Mundo Obrero

TUCUMÁN

La campaña por la reducción de la jornada laboral llegó a Scania

Las cifras millonarias de una multinacional contrasta con la realidad de los trabajadores que dejan su vida en la fábrica para llegar a fin de mes.

Maximiliano Olivera

@maxiolivera77

Sábado 15 de julio | Edición del día

A medida que el 140 recorre la Banda del Río Salí vemos subir algunos trabajadores con el uniforme de la fábrica a la que vamos a difundir las ideas del PTS y el FIT: Scania. Es el cambio del turno del mediodía, de un jueves de julio que amaneció convulsionado por la ejemplar resistencia de los trabajadores de Pepsico ante una brutal represión.

Durante el viaje Luis pega un sticker en un asiento que dice ‘No compres productos Pepsico. Reincorporación de todos los puestos de trabajo’. Una señora sentada a su lado mira y se saca un auricular.

—Justo de eso están hablando ahora en la radio. Que terrible.

Luis le cuenta para donde vamos y que estamos planteando una reducción de la jornada laboral a seis horas y cinco días, sin rebaja salarial y para que se pueda repartir las horas de trabajo entre los desocupados. Ella le responde que su esposo trabaja ocho horas en el ingenio Concepción, acá nomás, y que ella trabaja cinco horas en otro lugar, que tienen hijos y que la plata no alcanza.

Llegamos unos minutos antes y nuestro primer cruce de palabras es con alguien con quien no nos interesa hablar. Un encargado nos pregunta que estamos por repartir y automáticamente nos dice que no podemos estar, que es propiedad privada, argumento sacrosanto de la empresa que flamea una bandera sueca.

Un obrero entrado en años llega apurado y agarra un volante. “¿El Frente de Izquierda? Dame, mientras no sea de Macri o los que estuvieron antes”, dice y entra en la primera de sus ochos horas de trabajo, que muchas veces pueden ser nueve, diez o doce.

—Acá la jornada mínima es de ocho horas, pero muchas veces laburamos más para enterar. Si no hacemos horas extras no cobramos bien. Para eso tenemos que vivir en la fábrica, sábados, domingos, feriados, comenta un joven treintañero rumbo a la parada de colectivo.

En contraste a la realidad obrera, la empresa a principios anunció una serie de modificaciones en la fábrica de correas de transmisión, lo que demandó una inversión de US$8 millones y que redundará en un aumento de la productividad en un 20%. La fábrica ubicada en Colombres, Tucumán, exporta a Latinoamérica y Europa. Aunque en 2015 hubo una caída en la venta de camiones, Scaniano dejó de ganar market share en el rubro, para 2016 se proyectaban exportaciones desde Argentina por más de US$180 millones y en 2017 preveían la recuperación de las ventas.

La salida del turno es lenta e intermitente, salen de a dos o tres en motos y autos, otros se hace señas de que ya viene el colectivo. La mayoría recibe los volantes con predisposición a escuchar nuestras propuestas.

“Acá hacen falta ustedes, alguien que nos defienda”, dice un trabajador. No es una afirmación para quedar bien con nosotros, sobre la fábrica pesa el control policíaco del SMATA, que no aparece cuando la patronal aumenta los ritmos de producción o recurre a las suspensiones (como ocurrió en julio del año pasado) pero si lo hace para evitar cualquier tipo de discusión sindical y política.

Las ideas que el PTS y el FIT plantean recorrerán cada lugar de trabajo y estudio planteando un programa y una perspectiva para que sea tomada por millones: una sociedad donde valga más la vida que las ganancias.

[Video] Christian Castillo: ¿por qué luchamos por las 6 horas de trabajo?








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