Política

Escenario Bonaerense

La asunción de Kicillof y una “radiografía” medio velada

Luego de su asunción formal, el gobernador bonaerense realizó un larga radiografía de la provincia y prometió un “plan estratégico” para ponerla de pie. Pero en lo inmediato solo anunció un “plan pymes” para “que no se pierda un trabajo más”.

Walter Moretti

@patamoretti

Jueves 12 de diciembre de 2019 | 00:00

Foto Eva Cabrera | Télam

En el tórrido mediodía del miércoles en La Plata, finalmente Axel Kicillof asumió como gobernador y así el peronismo vuelve a gobernar la provincia de Buenos Aires luego del corto interregno cambiemita.

Además de los funcionarios y legisladores provinciales, la Asamblea Legislativa contó con la presencia de Alberto Fernández y Cristina Fernández junto al ahora canciller Felipe Solá, el ministro del Interior Wado de Pedro y el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación Sergio Massa, entre otros. También se los vio a Hugo Moyano y Daniel Scioli.

En el caso del presidente y la vicepresidenta, se retiraron ni bien terminó la ceremonia formal del traspaso del mando y el juramento de las nuevas autoridades. Ninguno de los dos se quedó a escuchar al gobernador. En el caso de Alberto, lo esperaban a almorzar los representantes norteamericanos. Tras la ida de uno ellos, molesto por la participación de un representante venezolano en la asunción presidencial, ahora el presidente busca remontar el camino para buscar aliados para renegociar la deuda. Un motivo más que fuerte para abandonar raudamente la ciudad de las diagonales.

El extenso relato de Axel

El flamante gobernador inició su largo discurso jactándose del abultado triunfo electoral obtenido frente a Vidal (que minutos antes se había retirado en una marcada soledad luego de “fumarse” toda la marcha peronista). “Somos la mitad más dos”, dijo Axel aludiendo al 52 % de los votos alcanzados en las últimas elecciones.

Luego, como se preveía, vino la extensa radiografía de la penosa situación de la provincia que, según él, era producto de una combinación de las políticas nacionales de Macri (que incluso al tratarse de la provincia con mayor aparato productivo y riquezas la crisis pega con mayor dureza) y la ineficacia del gobierno provincial.

De esto no hay duda alguna. La mayor demostración es que la provincia de Buenos Aires cuenta con los mayores índices de desocupación y pobreza (llegando a incluir a asalariados) en medio de serios problemas financieros y del endeudamiento escandaloso de Vidal.

Aunque esta vez evitó repetir el latiguillo de “tierra arrasada”, el hecho de machacar que recibe la vara muy baja apunta, por lo tanto, a que las expectativas de millones de cambiar de gobierno para recuperar lo perdido tendrá que tener también una vara bien baja. Por ahora solo se trataría (en el mejor de los casos) de “no perder más” y lo ya perdido con la caída del salario y de los puestos de trabajo tendrá que esperar.

Por ahora, según lo dicho por el propio gobernador, contaría con el programa nacional contra la pobreza. Según Alberto, hay que llenar la copa desde abajo si queremos generar riqueza. Un nuevo relato que ahora se junta con la reaparición de “sociedad solidaria” (ya utilizado por el kirchnerismo para imponer el impuesto al salario). Esta definición resonó mucho, tanto en la asunción del binomio nacional y ahora con el provincial.

En esta sintonía, la palabra “emergencia” fue una de las más usadas por Kicillof en su discurso.

Los socialistas somos fervientes defensores de la solidaridad de clase y la practicamos cotidianamente cuando luchamos por la alianza entre los trabajadores con los pobres urbanos y con todas las clases subalternas. Pero nos oponemos a que esa solidaridad sea pagada por los trabajadores mismos mientras a los ganadores del ciclo macrista, también en el mejor de los casos, se les sacará un poquito. Son ellos quienes tienen que poner la que “levantaron en pala” con Macri pero también en el gobierno K, como reconoció en su momento la propia Cristina.

Una radiografía recortada

Cuando llegó la hora de la radiografía tan anunciada, Kicillof se comprometió a publicar un estudio más completo en los próximos días. Por lo tanto, dijo que solo ofrecería una visión general de la “herencia” vidalista que, según él, con la caja actual solo alcanzaría para el pago de salarios de un mes.

Cuando intentaba introducirse en el tema, el propio Kicillof reconoció (a su manera, es decir negándola) que en la situación actual de la provincia se combinaban cuestiones estructurales y los cuatro años últimos de Vidal. Y que por lo tanto en esta oportunidad solo iba a hacer referencia a los últimos cuatro años.

