Cultura

ANIVERSARIO

La abolición de la esclavitud en Brasil

Se cumplen 128 años desde que la princesa Isabel I dictara la Ley Áurea, que declaraba extinta la esclavitud en Brasil, el 13 de mayo de 1888. La realidad brasilera, entre la continuidad y la ruptura.

Marisol Ruiz

de la secretaría de Acción Social, SUTE Mendoza - Lista Bordó/FURS

Viernes 13 de mayo de 2016 | Edición del día

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Ilustración: Augustus Earle

El comercio humano

Cerca de 10 millones de seres humanos fueron transportados a América, entre los siglos XVI y XIX, por buques ingleses, portugueses, españoles, franceses, holandeses, entre otros, para trabajar como mano de obra esclava. 4 millones de los que sobrevivían al cruzar el “verde mar de las tinieblas” –como llamaban los árabes al Atlántico–, fueron a Brasil (1). Allí el comercio humano floreció rápidamente. A un breve ciclo económico del palo brasil durante los primeros años de la colonia hasta 1530, le siguió el auge de la caña de azúcar como principal cultivo de exportación, que se extendió hasta comienzos del siglo XIX, cuando las plantaciones de café quitaron su lugar privilegiado al azúcar. Tanto las plantaciones de caña de azúcar como las de café, utilizaban mano de obra esclava en gran escala.

Cambios y continuidades

A comienzos del siglo XIX, cerca del 30% de la población en Brasil eran esclavos de origen africano y afro descendientes. Otro 30% lo constituían mulatos y negros libres (2).

Como institución social, la esclavitud se mantuvo a lo largo de casi todo el siglo XIX en Brasil, moldeando un modelo de racismo, que permeaba toda la sociedad. Logró sobrevivir a las crisis ocasionadas por la superación de la colonia, tras el establecimiento –inédito en la historia de las monarquías europeas– de la casa real de los Braganza en Río de Janeiro en 1808, huyendo de la invasión napoleónica a Portugal.

Sin embargo, estos cambios no significaron grandes rupturas para la población esclavizada, los cargamentos seguían llegando al puerto de la ahora metrópoli, Río de Janeiro, aunque también y con mayor intensidad a Bahía, Recife, Pernambuco y Maranhao. Las plantaciones seguían albergando a miles de esclavos, cuyos dueños calculaban su vida útil en alrededor de un año.

Tras la declaración de la independencia en 1822 y la constitución del Imperio de Brasil, se intensificaron los lazos con Gran Bretaña, que fue una de las primeras naciones en reconocer su independencia. Gran Bretaña, que había sido una gran comerciante de propiedad humana, comenzaba a tener –entrado el siglo XIX– intereses políticos y económicos en poner fin a la trata de esclavos (entre otros motivos, con el desarrollo de la revolución industrial aumentó la necesidad de nuevos mercados donde colocar sus mercancías). Estas presiones (calificadas como “colmadas de hipocresía” por Francia y otras naciones), se sumaron a los incipientes movimientos abolicionistas, de carácter mayormente urbano que florecieron en las primeras décadas del siglo XIX y a la influencia entre los esclavos, de la Revolución Haitiana.

La oligarquía propietaria, aumentó el número de esclavos que entraron a Brasil en los años previos a 1831, año en que se declaró ilegal este comercio. Así, entre 1800 y 1850 entraron un millón de personas en condición de esclavitud, 700.000 lo hicieron entre 1830 y 1850.

La atmósfera de mediados del siglo XIX pareció estar condicionada por las presiones británicas, la creciente influencia de las ideas liberales con ascendente en los movimientos abolicionistas y las revueltas, insurrecciones organizadas, crímenes de amos, etc., protagonizadas por los esclavos, que para la década de 1870 propiciaron las condiciones para el establecimiento de la Ley del Vientre Libre (1871) y más adelante en 1885, la ley que libertaba a los sexagenarios.

