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La campaña de las “Directas ya” como mecanismo de la transición conservadora

La campaña por las “Directas” fue una herramienta para preparar el camino hacia un pacto con los militares, por la que la oposición burguesa arrebató las aspiraciones democráticas de las masas.

Lunes 22 de mayo | 00:00

Imagen: Junior Santiago

Artículo publicado originalmente en la revista Ideias de Esquerda, Número 1, mayo de 2017.

La impronta de la transición democrática brasilera en la década de 1980 fue la identificación de las corrientes de izquierda con la ideología democrático-burguesa, aceptada como límite máximo de la lucha contra la dictadura, abandonando el intento de derribarla por una vía revolucionaria. Sea el caso de los PC defendiendo una salida negociada con la dictadura o sea el del PT que adoptaba un discurso rupturista y presionaba por una transición menos controlada por los militares, ambos sectores adoptaron la estrategia de colaboración de clases, utilizada por las clases dominantes para frenar el potencial revolucionario de la lucha de los trabajadores contra la dictadura.

Vale la pena volver a un texto de 1979 de Carlos Nelson Coutinho –importante intelectual y estudioso de Gramsci, militante del Partido Comunista, que adhiere desde los inicios al PT–, principalmente porque expresa un sentido general que comienza a ser parte de la izquierda brasilera a lo largo de los años siguientes: la “Democracia como valor universal”. Su conclusión política es que “lo que une a todos los opositores” es “la lucha por la conquista de un régimen de libertades político-formales que ponga definitivamente término al régimen de excepción”, es decir, la identificación de la sustitución del régimen militar por un régimen democrático-burgués, con un objetivo inmediato que mejoraría las condiciones para la lucha socialista.

Coutinho busca demostrar que la “vía prusiana” [1] por la cual evoluciona la política brasilera nunca fue capaz de llegar a formas democráticas incluso limitadas. Avances en este sentido serían la superación de esta característica histórica brasilera. Sin embargo, lo que queremos demostrar, y vamos a enumerar algunos argumentos en esta breve nota, es que, fruto del retroceso ideológico que marcó la etapa de la ofensiva neoliberal y de la restauración capitalista en el Este, la “vía prusiana” como solución conservadora y reaccionaria para la crisis económica y social de la década de 1980 se reafirmaba justamente a través de la transición democrática, utilizándola como mecanismo de conservación.

Las “Directas ya” como mecanismo del desvío democrático

Luego de la derrota de la primera oleada del ascenso obrero en 1980, los dos años siguientes serán de retroceso y de ofensiva burguesa en el marco de la recesión. La recesión, el aumento del desempleo, el despido de activistas obreros y el accionar de los grupos paramilitares de la extrema derecha, con la mira especialmente en los diarios de izquierda, adquirieron considerable influencia.

En Brasil entre 1981 y 1983 la economía retrocedió un 10% y la inflación pasó de 77% en 1979 a 178% en 1983. Si en las ultimas décadas Brasil había crecido a ritmos que hoy llamamos “chinos” y se agravó el problema de la absorción de los migrantes en los grandes centros urbanos, con la recesión este problema estalla y la pobreza urbana, sumada al desempleo, se profundiza como un problema democrático estructural candente, íntimamente ligado a la lucha contra el latifundio en el campo.

Con la recesión y la amenaza siempre presente de una reanudación del ascenso obrero, aumentaron las divergencias al interior de la dictadura y de la clase dominante. La evaluación del gobierno por los empresarios, positiva hasta enero de 1983, se derrumbó en julio [2].

La votación expresiva del PMDB [Partido del Movimiento Democrático Brasileño, NdT] en las elecciones de 1982 (para gobernadores, diputados estaduales, concejales e intendentes, excluidas las capitales y ciudades consideradas de seguridad nacional) fue una imagen distorsionada del rechazo popular a la dictadura agravada por la recesión. Entre los principales estados del país, São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro pasaron a ser gobernados por la oposición. El PT, en su debut electoral, también logró una votación demostrativa en São Paulo. El PDS (ex-ARENA) obtuvo un triunfo numérico (que le garantizaría la mayoría en el Colegio Electoral), pero el triunfo político fue de la oposición, más específicamente del PMDB, que venció en los estados más industrializados.

