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La UCR y el PJ, la junta que administra los negocios de los grandes empresarios bodegueros

La crisis cae sobre los trabajadores de viña y de bodega; los históricamente relegados por los empresarios bodegueros y sus políticos en esta provincia, con la complicidad de las burocracias sindicales.

Martes 12 de marzo | 00:00

Foto: el gobernador Cornejo en el desayuno de la Corporacion Vitivinicola Argentina - COVIAR

Esta nueva crisis cíclica de la vitivinicultura argentina, es presentada ante la sociedad por las fracciones de la clase dominante y sus representantes políticos, como una crisis de los pequeños empresarios viñateros que se encuentran en grandes dificultades para subsistir, y de los supuestos problemas que atraviesan los grandes jugadores de la “Industria madre” de Mendoza producto de los desajustes macroeconómicos, que les impiden desarrollarse y ser competitivos en el mercado vitivinícola mundial. Buscan asegurar sus negocios, y ocultar deliberadamente las brutales consecuencias que tiene esta crisis en la clase mayoritaria de la sociedad, que es la clase verdadera productora de las riquezas sociales (y que nada tuvo que ver en su gestación).

La crisis cae sobre los trabajadores de viña y de bodega; los históricamente relegados por los empresarios bodegueros y sus políticos en esta provincia, con la complicidad de las burocracias sindicales.

Para imponer esto, la clase dominante se basa también en un ideario históricamente construido por ella, que puede ser observado en los rutinarios guiones de la fiesta de la vendimia, en donde los trabajadores son presentados como meros elementos de una puesta en escena en la que la creación productiva del vino es presentada como resultante de “un acto divino”, en el cual pujan las fuerzas de la naturaleza, una tradición (ya muerta), y los designios protectores de la virgen María.

Los grandes bodegueros y sus políticos han buscado imponer la idea de una Mendoza pujante y limpia, de grandes emprendimientos bodegueros, con sus caminos del vino y sus conciertos, el glamur de grandes enólogos y de sus vinos, quienes invitan a participar y ser parte, aunque sea de prestado, en degustaciones o recorridas, a parte de la sociedad, de ese ostentoso glamur.

Pero inevitablemente la crisis desnuda todas las contradicciones, y la bronca y el cuestionamiento de los trabajadores, no tardará en hacerse escuchar.

En este trabajo intentaremos arrojar luz sobre los aspectos centrales de la crisis vitivinícola, el rol de los grandes empresarios bodegueros en esta crisis, así como también de los gobiernos tanto radicales como peronistas. Por último, sobre cuáles son las propuestas programáticas que levanta el Frente de Izquierda para dar una salida progresiva a la crisis desde la perspectiva de los intereses de los trabajadores.

Los orígenes de la crisis y sus responsables

Inevitablemente, para dar un marco de comprensión general al lector, y que con estas herramientas pueda tener elementos más claros para analizar las fuerzas políticas y sociales actuantes. La primera parte de este articulo buscará sintetizar de la manera más concisa (pero sin perder su carácter científico), sobre la situación de esta rama industrial en los últimos años; contemplando específicamente el ciclo posterior correspondiente a la llamada “reconversión vitivinícola argentina” iniciada a mediados de los 90´. Para ello se utilizaran estadísticas y estudios de los principales organismos técnicos y gremiales que han aportado información al respecto (como son el Instituto Nacional de Vitivinicultura, la Universidad Tecnológica Nacional, la Corporación Vitivinícola de Argentina), así como también estudios de historiadores y profesionales dela provincia en esta materia.

Los orígenes del ciclo

Luego de la reconversión vitivinícola posterior a la década del 90, y con mayor profundización luego de los 2000, la vitivinicultura Argentina y en especial la de Mendoza, abrió una etapa de sostenidos negocios: reconversión y modernización productiva, tecnificación de viñedos, aumento de las exportaciones y crecimiento de la participación del vino argentino en el mercado mundial, e inversiones extranjeras en el sector.

La crisis de Lehman Brothers iniciada en 2008 en EEUU, empezó a repercutir en la vitivinicultura argentina así como en el conjunto de la economía nacional en 2011, revirtiendo la tendencia alcista de esta rama industrial, ya que actuaron combinadamente diferentes tendencias:

La crisis mundial, golpeó en el inicio con fuerza a algunos de los principales países elaboradores de vino en el mundo, principalmente España, Italia y Portugal. Una industria de gran desarrollo de estos países, un mercado del consumo de vino mundial en contracción y una situación al interior de sus fronteras de crisis económica; llevó a los grandes capitalistas bodegueros de Europa a impulsar una campaña comercial ofensiva en el mercado mundial, compitiendo en los mercados emergentes con productos de tradición y a valores muy inferiores a los que podía sostener la Argentina.