La influencia del “haitianismo”

A comienzos del siglo XIX, la influencia de la Revolución Haitiana de 1804 parece haber sido una seria preocupación para los sectores dominantes en Brasil. Avanzado el siglo, aumentaban las revueltas de esclavos, que incluían levantamientos, fugas masivas, establecimiento de comunidades de cimarrones en los llamados “quilombos”, etc. En 1838, 500 esclavos se insurreccionaron en una plantación, en lo que se conoció como el Levantamiento de Vassouras (3).

Los años 70 y 80 del siglo XIX, vieron crecer las ciudades de forma explosiva y con ellas la expansión de los sectores medios. No pocos autores coinciden en que el movimiento abolicionista, actuó como catalizador de cierto descontento de grandes sectores de la población.

Las asociaciones abolicionistas, contaban con la participación no sólo de ingenieros y abogados, sino también de operarios, tipógrafos, trabajadores marítimos, ferroviarios, etcétera.

Estos grupos de trabajadores, ligados a las acciones ilegales para la liberación de los esclavos, fueron forjando su incipiente organización que continuaría durante los primeros años de la República, promulgada en 1889.

La secuela de la esclavitud

La esclavitud no era sólo un sistema de explotación del trabajo, como institución social también profería una cosmovisión. Es difícil pensar en la integración a la sociedad brasileña de los antiguos esclavos después de 1888. Poco cambió en el trabajo en las plantaciones luego de declarado el fin de la condición jurídica de propiedad de una persona por otra. Menos cambios sufrieron el prejuicio, la diferenciación racial, la separación social (4).

Parafraseando a Martí, cuando en Nuestra América habla de las continuidades de la colonia en la república, la secuela de la esclavitud siguió viviendo en la república.

En 1930, Carlos Muzio Sáenz Peña, director del diario El Mundo, envía a un joven cronista y escritor a relatar sus vivencias desde Río de Janeiro (5). Después de un mes y medio en la ciudad, Roberto Arlt se percata, y cuenta con sorpresa en sus Aguafuertes Cariocas, que hacía sólo 42 años desde el fin legal de la esclavitud. Tardó en salir de su asombro, quizás el dolor le ganara a su incredulidad. Se debatió ante la posibilidad de entrevistar a algún antiguo esclavo. No se animó.

***

El pasado 18 de abril, luego de la sesión en la Cámara de diputados de Brasil que le dio luz verde al proceso de apartamiento del cargo y juicio político a la presidenta, Dilma Rousseff, Martín Granovsky titulaba una nota de opinión, “El golpe de los esclavócratas”. Ayer, un día antes de la fecha que recuerda esta nota, el senado terminó el trámite y consumó el golpe. Brasil entra en un período de incertidumbres y algunas certezas. Sin apoyar al gobierno del PT, como saben lxs lectorxs de este diario, es evidente la conspiración de los sectores dominantes, herederos de los esclavistas de otras épocas, para avanzar con reformas aún más neoliberales que las del PT. Tiempo, coincidencias, paradojas.

Notas:

1. Thomas, Hugh, La Trata de esclavos, historia del tráfico de seres humanos, 1440-1870, Barcelona, Ed. Planeta, 1998.

2. Leslie Bethell, “La independencia de Brasil”, en Leslie Bethell Ed., Historia de América Latina, Tomo 5, Barcelona, Cambridge University Press, 2000.

3. Jeffrey D. Needell, “La abolición de la trata de esclavos en Brasil en 1850. Historiografía, acción esclava y el arte del estadista”, en, Carlos Aguirre (coordinador), La abolición de la esclavitud en Hispanoamérica y en Brasil: nuevos aportes y debates historiográficos.

4. Weinstein Barbara, “La decadencia del plantador progresista y el auge del agente subalterno: cambios en las narrativas de la emancipación de los esclavos en el Brasil”, en Carlos Aguirre (coordinador), La abolición de la esclavitud en Hispanoamérica y en Brasil: nuevos aportes y debates historiográficos.

5. Arlt, Roberto, Aguafuertes Cariocas, Bs. As., Adriana Hidalgo Editora, 2013.








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