A partir de 1982 se dan grandes luchas de obreros agrícolas (llamados “boias frías”) en Pernambuco, Alagoas, São Paulo y otros estados y la organización de movimientos de desempleados. En ese contexto, en 1983, los pobres urbanos y los desempleados fueron los protagonistas de una explosión social, que podría haberse utilizado para forjar la alianza con el movimiento obrero organizado: “La irrupción imprevista de manifestaciones salvajes y violentas de desempleados y otros sectores informales en São Paulo y Río de Janeiro, en los meses de marzo y abril de 1983, fue señal de que la política recesiva comenzaba a poner en peligro la preservación pacífica del orden social, poniendo en jaque el propio proceso de liberalización”. Se dio “más allá de la capacidad de canalización y control de la oposición legal, incluyendo allí no sólo los partidos políticos, sino también los sindicatos y otras organizaciones de izquierda”. [3]

La ira popular se volvió momentáneamente incluso contra los gobiernos recién electos del PMDB, que responsabilizaron a las organizaciones de izquierda y de extrema derecha por los “tumultos”, en un discurso alineado al de Figueiredo.[4] La solidaridad entre el gobierno y la oposición burguesa (liderada por el PMDB) se da por el temor compartido de que las condiciones de la crisis pudieran llevar a nuevas y más graves revueltas e inevitables enfrentamientos en las calles con el ejército, de consecuencias imprevisibles en el marco del proceso de “escisión social” de los trabajadores y las masas con la burguesía y el régimen. Si la revuelta de los pobres urbanos confluía con la del movimiento obrero organizado estaría nuevamente en el orden del día, como estuvo entre 1978/80, la posibilidad de derribar la dictadura por la vía revolucionaria, superando la política de transición conservadora.

Mientras los desempleados se rebelaban en São Paulo, con disturbios y saqueos que comenzaron en Santo Amaro y se extendieron hasta el centro durante tres días, el sindicato de los Metalúrgicos de San Bernardo estaba en plena negociación salarial. Su presidente Jair Meneghelli, del PT, llamó a los trabajadores a tomar “conciencia de la situación” en un llamado contra la huelga, alegando que sólo sería fuerte en las grandes montadoras.[5] Un día antes, sin embargo, el presidente de la Federación de los Metalúrgicos de São Paulo (que agrupaba gran parte de las fábricas menores que supuestamente no estarían dispuestas a la lucha) ya había revelado los verdaderos motivos detrás de la posición de no ir a la huelga: “una huelga, como pretendíamos, se escaparía del control de los sindicatos en esa época de tumultos y nuestra intención no es aumentar la confusión”. [6]

Crecía la movilización en el campo y la revuelta en las ciudades. Las masivas huelgas de los trabajadores estatales de São Paulo terminaban de componer un cuadro peligroso para la dictadura. La huelga general del 21 de julio paralizó casi 3,5 millones de personas en todo el país. La débil adhesión a la huelga general (incluso en São Paulo, donde fue más fuerte) no fue resultado, como muchos petistas defendieron en la época, por falta de un nivel de organización mayor a nivel nacional; ni tuvo relación con la falta de disposición de los trabajadores para la lucha. Después de frenar la lucha en el momento más propicio, no debería haber sorprendido que la convocatoria posterior haya tenido menos adhesión de lo que la situación permitía. La huelga de los metalúrgicos, que no se había convocado en abril, se daría en noviembre y obligaría a la patronal a un acuerdo más favorable que el previsto por el último decreto salarial de la dictadura.

Para responder a esta situación, al interior del PMDB comienzan a diseñarse dos políticas de transición conservadora que tendrían como símbolo a Tancredo Neves y a Ulysses Guimarães. La apuesta de Tancredo es a las elecciones indirectas del Colegio Electoral en 1985. Ulysses busca una relación de fuerzas favorable a una negociación con el régimen en torno a las elecciones directas en ese mismo Colegio Electoral (tesis que el propio Figueiredo admitía discutir). A pesar de ser políticas distintas, determinadas por sus posibilidades de llegar a la presidencia, ambos compartían objetivos estratégicos y actuaban de común acuerdo y dividiéndose tareas al interior del PMDB. Como analizó el propio Dante de Oliveira: “La presidencia era un sueño de ambos. Pero la ambición de los dos no era inconciliable, ya que las directas que favorecían a Ulysses podrían venir del gobierno de transición comandado por Tancredo.”[7]