Separar los problemas estructurales de los cuatro años de Vidal es una forma de sacarle la responsabilidad que también tiene el peronismo en la situación actual de la provincia. El peronismo no solo gobernó durante 28 años, incluidos los 12 años de la “década ganada”, sino que en estos últimos cuatro años tanto el Frente Renovador como el bloque de los intendentes (hoy integrantes del Frente de Todos) le garantizaron la gobernabilidad a la propia Vidal, le votaron todos los presupuestos y las autorizaciones para endeudarse.

Para no ir muy lejos, al lado de Kicillof se encontraba el presidente la Cámara de Diputados, Federico Otermín, quien avaló la reforma jubilatoria contra los trabajadores del Banco Provincia.

Por lo tanto Vidal no es más que la ejecutora en la provincia del “cuarto saqueo histórico del FMI”, que en los casos anteriores (con excepción del primero llevado adelante por la dictadura) los tan mentados procesos de valorización financiera y destrucción del aparato productivo que tanto denuncia Kicillof fueron llevados adelante por el propio peronismo.

Desde Eduardo Duhalde, pasando por Carlos Ruckauf y luego por el hoy canciller Felipe Solá y llegando a Daniel Scioli, todos son responsables con sus planes de apertura neoliberal de desarticular los tres cordones del Gran Buenos Aires, separando a un sur que prácticamente fue convertido en un “cordón de óxido” y un norte donde reinan las grandes multinacionales y sus abultadas ganancias; junto a una extensión fenomenal del conurbano bonaerense a costa de una pobreza que no cesa en estos casi 40 años de democracia “para ricos”.

El kirchnerismo no varió, a pesar de la masificación de planes sociales, sustancialmente los niveles de pobreza, manteniendo la matriz de los “peronistas neoliberales”. En 2014 la pobreza en el conurbano superaba el 30 %. Los habitantes que en el 2011 vivían en zonas inundables alcanzaban el 33,3 % y cerca de basurales casi un 23 %. En los últimos 17 años las villas se triplicaron. En la actualidad el conurbano bonaerense se extiende a 2.840 kilómetros cuadrados, el 1 % del territorio nacional, donde habitan un poco más de diez millones de personas, es decir un 25 % de la población del país.

En esta caótica situación, la mencionada tarjeta del Plan Argentina contra el hambre no sería más que una limitadísima medida, como tantas que existieron sin mucha suerte en el pasado tal como lo demuestra la pobreza estructural vigente desde las últimas décadas.

“Hay que dar trabajo para acabar con el hambre” (o cómo beneficiar a los empresarios)

Así lo definió Axel Kicillof, pero a renglón seguido anunció el Plan de Emergencia para las Pymes. “A ellos y a los productores agrarios hay que rodearlos de baterías y herramientas fiscales o crediticias”, dijo en lo que fue el único anuncio inmediato. Pero las pymes generan pocos puestos de trabajo y las ventajitas que consiguen en general no generan nuevos puestos. Además brindan condiciones de trabajo que no sacan a sus trabajadores de la pobreza y en muchos casos tienen regímenes casi de esclavitud que, cotidianamente, se llevan la vida de trabajadores jóvenes.

Las patronales de las pymes son las más negreras y en muchísimos casos responsables de realizar cierres fraudulentos con el guiño de los intendentes. Tal es el caso de la fábrica de baterías Ran Bat, cuyos trabajadores habían logrado con su lucha la reincorporación y a los pocos días la patronal aprovechó un feriado para desmantelar la planta ante la “vista gorda” del intendente de Almirante Brown, Mariano Cascallares.

Kicillof tampoco se olvidó de homenajear a las patronales que pudieron “aguantar”, aunque ese aguante fuera a cambio de despidos, rebajas salariales o suspensiones. Para empezar a solucionar la desocupación de millones habría que impulsar un plan de obras públicas controlado por los trabajadores y vecinos que, en forma colectiva y solidaria, definan un plan que responda a sus necesidades y con un salario igual a la canasta familiar.

En relación al tarifazo energético aplicado por Vidal luego de las elecciones, el gobernador dijo que lo dejaría sin efecto. Aunque luego aclaró que “habría que revisar y hacer un esquema justo”. Ni.

El presupuesto provincial, al igual que en el caso de Alberto, lo pateó para más adelante al igual que la emergencia educacional y de salud. Eso sí, se mostró impulsor de que el verano sea aprovechado por los vecinos para pintar las escuelas.

Kicillof terminó su discurso diciendo que su gobierno va a hacer historia. Lo que queda por verse es quiénes serán los ganadores y perdedores de la nueva “etapa histórica”.

Nos vemos el jueves próximo.







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