Internacional

OFENSIVA CONTRA EL ESTADO ISLÁMICO EN IRAK

La batalla de Tikrit: ¿un punto decisivo en la guerra?

La ofensiva sobre el Estado Islámico en la ciudad iraquí de Tikrit continúa. Avanzan las tropas gubernamentales y las milicias ligadas a Irán con el apoyo de EEUU. ¿Qué se juega en la batalla de Tikrit?

Jueves 12 de marzo de 2015 | Edición del día

FOTO: REUTERS

El establecimiento del Estado Islámico en parte de Irak y Siria fue, tal vez, el cambio más radical en la geografía política de Medio Oriente desde la implementación de los acuerdos de Sykes-Picot a partir de los cuales el imperialismo se dividió la región luego de la Primera Guerra Mundial. La conquista de la ciudad de Mosul, la segunda más poblada de Irak, en junio de 2014 constituyó una victoria fundamental para el establecimiento de lo que hoy conocemos como Estado Islámico, que actualmente ocupa parte importante de Irak y Siria.

La importancia de la batalla que se desarrolla en Tikrit consiste, justamente, en que podría abrir las puertas para un avance estratégico sobre Mosul, la supuesta capital del Estado Islámico. Para capturar con éxito Mosul las fuerzas iraquíes deben primero recuperar Tikrit.

A pesar de su valor estratégico, se trata de una ciudad que no supera los 250 mil habitantes, muy lejos de Mosul que tiene 1,4 millones. Sin embargo, se trata de una batalla cuyo resultado tendrá un importante valor simbólico para la fuerza que resulte vencedora.

La batalla es catalogada por muchos como la última oportunidad del primer ministro iraquí, Haider al Abadi, de demostrar que puede enfrentar con éxito al EI. No es la primera vez que las fuerzas gubernamentales con apoyo norteamericano intentan tomar Tikrit, pero los intentos previos fracasaron estrepitosamente. De parte del EI, podría ser la primera gran derrota desde que comenzó la ofensiva con apoyo norteamericano en septiembre de 2014.

Otro elemento fundamental es el peso que tendrían en una hipotética victoria las fuerzas chiíes ligadas a Irán. Más de 30 mil soldados y milicianos respaldados por aviones y helicópteros norteamericanos son los que protagonizan la ofensiva. Según el propio jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., el general Martin Dempsey, su composición es: alrededor de 3.000 miembros de las fuerzas iraquíes, 1.000 de tribus suníes y 20.000 milicianos "entrenados y equipados" por Irán.

Esta colaboración militar entre EEUU e Irán, que venía siendo mucho más tácita hasta ahora, se pone de manifiesto ampliamente en la batalla de Tikrit. Es uno de los puntos nodales que atraviesa los cambios en la geopolítica de la región y que ha desatado la encendida crítica de los aliados del imperialismo norteamericano en la región la semana pasada en torno a las negociaciones sobre el programa nuclear iraní.

El imperialismo y la guerra interreligiosa

La reconquista de la ciudad de Tikrit, de población sunita, por fuerzas mayoritariamente chiíes pone otra vez sobre la mesa la guerra interreligiosa de la que el imperialismo y las burguesías de la región se valieron y se valen para disputar el dominio en Medio Oriente. Las venganzas y ajustes de cuentas amenazan con aumentar la carnicería que de por sí significan los combates.

Bajo el gobierno de Saddam Hussein, Tikrit, era uno de los centros de la clase dominante iraquí sunita que oprimía a la mayoría chiita del país. Luego de la invasión norteamericana de 2003, la situación cambió radicalmente. Bajo el régimen del primer ministro chiita, Nouri al-Maliki, apoyado por EEUU, la población sunita de ciudades como Tikrit o Mosul sufrió esta vez la opresión por parte del gobierno.

Este antecedente es fundamental para entender por qué, en el caso de Mosul, un puñado de tropas del Estado Islámico que no superaban los 1500 efectivos pudieron derrotar en 2014 a las fuerzas del gobierno que entre el ejército, la policía federal y la local, sumaban alrededor de 60 mil miembros. En aquel entonces, las fuerzas oficiales virtualmente se desintegraron o huyeron hostigadas por la población local cansada del gobierno de Maliki.

Cuando el Estado Islámico, que creció bajo el apoyo fundamental de Arabia Saudita para contrarrestar la influencia chiita, tomó el control de la ciudad, dividió a los prisioneros en sunitas y chiitas y masacró a estos últimos.

Con un cinismo a prueba de balas, digno de su puesto, el general Dempsey señaló este miércoles su preocupación frente a las denuncias de ajustes de cuentas contra la población sunita de Tikrit. "No sabemos si Irak se mantendrá en un camino que permita un gobierno integrador para todos los grupos en el país, eso nos preocupa mucho", dijo.

Lo cierto es que la intervención del imperialismo y las burguesías de la región, así como el accionar del Estado Islámico –con sus asesinatos sistemáticos de sectores de la población, ya sean miembros de otras confesiones, homosexuales, o todo aquel que no cuaje con el régimen-, se saben potenciar mutuamente.

La política imperialista de opresión, guerra y lucha interreligiosa fomenta el apoyo a variantes como el Estado Islámico o Al-Qaeda, mientras que la acción de estas organizaciones lleva agua al molino de guerrerismo imperialista. Un círculo vicioso que solo puede cortar una alternativa revolucionaria y antiimperialista, ausente aún, pero cada vez más necesaria para evitar el camino de la barbarie.







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