A pesar de toda la mística de la campaña por las Directas, que va a canalizar la revuelta contra la dictadura en el primer semestre de 1984, “Directas” e “Indirectas” son dos variantes políticas del mismo plan burgués de transición conservadora. Los gobernadores del PMDB, Franco Montoro en São Paulo, Tancredo Neves en Minas, y Brizola del PDT (Partido Democrático Trabalhista, NdT) en Río, junto con el PMDB, representado por su entonces presidente Ulysses Guimarães, encabezaban la movilización y los mitines por las “Directas”, negociando con la dictadura una salida controlada vía la elección indirecta de un civil en el colegio electoral. Sin embargo, la importancia de entender esto es que las masas lo comprendían de esta forma, siendo que las “Directas ya” actuaba como fuerza motora para canalizar los anhelos democráticos de la sociedad, ya que se trataba del fin del régimen dictatorial. Un final negociado, ya que la campaña por las “Directas” intentaba evitar un enfrentamiento directo con la dictadura, y dejaba al desgastado Figueiredo y al colegio electoral de la dictadura como árbitros del proceso. Por eso, partiendo de esas diferencias, explicitar el aspecto “conservador” de la transición al interior de esas dos políticas es fundamental, ya que fue en base a ellas que la transición en Brasil se dio por arriba, por fuera del movimiento obrero, y tutelada por los militares.

En ese sentido, la campaña por las “Directas”, al fortalecer a los gobernadores y a la oposición burguesa en detrimento de las demandas y de los métodos obreros, abrió el camino para la aceptación del pacto conservador en el Colegio Electoral. No por casualidad sectores importantes del PDS (Partido Democrático Social, NdT) y empresarios también adhirieron: el 80% de los intendentes de este partido en São Paulo [8], por ejemplo, y Carrefour llegó a divulgar anuncios pagos defendiendo las Directas. [9]

Cuando los gobernadores se lanzaron con fuerza a la campaña por las “Directas ya”, a finales de 1983 y principios de 1984, convocando a grandes demostraciones de masas, que antes habían buscado evitar a toda costa, lograron canalizar y controlar la insatisfacción que un año antes se había transformado en explosión popular.

La posibilidad de que el proletariado se ubicara nuevamente en el centro de la escena política, rompiendo los límites del pacto que dejaba todas las decisiones al interior del colegio electoral de la dictadura, era la huelga general convocada para el día de la votación, que fue cancelada por la dirección petista, que mostró así su compromiso con el orden burgués. La hegemonía social del proletariado y las demandas económicas y políticas de las masas populares fueron disueltas en los grandes mitines encabezados por los gobernadores con todas las esperanzas depositadas en el Colegio Electoral. La evaluación de un demócrata burgués conservador tucano (del PSDB, NdT), confirma este análisis: En 1984, con la campaña por las “Directas ya”, el proceso de transición llegó a la paradoja de las paradojas. En un ambiente económico todavía sombrío, con el país apenas saliendo de una severa recesión, multitudes iban a las calles para aplaudir tribunas sumamente heterogéneas y defender una posición que ya entonces podía ser vista como moderada: la elección directa (...) los mitines no entonaban reivindicaciones (¡?) como el acortamiento del mandato de Figueiredo o alguna plataforma más ambiciosa de reforma social (...). [10]

La izquierda que se reivindica revolucionaria acepta los límites de la democracia liberal tutelada

No hay paradoja mayor que las corrientes que se reivindican trotskistas (Democracia Socialista, O Trabalho y Convergência Socialista, por citar las más importantes) se hayan adaptado tanto a la política conciliadora de la dirección lulista, al punto de transformar en el eje de su propia agitación una “demanda" reconocida hasta por un intelectual tucano como moderada.

Confundieron la victoria de la estrategia de la transición controlada trazada por Geisel (11) y Golbery, y apoyada por los EEUU, con un avance del movimiento obrero y de masas y se negaron a levantar una estrategia independiente coherente, que pasaba por la lucha por el derrocamiento revolucionario de la dictadura, por la construcción de organismos de autoorganización obrera y popular en ese proceso, que podrían ser los embriones de poder de los trabajadores en oposición al Estado burgués y por la convocatoria de una asamblea constituyente sin tutela militar.