Mientras que en Argentina, la inflación creciente desde el año 2012, en contradicción con la imposibilidad de las bodegas exportadoras de trasladar los precios en aumento a los mercados internacionales, tuvo como consecuencia la pérdida paulatina de los mercados que habían sido conquistados en el extranjero.

Como tercer elemento, fue la vitivinicultura argentina una de las que más padecieron en el mundo, producto también de un escaso desarrollo del sistema productivo general, ligado al transporte y las comunicaciones (con transporte terrestre en camión, puertos lejanos, etc) que sobre encarece los precios de los vinos y les quita competitividad en los mercados externos.

La crisis de sobre stock vínico

Fue así que posteriormente a 2012, con la caída en la exportación de vinos, sumado a un descenso sostenido en el consumo de vinos en el mercado interno, se fue gestando una crisis de sobre producción vitivinícola.

Según distintos informes, discutidos en las cámaras empresariales más importantes del sector y en las agencias gubernamentales, en las bodegas de Argentina existía hasta mediado de 2016 un excedente de más de 200 millones de litros de vino producto de la profundización de la caída de las exportaciones de vinos argentinos al exterior, principalmente a Brasil, acumulando un sobre stock de vinos que no podían ser absorbidos en un deprimido mercado interno, y que complicaban a la industria de conjunto porque presionaban fuertemente a la baja el valor del litro de vino y del kilo de uva.

Sin embargo, muchas fueron las sospechas que surgieron y las voces que alertaron sobre una posible manipulación estadística de los datos de informe de cosecha 2014 y 2015, brindados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) que podían tener el objetivo de especulación.

Con este panorama general, en marzo de 2016 año apreció un nuevo informe, esta vez elaborado por la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) denominado “Análisis Integral de la Vitivinicultura Argentina. Nuevos Escenarios y acciones público-privadas”. En una de sus partes, este trabajo señala que “entre 2006 y 2014, las 20 primeras empresas comercializadoras de vino sufrieron modificaciones en sus stocks. Si consideramos que un stock de seguridad promedio debería ser de aproximadamente 4 meses de ventas, el stock de seguridad de las 20 firmas principales debería ser de aproximadamente 3 millones de hectolitros en 2015. No obstante, esto no sucedió. De los 20 fraccionadores principales el stock fue de 7,3 millones de hectolitros, mientras que el stock de seguridad estimado en función de las ventas debería ser de 3 millones de hectolitros, por lo cual se puede decir que los 4,3 millones de hectolitros (430 millones de litros) restantes corresponden a stocks de anticipación/especulación”.

Esta investigación aportó elementos importantes para entender que fueron las principales 20 grandes bodegas quiénes fueron las que, aprovechando los precios bajos y especulativamente, acopiaron gran parte de este excedente.

En el inicio del ciclo descendente posterior a 2012, los grandes capitalistas bodegueros comenzaron a recurrir a distintas formas de presión y lobby para mantener sus ganancias, además de pedidos de devaluación de la moneda al gobierno para poder mantener los precios de los vinos dolarizados en el extranjero, realizaron un verdadero chantaje hacia los sindicatos y productores. Con la excusa de stocks de vinos en expansión y la baja de la rentabilidad, impusieron a través de sus distintas cámaras empresariales (UVA, Bodegas de Argentina) un amesetamiento de los salarios; y de los precio de la uva durante 4 años 2012 - 2015 (periodo marcado por el aumento de la inflación, en promedio del 20% anual).

Las peores cosechas en 56 años

Para 2016 se fue gestando lo que a la postre terminó siendo la peor cosecha en 56 años; centenares de productores (sobre todo del este) que venían muy golpeados por la sostenida pérdida de rentabilidad, no pudieron afrontar los costos de las tareas esenciales de curación y mantenimiento de los viñedos, quedando a merced de las inclemencias climatológicas y de la naturaleza de ese año.

Para dimensionar, en 2015 la cosecha de uvas en todo el país fue de 23.379.911 quintales, reduciéndose a 17.026.428 quintales en 2016. Esto significó una merma cercana al 29% interanual. Para la elaboración de vinos, los números fueron aún peores, pasando de 1336 millones de litros elaborados en 2015 a 875 millones en 2016. Una merma del 34% (461 millones de litros menos).

