno da rienda al tarifazo en el transporte.

Ellos están convencidos de que sus ganancias valen más que nuestras vidas.

Pero esta semana no se aguantó más. Hasta Guillermo Pereyra, el socio número uno de las petroleras, el que entregó el convenio y las condiciones de trabajo, tuvo que llamar al paro general en Neuquén, Río Negro y La Pampa.

En el caso de los ferroviarios, la seccional Haedo dirigida por la Lista Bordó opositora a la burocracia de la Unión Ferroviaria, decretó un paro de 24 horas que comienza a las 0 horas de este miércoles. Cientos de trabajadores y trabajadoras se reunirán en la Estación Castelar para exigir justicia por Sebastián y garantizar el paro.

Pero lamentablemente, la decisión de los empresarios de defender sus ganancias a costa de aumentar los ritmos y sacrificar las vidas obreras que hagan falta, va a continuar. Todos saben que la crisis se va a profundizar. El FMI, el gobierno y la oposición tradicional, los analistas.

Por eso, lo mismo que para defender el salario y los puestos de trabajo, o para enfrentar los tarifazos, la clase trabajadora tiene que tomar en sus propias manos la defensa de su salud y su propia vida.

Organizándose democráticamente en los lugares de trabajo, peleando por el control obrero de las condiciones y ritmos laborales, imponiendo comisiones de seguridad de higiene con capacidad para relevar el funcionamiento de las empresas y paralizarlas ante cada hecho que ponga en riesgo a un solo trabajador o trabajadora.

Hay que convencerse, como ellos: son nuestras vidas o sus ganancias.







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