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La Uocra de Martínez: un sindicato eternamente oficialista y “modelo” de los empresarios

Desde que es secretario general, Gerardo Martínez se ha mantenido como eterno oficialista aunque los gobiernos cambien. Los bajos salarios, la precarización laboral, la informalidad y la dictadura patronal reinan en el sindicato que comanda el exintegrante del “Batallón 601” durante la dictadura.

Juan Manuel Astiazarán

@juanmastiazaran

Martes 27 de marzo | Edición del día

La Uocra que dirige el eterno Gerardo Martínez se sumó este lunes al famoso “club del 15 %”. Reunido en la sede del Ministerio de Trabajo, el secretario general de la construcción firmó un acuerdo salarial junto a la cámara empresaria del sector que contempla un aumento del 10 % en abril y el 5 % en agosto. Una verdadera miseria para los 456.000 trabajadores registrados en el sector y un motivo más que suficiente para que el Gobierno y los empresarios sigan celebrando el hecho de contar con los servicios de este eterno “oficialista”.

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Designado como cabeza del sindicato desde 1990, con Martínez se profundizó el modelo de bajos salarios, precarización, empleo no registrado y dictadura patronal dentro de la actividad.

La libreta de la dictadura

La “libreta de desempleo” es un acuerdo que establece el convenio que actualmente rige en el sector y fue firmado por Rogelio Coria, secretario general del gremio durante la dictadura de Onganía. El mismo establece descuentos mensuales sobre los salarios de los trabajadores que van a parar a un “fondo de cese laboral” que administra la cámara del sector y sirve para cubrir las indemnizaciones por despido. La empresa los echa cuando se le antoja y sin motivo alguno un día decide corta la entrada a la obra. Al trabajador le queda esperar la libreta, que encima la paga de su bolsillo con los descuentos mientras las patronales no ponen un peso.

Este modelo de precarización impuesto desde el onganiato se mantiene vigente hasta el día de hoy y es uno de los sueños empresarios que el Gobierno aspiraba a imponer por ley en la ahora congelada reforma laboral. Modelo a seguir por los que amazan fortunas, los trabajadores son los que ponen el lomo, dejan su salud y muchas veces sus vidas a costa de las ganancias de unos pocos.

Los servicios prestados

La relación entre la Uocra y las dictaduras militares no se limita al acuerdo entre Coria y Onganía. En febrero de 2010 fue entregado por el Ejército un listado de 4.300 personas, entre militares y civiles, que integraron el Batallón de Inteligencia 601: una unidad especial de inteligencia que actuó durante la dictadura genocida hasta 1985, caracterizándose por la infiltración y el espionaje ilegal para coordinar la represión. En aquel listado aparece el nombre de Gerardo Martínez, quien figuraba como agente civil de inteligencia al mismo tiempo que Anses lo registraba como empleado de la Uocra.

Un dato merece particular atención: mientras Martínez prestaba sus servicios en el gremio 105 obreros desaparecieron en todo el país, registrando 60 en la Capital Federal.

El poder acumulado por Martínez durante aquellos años en la estructura sindical lo consagró como Secretario de Organización en 1985, tras dos años del retorno de la democracia, cargó en el que ofició cuatro años hasta ser consagrado como Secretario General en 1990. Desde entonces, supo construir una relación cercana al poder de turno, teniendo relación directa con Carlos Menem, Néstor y Cristina Kirchner o ahora Mauricio Macri. Inversamente proporcional a esas relaciones han sido las condiciones laborales de los empleados de la construcción, quienes a lo largo de todos estos años vieron cómo se degradaban sus derechos en pos de las ganancias de los empresarios del sector y la tan aclamada “reactivación” económica.

Un techo para mi país

Tras los acontecimientos de diciembre por la reforma previsional, el gobierno de Cambiemos debió abandonar su plan de “reformas permanentes” y retornar al gradualismo. Congelado el proyecto de reforma laboral, Macri se propuso imponer un tope del 15 % a las paritarias y acudió a la ayuda de sus sindicalistas amigos para lograrlo. “Un techo para mi país” fue el lema del presidente que los sindicalistas amigos aceptaron gustosos. Armando Cavallieri (Comercio), Roberto Fernández (UTA) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) picaron en punta y fueron los primeros en cerrar aumentos dentro de las expectativas oficialistas.

El que dio la nota la semana pasada fue Víctor Santa María: el peronista “opositor” que conduce el gremio de los trabajadores de edificios cerró la paritaria más baja del país hasta el momento, con un lamentable 12% en dos tramos.

Finalmente este lunes 26 de marzo llegó la firma del siempre oficialista Martínez. Con este acuerdo alcanzado entre el ministerio, la cámara de la construcción y la Uocra, ya son dos millones los trabajadores bajo convenio colectivo encuadrados en la pauta prevista por el oficialismo.

Desde el sindicato de la construcción aseguran que además del 15 % hay que sumar al aumento anual el 3 % negociado por la “claúsula gatillo” de 2017: 1,5 % en febrero y 1,5 % a cobrarse en marzo. De esta manera, a partir del mes que viene los salarios del sector serán de $93,12 por hora para un Oficial Especial; $79,35 para un Oficial; $73,16 para un Medio Oficial y apenas $67,16 para un Ayudante. Contando el adicional del 20 % por “asistencia perfecta” (en el único caso de no registrar asistencia alguna), el sueldo neto de un Oficial Medio parte en el mes de marzo de $12.438,37.

Acuerdo febrero 2018 Cláusula Gatillo UOCRA CCT76-75 y 577-10 by La Izquierda Diario on Scribd

Con los milicos o en democracia; con el menemismo, el kirchnerismo o con el macrismo, Martínez siempre actuó contra los trabajadores. Tras 28 años de rifar los derechos de sus representados y siempre responsable de imponer mayores niveles de explotación y productividad, dinosaurios como él son los aliados fundamentales de un Gobierno que necesita como el aire el favor de la burocracia sindical.

El ataque contra el salario y las condiciones laborales de los trabajadores que emprende el macrismo depende del aval de las cúpulas sindicales. Los constantes arreglos y traiciones por parte de estos dirigentes refuerzan la necesidad de pelear por recuperar los sindicatos, para ponerlos como herramientas de lucha al servicio de los trabajadores.







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