El año 2017 registró un leve repunte de la producción de uvas, pero esa cosecha también se ubicó entre las peores de las últimas décadas.

De la acumulación de sobre stocks a la importación de vinos. Nueva maniobra especulativa

Como consecuencia de esas pobres cosechas 2016 - 2017, se produjo una liberación de los precios que venían siendo contenidos (pese a los años inflacionarios) justamente por las empresas formadoras de esos precios con el argumento de los sobrantes vínicos; provocando un salto enorme en el precio de los vinos, llegando a ser los vinos embotellados uno de los productos en góndola que más aumentaron en el periodo de esos 2 años (de 90% a 112% promedio). Utilizando ese salto las grandes bodegas acopiadoras, pudieron comercializar los saldos de sus vinos a inmejorables precios.

Pero también, para impedir saltos aún más pronunciados en los valores, y poder mantener sus negocios de exportación, de venta masiva a bajos precios en el mercado interno, y contener los precios en la compra de uvas de la cosecha 2018, los grandes bodegueros recurrieron a la importación de 100 millones de litros, principalmente desde Chile. Maniobra que fue denunciada por múltiples actores, principalmente las asociaciones de pequeños productores quienes veían como esto iba a significar un nuevo argumento para pagar precios de la uva de miseria nuevamente en la cosecha 2018.

Al mismo tiempo, lograron imponer con la ayuda inestimable del gobierno, un acuerdo paritario vitivinícola de un magro 15% de aumento anual (cuando en la negociación habían acordado entre sindicatos y bodegas un 20%, e intervino el propio Ministerio de Trabajo para evitar que no superara el 15%). Y luego, con reajustes hechos en octubre de ese año por la inflación incontenida, los sueldos de los trabajadores del vino solo se recuperaron hasta el 28%; resultando ser este acuerdo uno de los peores a nivel nacional, con una pérdida de casi 22 puntos en los ya miserables sueldos de trabajadores de bodega y viña, que los ubican muy por debajo de la línea de la pobreza, donde trabajadores iniciales apenas alcanzan salarios superiores a los $14.500.

El fondo “anticíclico” y el nuevo negocio para los grandes empresarios bodegueros

El 2019 inicia con nuevo supuesto sobre stocks de 300 millones de litros, el consumo de vinos en el mercado interno en su piso histórico con algo más de 18 litros por persona anuales, y la amenaza de las bodegas de comprar la uva a los productores a valores similares o inferiores a los valores del año pasado, en un periodo inflacionario cercano al 50%. Lo que encendió una gran alarma y la movilización en asambleas entre los productores en distintos puntos de la provincia, en reuniones con distintos políticos.

Con la amenaza de la explosión de una crisis de envergadura al final de su mandato, el gobernador Cornejo buscó presentar de apuro, para evitar el costo político de ser el gobierno del quebranto de cientos de productores, una propuesta de intervención y regulación desde el estado, con un mecanismo de asistencia financiara llamado algo pretenciosamente “anticíclico”. Y en una misma maniobra, derivar a las asociaciones de productores que estaban ejerciendo cada vez mayor presión sobre su figura ante la cercanía de la cosecha y la falta de respuestas, a los partidos de la oposición para que aprueben su proyecto (especialmente al PJ); en un intento de presentar a su gobierno como el de un “gestor responsable”, buscando alejar la enorme responsabilidad que le cabe como presidente del partido que dirige, en su alianza estrecha con el gobierno nacional de Mauricio Macri y sus políticas de ajuste y entrega al gran capital, que inciden de manera directa y total en la crisis de la industria vitivinícola.

Y la respuesta del PJ fue la de apoyar en sus fundamentos centrales, pese al inicial fuego de pirotecnia electoral de la Dip. Nacional Kirchnerista Fernández Sagasti, quien no dejó de aprovechar la ocasión para, en una puesta en escena y un programa totalmente vago, mostrarse en una conferencia de prensa como acto de inicio de campaña electoral en pos de su candidatura por la gobernación provincial bajo ese partido.

Así fue entonces que el pasado miércoles 27 de febrero, la legislatura mendocina terminó de aprobar un proyecto de ley llamado: "Programa Plurianual de Estabilización para la Vitivinicultura" con el acuerdo de todos los partidos burgueses y los grandes empresarios, y con la única oposición clara del Frente de Izquierda.

