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GRECIA

La capitulación de Tsipras y el fin de una ilusión

A pesar del rotundo triunfo del NO al ajuste en el referéndum del 5 de julio, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, capituló ante las exigencias de la “troika” aceptando el chantaje de un brutal paquete de ajuste a cambio de un nuevo “rescate”. En los próximos días se verá si Syriza logra sobrevivir a esta traición del mandato popular. Pero lo que ya es un hecho es que el experimento del “gobierno antiajuste” ha llegado a su fin.

Martes 14 de julio de 2015 | Edición del día

Foto: EFE

La ilusión duró poco. No más de cinco meses. Syriza llegó al gobierno a fines de enero con la promesa de terminar con los dos “memorándum”, es decir, los planes de austeridad firmados por sus predecesores del PASOK y Nueva Democracia con los acreedores representados por la “troika” (la Unión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo) bajo dirección del imperialismo alemán. La aplicación de estos planes durante los últimos cinco años dejó en la ruina al pueblo griego, con una desocupación del 27% (que alcanza al 60% en la juventud) para pagar una deuda que asciende a casi el 180% del PBI y evitar una crisis bancaria y del euro.

Pero lejos de la promesa del “gobierno antiausteridad” (ya no un “gobierno de izquierda” porque se alió a la derecha nacionalista de ANEL) el de Syriza se transformó en el “gobierno del tercer memorándum”. A la confianza en la voluntad negociadora de la “troika” le siguió el fatalismo de que es necesario el ajuste para evitar el “Grexit”.

En esta semana Tsipras tratará de conseguir la aprobación parlamentaria de un paquete de ajuste aún más duro que el que había rechazado a fines de junio, que sin exagerar transformaría a Grecia en una suerte de “protectorado” bajo tutela del capital financiero europeo y del imperialismo alemán. Basta ver la declaración que emitió el Eurogrupo con fecha 12 de julio, para comprender la dimensión colonial de este nuevo “rescate”. No solo se exigen medidas draconianas que hundirán aun más la economía, sino también se dicta la agenda del parlamento griego. Entre otras medidas, Syriza si sobrevive, o quien esté en el gobierno, deberá garantizar: la suba del IVA al 23% para la mayoría de los bienes de consumo, recorte en las pensiones, elevación de la edad jubilatoria de 62 a 67 años, limitación de las negociaciones colectivas y del derecho a huelga, nuevas leyes para facilitar los despidos, reducción de la administración pública y un ambicioso programa de privatizaciones con la novedad de que los activos a privatizar se transferirán a un fondo bajo supervisión de las instituciones crediticias europeas. De ese fondo de 50.000 millones de euros, el 50% irá a recapitalizar bancos, el 25% a pagar deuda y el 25% restante a inversiones. No por casualidad, este nuevo memorándum ya es comparado en la prensa internacional con el Tratado de Versalles impuesto por las potencias vencedoras a Alemania, aunque en este caso sería la humillación de una nación en “tiempos de paz” y no como resultado de la derrota en una guerra.

De esta manera, la “troika” busca transformar a Grecia del “laboratorio de la izquierda” en el “laboratorio de las políticas de ajuste” que sirva como lección para el conjunto de Europa, en particular para los trabajadores, los jóvenes y los sectores pauperizados en el Estado español que pueden darle un cachetazo electoral a los partidos tradicionales y llevar a Podemos al gobierno.

Las conclusiones de la corta experiencia del gobierno de Syriza son muy importantes no solo para Grecia sino para el conjunto de la izquierda y los explotados.

Syriza llegó al gobierno no como subproducto del ascenso, como hubiera ocurrido en 2012, sino cuando la perspectiva de derrotar el ajuste en las calles ya se había desdibujado, tras más de 30 paros generales dirigidos por la burocracia de los sindicatos, aliadas a los partidos tradicionales, sin poder hacer retroceder a las clases dominantes y a la UE.

De esta manera, durante los primeros meses del gobierno de Syriza las expectativas se trasladaron de la calle al parlamento y a las instancias de negociación.

