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OPINIÓN

La barra brava protagonista del Superclásico

Debido a las agresiones que sufrió el plantel de River se suspendió el mayor clásico de clubes a nivel mundial. El hecho generó una conmoción que sorprendió tanto a hinchas propios como ajenos. ¿Qué pasó dentro y fuera del club para llegar a este nivel de barbarie?

Sábado 16 de mayo de 2015 | Edición del día

No es novedad que la que los clásicos son trabados y (lamentablemente) a veces violentos, pero los incidentes que ocurrieron ayer están enmarcados en un contexto de dos años de larga e intensa violencia barra brava que desemboco en pleno año electoral.

Las Barras en los clubes son un “mal necesario” al que recurren los políticos patronales y burócratas sindicales a la hora de hacer campaña o “trabajo sucio” . El contrato entre ellos es de palabra y en efectivo sus reglas son simples: La dirección del club no se mete en los negocios de la barra ni con sus jefes (y según qué tan buena sea la relación) les puede dar hasta una mano, la barra brava por su lado no la pudre descontrolando la tribuna y por ende evitando sanciones para el club que lastiman su economía.

Es importante entender que las barras no se conforman solamente con el chiquitaje del Club, sino que tienen negocios propios que inclusive a veces pueden ir en contra de los propios clubes y sus direcciones; como dijo alguna vez José Barrita “los dirigentes pasan, la barra queda”. Pero aún así algunos presidentes de clubes tiene la ilusión que se puede negociar con estos lúmpenes, pero llegar a un acuerdo con personas que no tienen ningún tipo de código es muy poco probable.

Lo central para poder entender qué fue lo que pasó el jueves es ponerlo en el contexto político-electoral. El gobierno K hizo algo inédito como institucionalizar a la barras y a sus referentes por medio de Hinchadas Unidas Argentinas, el resultado de ese intento oportunista de regular a unos de los sectores más descompuestos y desclasados de la sociedad terminó en la nada. Casi como la otra cara de la moneda y próximo al fin de su ciclo el Peronismo K apuesta a ganar en la elecciones con la carta de la “seguridad pública” que no escapa a la cancha. El primero en hacer demagogia con la seguridad en el fútbol fue Scioli con su proyecto de “Ley anti barra” de la mano de su “Sherif” Granados, que tuvo como primer demostración de fuerza la clausura de un año del Club Laferrere saboteando la campaña de Massa en la Matanza; eso si, los negocios extra futbolísticos de la barra ni los tocó.

El otro candidato que quiso hacer campaña con la seguridad en el fútbol fue el secretario de seguridad nacional y candidato para gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Sergio “Rambo” Berni que no dudó en amenazar al presidente de Boca con retirar a la policía si permitía la entrada de los dos jefes de “La 12”. Angelici se vio en el medio de dos fuegos y quiso hacer equilibrio sosteniendo que "Como no va a salir una ley para erradicarlos yo estoy dispuesto a blanquearlos. Vamos a hacer un blanqueamiento, hablamos de una barra, están todos identificados, están en un sector de la cancha" y se aseguró que "si cometen un acto de violencia dentro del estadio no tengo problema de volver a ponerlo en el derecho de admisión, o llevarlo al tribunal de disciplina para suspenderlo o expulsarlo". La barra brava de Boca hizo lo que hace siempre: lo que le conviene y en este caso fue el ataque a los jugadores de River. El resultado fue un partido cancelado, una policía federal que se mostro incompetente y cómplice, sumado a un secretario de seguridad impotente frente a los hechos. Por el otro lado quedo bien claro que los que mandan en Boca no son ni sus socios ni su comisión directiva.

Hoy el fútbol Argentino está teñido de negro por un doble luto, en primer lugar por la muerte de Emanuel Ortega fruto del fútbol precarizado; en segundo lugar por el homenaje a su memoria que iba a ser este tercer superclásico que comenzó, pero no lo dejaron llegar a su fin.







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