Este proyecto prevé disponer de $ 3.200 millones, de los cuales $ 1.600 millones serían de partida presupuestaria (distribuidos en cuatro años) y $ 1.600 millones se sumarían con toma de deuda y según los firmantes, “busca contemplar medidas para acotar stocks vínicos, y promover una mayor rentabilidad para toda la cadena de valor”.

Presentando al estado como un organismo de intervención imparcial, pero en negociación con la gran burguesía vitivinícola, todos los partidos del régimen, y en especial la UCR y el PJ, terminaron acordando la aprobación de un proyecto de ley que significa una millonaria transferencia indirecta de dinero a los grandes grupos bodegueros que, con la especulación realizada en los últimos años (con sobre stock para presionar a la baja el precio de la uva y del vino en su momento y así sostener el negocio exportador por la imposibilidad de transmitir esos valores directamente a los precios de exportación, y luego, con dos de las peores cosechas de uvas consumadas y la venta a precios disparados de los vinos sobre estoqueados, con la importación de vinos a granel para evitar la disparada de los precios nuevamente) fueron actores de primer orden en la situación crítica que viven todos los trabajadores vitivinícolas, y también cientos de contratistas y pequeños productores.

Estos beneficio los logra la “sacro santa” burguesía bodeguera, ya que ha logrado dominar e instaurar su poder con total firmeza a lo largo de décadas, sin que ningún cambio de personas y de partidos políticos logre conmoverla; saben perfectamente que la envoltura de la democracia para ricos del PJ y la UCR, es la mejor envoltura para mantener su poder y sus negocios. Como lo declaraba en una entrevista a la radio provincial MDZ, en un tono de total tranquilidad, el propio presidente de la cámara empresarial bodeguera más grande de Argentina (Bodegas de Argentina) Walter Bressia, en los momentos previos al cierre de la negociación para que se aprobara el proyecto enviado por ejecutivo, y en la cual afirmaba que desde hacía un mes ya venían en negociaciones con Cornejo, demostrando que este proyecto más que el proyecto del gobernador de Mendoza es el proyecto de los grandes bodegueros:

- ¿Qué les dijo Cornejo en la reunión de hoy?

  •  Estuvimos charlando con él para acordar los puntos. Lo veníamos tratando hace más de un mes, viendo qué compromisos podríamos tomar desde las bodegas, y hemos llegado a un consenso general.

    - ¿Qué compromiso tienen que asumir los bodegueros?

  •  Son varios puntos. Sobre todo lo que tiene que ver en desarrollo de exportaciones y no importar vinos en determinados tal nivel de stock. Además está el compromiso de compra de ciertos volúmenes de uva.

    - ¿La oposición pone trabas por el endeudamiento?

  •  Hemos tenido ya dos reuniones con el bloque justicialista esta semana. Nos hicieron ver su opinión, en ningún momento se opusieron. Hoy nos reunimos con la otra parte, de unidad ciudadana, y también está el compromiso de ambos que es de colaborar con esta situación difícil.

    Hay predisposición, la verdad es que cada vez que hemos recurrido desde el sector al gobierno hemos encontrado una buena respuesta, así nos pasó con el impuestos interno, con el tema del impuesto al champagne, con lo que fue el tema de la lobesia que fue tan grave, y en este caso igual, creemos que vamos a encontrar una solución también y vamos a poder encauzar esta situación.

    Apertura de los libros contables de las grandes bodegas, como inicio de un programa independiente de los trabajadores que desenmascare el complot de los empresarios contra la sociedad, y avance hacia el control obrero de la producción vitivinícola

    El engaño y las mentiras de los empresarios, que fueron los que tuvieron ganancias millonarias durante el ascenso del último ciclo vitivinícola, y que desde hace unos años utilizan la crisis para hacer grandes negocios a través de la especulación, o que aprovechan el quebranto de bodegas y viñedos para hacerse a precios de remate de los mismos, y producir una concentración nunca antes vista en la industria del vino de Argentina, es una situación que conocen desde hace tiempo los trabajadores de las grandes bodegas y de viñas, quienes observan las diferencias que existen entre la opulencia y los lujos de sus patrones y sus bodegas, en contraste con sus situaciones de vida; de las cantidades containers diarios de vino que despachan para exportación; del precios que tienen muchas de esas botellas que producen con sus propias manos y que, en ocasiones, equivalen cada una, a una jornadas entera de sus trabajos.