Pero esa situación de relativa pasividad parece estar llegando a su límite. Un 62% de la población le dijo NO al ajuste, la composición social de este voto fue mayoritariamente de trabajadores y jóvenes. La maniobra de Tsipras fue transformar ese rotundo pronunciamiento contra el chantaje imperialista en una carta blanca para legitimar su capitulación escandalosa.

El ala mayoritaria de Syriza sostuvo la ficción de que el camino para salir de la austeridad era negociar con la “troika” y apelar a un supuesto carácter “solidario” y “democrático” de la Unión Europea. Lo que queda claro es que la UE es un bloque imperialista moldeado por los intereses del capital alemán.

El ala izquierda de Syriza, la Plataforma de Izquierda, se mostró impotente para presentar una alternativa, alimentando ilusiones en el gobierno. Al punto que no tuvo siquiera una posición unificada en el parlamento contra el ajuste. De 30 diputados pertenecientes al ala izquierda de Syriza, solo dos votaron en contra, 15 se abstuvieron o se ausentaron y otros 15 votaron a favor para evitar que caiga el gobierno aunque después emitieron una declaración en repudio del ajuste.

Los partidarios del “Pan B” dentro de Syriza, es decir, los que sostienen la necesidad de una salida del euro, como Costas Lapavitsas, tampoco plantean una ruptura con la UE sino una salida negociada con las instituciones crediticias, por eso no levantan un programa anticapitalista de ruptura con la Unión Europea.

No se puede descartar que este fracaso de Syriza lleve a la desmoralización y que en ese marco, se fortalezcan variantes reaccionarias, como la extrema derecha de Aurora Dorada, haciendo demagogia nacionalista.

Pero hay un camino para evitar que la derrota de la estrategia reformista de Syriza se transforme en una derrota del conjunto de la clase obrera y los sectores populares en Grecia y Europa. Y ese camino es el de transformar el NO al ajuste en una fuerza material, social y política, que derrote en las calles a la troika y quienes defienden sus intereses. El llamado a la huelga de la central sindical de los trabajadores públicos para el día que se vote el ajuste en el parlamento puede ser el primer paso.

La principal conclusión política que está dejando la experiencia de Grecia es que los partidos amplios que se presentaron como una supuesta alternativa a la izquierda revolucionaria mostraron que son incapaces de tomar la más mínima medida popular y de resistencia al imperialismo. A la hora de la verdad se han mostrado sumisos a los dictados de Merkel y la Unión Europea, aplicando planes dignos de neoliberales como De La Rúa en Argentina. No han llamado a realizar ninguna acción a nivel europeo. Si millones se movilizaron contra la guerra imperialista en Irak, ¿cómo no saldrían en defensa del pueblo griego contra el chantaje del imperialismo europeo? La responsabilidad no es solo de Syriza. Podemos, que ha movilizado decenas de miles en defensa de su proyecto en el Estado español, no ha organizado más que algunas manifestaciones de compromiso, siendo que el gobierno de Rajoy integra el ala dura contra Grecia. Si estos partidos, a los que debería sumarse Die Linke en Alemania lo hubieran planteado, probablemente los trabajadores griegos no se sentirían solos frente al poderío de la troika.

Es necesario que el ala izquierda de Syriza, donde hay organizaciones trotskistas, rompa con el gobierno y que junto con el sector de izquierda que se dice anticapitalista y que no apoyó al gobierno de Syriza, como las corrientes trotskistas que integran Antarsya, llamen a construir un verdadero partido revolucionario.

No hay salidas intermedias. O la crisis la pagan los trabajadores y los sectores populares o la pagan los capitalistas. La única forma de salir del chantaje de aceptar los planes de austeridad o sufrir las consecuencias catastróficas de una salida del euro en términos capitalistas es tomando medidas elementales como el no pago de la deuda externa y la nacionalización de la banca y los principales recursos económicos bajo control de los trabajadores, en la perspectiva de conquistar un gobierno obrero y popular y de la lucha por la unidad socialista de Europa.







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