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OPINIÓN

La burocracia sindical española y esa compulsión a pactar contra los trabajadores

Este lunes, el gobierno español, los representantes de la patronal y los sindicatos mayoritarios firmaron una ayuda de 426 euros para parados de larga duración. Un “pacto social” que la burocracia sindical le regala al presidente español, Mariano Rajoy, a sólo seis meses de las elecciones municipales y autonómicas, a las que el conservador Partido Popular (PP), llega hundido en las encuestas.

Diego Lotito

@diegolotito

Miércoles 17 de diciembre de 2014 | Edición del día

El acuerdo alcanzado en La Moncloa se presentó con bombos y platillos, pese a ser el primero al que llega el gobierno de Rajoy con los sindicatos, después de tres años de legislatura.

Sin duda, la ayuda de 426 euros será un alivio para los parados que podrían acceder a ella. Eso sí, siempre y cuando éstos sean mayores de 45 años, tengan cargas familiares, estén parados hace más de doce meses (ojo, por la pérdida de un trabajo, no de otra ayuda social), que no hayan recibido ninguna prestación en los últimos seis meses, y que no tengan –ni ellos ni sumado todo su núcleo familiar- ingresos superiores 484 euros, entre otras condiciones.

Se estima que unas 450.000 personas podrían obtener la ayuda. ¿Y el resto de los 5,4 millones de desgraciados que viven el drama diario del desempleo y la miseria sin ningún tipo de ayuda? Bien, gracias.

Que la medida no resuelve el problema de fondo es evidente (e indignante). Pero aún más si se tiene en cuenta que durará sólo seis meses. Casualmente, lo que falta para las elecciones municipales y autonómicas a las que el PP, a juzgar por las encuestas, llega con pulmotor.

No hay que ser muy agudo para entender la jugada de Rajoy. Aunque no es su estilo, con los tiempos que corren supone que un poco de populismo de derecha puede venir bien, aunque millones se sigan muriendo de hambre.

Pero lo que más indigna es que la movida contó, otra vez, con la inestimable colaboración de las direcciones de CCOO (Comisiones Obreras) y UGT, dispuestas a pactar nada menos que con el gobierno responsable de los recortes y el desempleo.

La prensa de derecha, como el ABC, lo festeja como “el primer gran acuerdo entre la patronal, los sindicatos y el Ejecutivo” en lo que va de legislatura y reivindica la “positiva disposición al diálogo y al pacto de los sindicatos”, que se muestra “mucho más constructiva que aquel recibimiento estéril que dispensaron a Rajoy: dos huelgas generales en menos de un año.”

Siempre la derecha mediática ha sido ingrata con el papel de burócratas sindicales como Ignacio Fernández Toxo (CCOO) y Cándido Méndez (UGT), verdaderos defensores de la “responsabilidad de estado”. Al menos podría reconocerles que las dos huelgas generales se impusieron desde abajo, pero la burocracia se las ingenió para que no tuvieran ninguna continuidad y que la Reforma Laboral de Rajoy, el mayor ataque a la conquistas de la clase trabajadora española en décadas, pasara sin pena ni gloria.

Pero lo que tampoco se dice del pacto, es que los jefes sindicales los firmaron a cambio de que el gobierno les renovara los aportes estatales para “formación”. Si, los mismos aportes por los que se destapó una escandalosa trama de corrupción en Andalucía, que implica a los altos cargos sindicales de CCOO y UGT en esa populosa región del Estado español. Los aportes que representan el grueso de los recursos con los que se administran, nunca mejor dicho, los sindicatos mayoritarios. Hay quienes estiman que, por ejemplo, los recursos de los que dispone la UGT corresponden en un 95% a aportes del estado, y sólo el 5% a los aportes de los afiliados.

Este será el primer acuerdo “oficial” con el gobierno de Rajoy, pero no es el primer pacto que la burocracia sindical firma con los empresarios y la casta de políticos corruptos que representan sus intereses. Ni será el último.

Pocos días antes de las maravillosas Marchas de la Dignidad, que congregaron a casi dos millones de personas en Madrid el pasado 22 de Marzo, salían a la luz las fotos de la reunión secreta que el Gobierno, la patronal y los inefables Toxo y Méndez mantuvieron en La Moncloa. Y se haría largo citar tantos otros “encuentros”.