    Pero ahora incluso las voces de bronca contra los grandes grupos bodegueros se escuchan cada vez más en las asambleas de pequeños productores del Este y del Valle de Uco. Discurso que empiezan a utilizar demagógicamente políticos de los partidos que defienden este sistema que beneficia a los empresarios, a quienes se les ha escuchado decir en el parlamento provincial y ante las cámaras, hablando de “vivillos que se han quedado con todas las riquezas” como lo hacen fiel a sus histrionismo de ocasión los legisladores de Protectora; o diputados y senadores con pertenencia de clase con los pequeños productores, que hablan de esta situación en voz baja y huidizamente, con temor a que se les escuche demasiado.

    Pero el plan anticíclico acordado no es más que, parafraseando a Trotsky, tratar de vaciar el océano de la anarquía productiva de la industria vitivinícola, con la cuchara de la planificación burocrática. No es más que un tímido intento de regulación que choca y chocará insuperablemente con el gran capital bodeguero, que a través de múltiples mecanismos de lobby, de presión, de negociación cartelizada, de acuerdo de precios, de prebendas con bancos y políticos, logrará sacar el mayor rédito económico de este “plan anticíclico” para asegurar mayores fortunas, sin importarles en los más mínimo (como ya lo vienen haciendo históricamente) la situación de los trabajadores de viña y de bodega, ni la suerte de los pequeños productores.

    Es por eso que los Manzur, Sagasti, Parisi, Ramón o Cornejo, pueden tibiamente patalear, hacer denuncias de fuegos de artificio, rosquear y ensayar parches financieros, pero lo que nunca van a hacer es avanzar contra el secreto comercial de los especuladores bodegueros, de aquellos que con múltiples maniobras se han valido de la situación de crisis para acrecentar sus fortunas, que con sus gremios empresariales como son Bodegas de Argentina (BA) y la Unión Vitivinícola de Argentina (UVA), complotan día a día contra la sociedad de conjunto, contra los trabajadores y los consumidores; ocultando con ello la mecánica de la explotación, del saqueo y el engaño.

    Entre los grandes empresarios bodegueros no existen los secretos, todo lo contrario. En sus reuniones definen cual tiene que ser el valor del kilo de uva y el precio del vino. Cuánto tiene que ser el salario de los trabajadores de las bodegas y de las viñas. Dan instrucciones a sus miembros paritarios comunes en las negociaciones salariales con los sindicatos. Idean las maniobras y recursos legales para perjudicar a los trabajadores. Definen los mecanismos de lobby para presionar a los gobiernos de turno para obtener rebajas impositivas o subsidios millonarios para exportar o capitalizarse, para obtener créditos a tasas especiales, etc.

    La apertura de los libros contables de los grandes grupos bodegueros es por esto una demanda esencial y necesaria, como lo denunciaba en su intervención el Senador por el PTS en el Frente de Izquierda, Lautaro Jiménez, en la sesión en la que finalmente se terminó de aprobar este proyecto que beneficia a los grandes bodegueros.

    El legislador planteó: ”Hay medidas urgentes que tomar, si plantean que hay una crisis, realmente en las cuentas, y que por eso plantean que no pueden pagar un precio mejor a los productores, es urgente que esas 20 grandes bodegas abran sus libros de contabilidad y demuestren realmente cual son los flujos comerciales que tienen y como están especulando con los sobre stocks. No se puede tener una información sesgada y terminar enterándonos de las cosas uno o dos años después, por los estudios privados que les garantice el anonimato que hace la COVIAR (Corporación Vitivinícola Argentina), que da las cifras, dan los números, pero por supuesto no dan los nombres de los responsables de esas especulaciones. Esos libros de cuentas se tienen que abrir, se tienen que exponer (…). Solamente con medidas de emergencia de ese tipo se va poder avanzar y establecer un control de los trabajadores sobre la cadena vitivinícola en un contexto de crisis, un control de los pequeños productores. Si no, se va a seguir con este círculo vicioso en lo que lo único que ha ganado es la concentración de la industria vitivinícola (…). Los trabajadores tienen que prestar atención y tienen que tomar un programa independiente de estos sectores empresariales, no hay una solución de la mano de los Balbo, de la mano de los centros de viñateros, totalmente asociados a la representación política que siempre ha gobernado para los ricos”.

    Solamente la movilización y organización independiente de los trabajadores vitivinícolas, en unión con el resto de los trabajadores, forjando sus propias organizaciones políticas, como plantea el Partido de los Trabajadores Socialistas, va a ser el camino para terminar con la anarquía capitalista, la miseria de la sociedad, y la explotación patronal.







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