Medios de comunicación

JUEGO OLÍMPICOS - RÍO 2016

La “belleza olímpica femenina”: machismo de oro

A días del comienzo de los Juegos Olímpicos Río 2016, los medios de comunicación compiten para ver quién se lleva la medalla de oro al machismo y la cosificación de la mujer, con rankings de belleza femenina y las delegaciones nacionales más “sexys”.

Laura Achiou

@lau_achio

Jueves 4 de agosto de 2016 | Edición del día

La previa de los primeros Juegos Olímpicos que se organizan en Sudamérica tiene una cobertura periodística mundial (y millonaria) enorme. La explosión de aliento en las redes sociales y el seguimiento minuto a minuto de las figuras deportivas ya es una tendencia instalada entre los fanáticos. Sin embargo, los medios de comunicación no se privan de nada a la hora de vender una noticia, opinión o crear una tendencia. Esta última semana se publicaron gran cantidad de notas que reproducen el machismo, sexismo o misoginia, que se convirtieron en el blanco de denuncia de movimientos de mujeres en todo el mundo.

La prensa argentina no se queda atrás. Ya iniciaron su habitual competencia por quién reproduce de forma más degradante y misógina los estereotipos de belleza en el mundo deportivo.

“Diez caras bonitas que se verán en Río”, titula el diario Clarín en su edición del 2-8-16, dando a conocer quiénes son estas mujeres atletas que se destacan por su “belleza absoluta”, además de ser figuras deportivas profesionales. Cualquier lector acostumbrado a leer este tipo de notas podría preguntarse ¿existe una belleza parcial? Sin embargo, ahí está la lista para no perdérsela: la jugadora de hockey yanqui Alex Morgan, la tenista canadiense Eugenie Bouchard, la basquetbolista Milica Dabovic, la holandesa Dafne Schippers, entre otras. La Argentina no se queda atrás en el ranking, representada por la “leona” Agustina Albertario.

El mismo día, el diario deportivo Olé explicaba a sus lectores por qué “Las muñecas suecas” captaron la atención de miles: “Rubias a más no poder, ojos claros por doquier y figuras estilizadas lograron que los presentes se dieran vuelta para verlas. No quiere decir que otros países, como el nuestro, tengas sus bellezas”. El remate parece un chiste, pero no lo es. Se trata de la reproducción cotidiana que hacen los medios de comunicación y publicidades de la visión mujer-objeto. Para el periodista que escribe, los hombres escandinavos son atletas, las mujeres solo “muñecas”.
Hoy el canal Telefé Noticias tomo el guante y tituló “Las seis atletas más sexys de los Juegos de Río de Janeiro” y armó su “noticia ganadora” con los tweets personales de las deportistas.

Otro título que compite por el oro machista, de parte de Tn.com.ar: “La sexy esgrimista mexicana que tiene una figura escultural”. La nota es una selección de fotos de la deportista en ropa interior y con adjetivos como “la bella morocha de la espada”.

Lejos de ser ejemplos aislados, los casos como se demostraron, son múltiples, cotidianos y en muchos casos se ataca directamente a la organización de la mujer como respuesta a la violencia y opresión. Tal es el ejemplo del grave ataque misógino que recibió la periodista Silvia Martínez Cassina hace dos meses, generando un amplio repudio que obligó al Diario Clarín a publicar una “disculpa por el error”. La sección periodística deportiva es una de las que más alimentan la cosificación de la mujer, vale recordar como simple ejemplo esta tapa de Olé. Más recientemente, el portal online de Infobae también hizo su aporte con un título escandaloso, aunque lo corrigió horas después.

La verdad es que no es nada nuevo a lo los medios de comunicación, publicidades de grandes empresas o revistas del espectáculo, no nos tengan acostumbradas. La imagen femenina es también fuente de ganancias para empresarios y políticos. Esto se refuerza con la idea de que funciona también como factor de disciplinamiento social: sostener estereotipos es mantener fijos los roles de hombres y mujeres. Las expresiones machistas o sexistas, prejuicios homofóbicos y la reproducción de estereotipos de belleza forman parte de un esqueleto periodístico funcional a una maquinaria de violencia contra las mujeres. Un mercado comunicacional pensado para la satisfacción masculina.







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