La burocracia sindical española tiene, por así decirlo, una tradición histórica de contubernios y pactos con los capitalistas y su personal político, en los que la clase trabajadora obrera siempre ha sido el pato de la boda. Así fue como la dirección de CCOO, hegemonizada entonces por el PCE (Partido Comunista Español), fue un agente clave de la Transición y la consolidación del Régimen del ’78, para detener el ascenso obrero desatado en enero de 1976 que podría haber terminado con la dictadura en las calles, con la clase trabajadora a la ofensiva derrotando los pactos y abriendo una situación revolucionaria. La burocracia sindical, tanto de CCOO como de UGT, jugó el mismo rol de contención y desvío de la lucha de clases durante los últimos 30 años.

Hoy, cuando vivimos una de las mayores crisis de ese Régimen moribundo, del cual la burocracia sindical estuvo entre sus parteros, esta no puede dejar de jugar su papel en defensa de las reaccionarias instituciones del ‘78. Es una compulsión propia de una casta que se ha emancipado de la vida y las penurias de los trabajadores, al mando de sindicatos financiados por el Estado y plagados de todo tipo de privilegios, como mostró el escándalo de las tarjetas “B” de Caja Madrid.

Hoy la burocracia sindical, o debiera decir las burocracias sindicales en toda Europa, son el principal factor de contención de la lucha de clases en todo el continente, actuando como verdaderos sostenes de los regímenes políticos en crisis.

Pero a pesar de ellos, la lucha de clases sigue más vigente que nunca. En sólo un mes, ya hubo tres huelgas generales en Europa (a fines de noviembre en Grecia, y en los últimos días en Italia y Bélgica) en las que millones de trabajadores paralizaron todo contra las medidas de austeridad y las consecuencias de la crisis.

Esto es así porque lo que más viene cambiando es la propia subjetividad de la clase trabajadora. Esa clase que, golpeada por la crisis y adormecida por una casta burocrática que minó durante décadas su autoconfianza y su capacidad de lucha, busca instintivamente una salida a favor de sus intereses. Esa clase que muchos sociólogos y politólogos y charlatanes de feria han dado por muerta tantas veces, que es erradicada de los “nuevos discursos” y “nuevas prácticas” (que tan poco tienen de nuevo), pero que –muy a pesar de los escépticos- sigue siendo la que mueve las palancas fundamentales de la economía, desde las fábricas, los hospitales, las oficinas, los transportes, los comercios, las escuelas, y que junto a esos millones de desempleados que día tras día luchan por sus supervivencia, representa no sólo la absoluta mayoría de la sociedad, sino el futuro de la misma.

* * *

La tarde del martes estuve en una más de las ya incontables manifestaciones de los trabajadores y trabajadoras de Coca-Cola, que siguen luchando por su reincorporación tras haber derrotado judicialmente nada menos que a la patronal imperialista de Coca-Cola. En un nuevo gesto de unidad y coordinación, como fue con Panrico, junto a ellos marcharon también los jardineros de Madrid Rio, que acaban de salir a la huelga indefinida contra 127 despidos de la concesionaria del servicio, avalados por el Ayuntamiento de Madrid.

A ninguno de los compañeros y compañeras con los que hablé les cayó en gracia el pacto firmado por Toxo y Méndez, con el que se desayunaron esta mañana. Digo esto por no reproducir la andanada de epítetos, algunos más que ingeniosos, que varios les dedicaron.

El odio a la burocracia sindical y la corrupción obscena entre sus filas es hoy, quizá, más extendido que nunca. No sólo entre los sectores que luchan, sino en muchos que no pueden salir a luchar o que sufrieron duras derrotas y no menos duras traiciones.

El gobierno de Rajoy y la derecha mediática, que dicho sea de paso viene fustigando hace tiempo contra los sindicatos por sus corruptelas, pierden de vista que la creciente debilidad de la burocracia sindical sólo es ganancia táctica… pero a la larga, una pérdida estratégica, nada menos que de uno de los principales factores de contención del movimiento de masas, históricamente y, sobre todo, en la situación actual.

Es por esto que iniciativas que se proponen terminar con el reinado de esta casta burocrática, como “Ganemos CCOO”, hoy tienen más sentido que nunca, siempre y cuando se propongan ampliar desde abajo todos los canales de participación de los trabajadores y trabajadoras, para que la recuperación de las organizaciones sindicales se producto de la lucha consciente de las bases obreras y que esta se desarrolle al calor de la lucha de clases. Porque de lo que se trata es de conquistar triunfos que cambien la moral de la clase obrera y le devuelvan la confianza en sus propias fuerzas. Y para ello, hay que hacer de cada huelga, cada lucha, por más pequeña que sea, una gran batalla de clase.







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