Democracia Socialista (DS, en la época ligada al Secretariado Unificado y a la LCR francesa, que en los últimos años se disolvió en el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) en ese país), que se reivindicaba trotskista y que fue parte del gobierno de Dilma, en un documento de la época analizaba correctamente que “la candidatura de Tancredo en el colegio electoral no puede ser caracterizada como una candidatura de oposición a la dictadura. (...) Es un intento, frente a la disgregación de la dictadura, de componer la unidad burguesa bajo una nueva hegemonía”. A pesar de eso, no vio lo más importante estratégicamente, que a través de formas diferentes, la campaña por las “Directas” operaba en el mismo sentido: “El PT actuó como ‘ala izquierda’ del movimiento por las Directas, expresando la exigencia de las masas de forma más radical y presionando por la masificación, pero limitando sus iniciativas a lo que era unitario con la oposición liberal burguesa. (...) Por todo esto, por el papel positivo que cumplió durante la campaña, el PT vio en este período crecer su influencia.” [12]

En realidad, el PT creció en número de militantes, en expresión política y en votación, es decir, observó un sostenido crecimiento en todo el período futuro [13], pasando a ser visto como el principal partido de oposición, pero anulaba la profunda tendencia al clasismo que ese crecimiento expresaba al adaptarse a la estrategia de una de las alas de la oposición burguesa y del proyecto de transición conservadora. En lugar de luchar por el derrocamiento revolucionario de la dictadura, el PT se preparaba para ser principalmente una oposición parlamentaria en el nuevo régimen democrático que estaba surgiendo en negociación con los militares.

Ubicada más a izquierda en el mismo espectro de la “izquierda clasista”, del cual la DS era parte y constantemente era criticada como sectaria por esa corriente, Convergencia Socialista (hoy PSTU y MAIS) fue más lejos en lo que respecta al análisis del proceso. Citamos un pequeño fragmento de la carta del dirigente argentino Nahuel Moreno a la corriente brasilera en 1984: “Así como el año pasado, insistimos en que era necesario dejar en segundo plano la consigna frontal de ’¡Abajo el gobierno!’, a cambio del de ’Directas ya’, que por esta última consigna iba a pasar la lucha y las movilizaciones de las masas contra el gobierno. Las masas van a ir abandonando, o ya están en vías de abandonar, la lucha por las Directas. Lo mismo va a empezar a suceder con la lucha para derribar a Figueiredo...” (...). [14]

Sintetizando, a modo de conclusión, podemos afirmar que nuestro balance es opuesto al que fue hecho por las corrientes de izquierda sobre este proceso. La campaña por las “Directas” fue una herramienta para preparar el camino en dirección a un pacto con los militares, una forma por la que la oposición burguesa arrebató las enormes aspiraciones democráticas del movimiento de masas y evitó que el movimiento obrero ocupara el centro de la escena política, resultando victoriosa gracias a la estrategia de conciliación de la dirección petista. La aceptación del parlamento controlado por la dictadura como árbitro del proceso de transición y la elección de un presidente negociado para organizar la Constituyente y las elecciones de 1989 fue, eso sí, un gran triunfo de los militares y de la burguesía contra los trabajadores y el pueblo y la derrota de la propia campaña por las “Directas”.

Traducción: Liliana O. Caló

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Notas

[1] Proceso aún más grave en sus consecuencias reaccionarias por el hecho de que a diferencia del caso alemán, en Brasil la debilidad histórica de la burguesía la volvió incapaz de promover por la vía conservadora cambios reales, incluso parciales, en la estructura social, como había hecho Bismark en el siglo XIX.
[2] Revista Exame en Basílio Sallum.
[3] Basílio Sallum, pág. 87.
[4] João Baptista de Oliveira Figueiredo (1918-1999), militar brasileño. Jefe del Servicio Secreto (SNI), jefe del Estado Mayor del presidente entre 1969 y 1974. Presidente de Brasil desde 1979 hasta 1985.
[5] Folha de São Paulo, 10/04/1983.
[6] Folha de São Paulo, 09/04/1983.
[7] “Diretas já”, Dante de Oliveira y Domingos Leonelli, pág. 299.
[8] Folha de São Paulo, 12/01/1984.
[9] “Diretas já”, Dante de Oliveira y Domingos Leonelli, pág. 348.
(10) Ernesto Geisel (1907-1996). Militar (general) y político brasileño, y cuarto presidente del régimen militar instaurado con el golpe de 1964.
[11] Bolívar Lamounier, pág. 179.
[12] A conjuntura e as nossas tarefas” (“La coyuntura y nuestras tareas”), sin fecha.
[13] En 1985, en la elección de la capital paulista, quedó en tercer lugar y obtuvo más del 19% de los votos; en Fortaleza eligió como intendenta a Maria Luíza Fontenele, del PRO - Partido Revolucionario Obrero (ruptura del PRC de José Genoíno y Tarso Genro); también ganó la ciudad de Vila Velha.
[14] Carta de Nahuel Moreno a la dirección de Alicerce.








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