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La Semana Trágica, la lucha de clases y el impacto de la Revolución rusa

La historia demuestra que la lucha de los trabajadores no reconoce fronteras. La revolución de los obreros y campesinos alentó la rebelión de los explotados en el mundo.

Alicia Rojo

CEIP "León Trotsky"

Lunes 9 de enero | Edición del día

En enero recordamos la llamada Semana Trágica de 1919, un hito de la historia de la clase obrera argentina.

Fue uno de los episodios más importantes de la lucha de clases en el país inscripta en el ascenso de la conflictividad obrera que se dio entre los años 1917-1922. Los hitos de este ascenso fueron, además de la Semana Trágica, las huelgas de La Forestal y las de los peones rurales de la Patagonia (1920-1922), y una serie de huelgas como las de los marítimos y ferroviarios, temas que son desarrollados en nuestro libro de Ediciones IPS de reciente aparición “Cien años de historia obrera en Argentina 1870-1969”.

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“El fantasma de la revolución…

Las clases dominantes en la Argentina respondieron a este ascenso con la represión abierta, denunciaron a los bolcheviques y los anarquistas en cuyos nombres y figuras tomaron forma todos los fantasmas que las acechaban, creyeron ver soviets en las calles porteñas, enviaron contra ellos a los “cosacos”, organizaron “progroms” contra trabajadores judíos, eran los “rusos” que traían ideas extranjerizantes que atentaban contras las tradiciones nacionales.

La publicación El Diario describía así la situación en los días de la Semana Trágica “Paro general de vehículos y toda clase de transportes. El subterráneo no circula. Los tranvías tampoco. Imposición de los huelguistas. Mucha alarma en la ciudad. Atentados numerosos. El nuevo jefe de policía desacatado y burlado”. “Como consecuencia de estos lamentables sucesos, los gremios se agitan y no sería extraño que se apresurara la huelga de que se viene hablando (…) Como se ve la agitación obrera va in crescendo, motivo por el cual el gobierno debe tomar las medidas que la prudencia aconseja para reprimir las agresiones y otros excesos equivocados” y advierte: “Su presencia (de “los conspiradores rusos”) en el estallido es el resultado, más que nada, de los sucesos de Europa, como lo prueba el hecho de haberse fundado en Buenos Aires, ni bien fuera derrocado el régimen imperial en Rusia, un comité de obreros y soldados, a imitación del de Petrogrado”.

A comienzos de 1919 se vivía en todo el mundo el impacto de la Revolución rusa de 1917. Este fue el acontecimiento político y de la lucha de clases más importante del siglo XX. A partir de entonces nada fue igual. Por primera vez los trabajadores derrotaron a la burguesía y comenzaron a construir un Estado propio, basado en los consejos de obreros, soldados y campesinos, los soviets. El proletariado del mundo entero, desde Europa hasta América, desde Asia al África, se conmovió por esta primera revolución obrera y socialista triunfante. Los revolucionarios rusos, los bolcheviques de Lenin y Trotsky, atraían las simpatías de millones de trabajadores que la veían con esperanza. La Revolución rusa abrió la herida más profunda para el capitalismo, mostrando la posibilidad histórica de una sociedad socialista.

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Recorre el mundo…”

En Europa el año 1919 comenzó con el estallido de la Revolución alemana en los primeros días de enero; en Italia, un importante proceso huelguístico inició un proceso revolucionario que se extenderá hasta 1920. En marzo, se instauró la República Soviética Húngara. Importantes procesos se dan en Inglaterra y Francia y otros países del mundo.

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En todo el planeta, la Revolución rusa conmocionó a las corrientes políticas del movimiento obrero y a sectores del movimiento estudiantil y de intelectuales. En la Argentina se había iniciado en 1918 un movimiento de reforma en la Universidad. Comenzado en Córdoba, el movimiento estudiantil encontró ecos en el resto de América Latina y, como consecuencia del movimiento reformista, la mayoría de las universidades incorporan en sus estatutos el cogobierno docente-estudiantil y la docencia libre. Y seguiría con las acciones protagonizadas por un movimiento obrero que enfrentaba a las patronales y al Estado, como hemos referido.

El país capitalista que se fortalecía como potencia hegemónica en el mundo no quedó al margen del impacto. En Estados Unidos, en el marco de la represión estatal contra las organizaciones sindicales y los militantes de la izquierda que se opusieron a la guerra mundial, se desarrolló una oleada de huelgas en 1919. A comienzos de ese año 35.000 trabajadores de los astilleros en Seattle se declararon en huelga por aumento salarial y el proceso culminó en la huelga general, también abandonaron el trabajo 350.000 trabajadores de la siderurgia. En Nueva Inglaterra y Nueva Jersey fueron a la huelga 120.000 trabajadores textiles y en Paterson (Nueva Jersey) pararon 30.000 trabajadores de la seda. Lo mismo hicieron en Nueva York los fabricantes de puros, los camiseros, los panaderos, los camioneros y los barberos.

Ese año, un escritor de The Nation comentó: “El fenómeno más extraordinario de la época actual es la revuelta sin precedentes de la gente común. En Rusia, han destronado al zar, en Corea, la India, Egipto e Irlanda, mantienen una inquebrantable resistencia a la tiranía política. En Inglaterra, aunque tuvieron que oponerse incluso a sus propios representantes, provocaron la huelga de ferrocarriles. En Nueva York, dichas revueltas populares provocaron la huelga de estibadores desafiando a los dirigentes de los sindicatos... El hombre de la calle ha perdido la confianza en el viejo liderazgo y ha experimentado un nuevo sentimiento de confianza en sí mismo.

Son estos solo algunos ejemplos que el siglo XX brinda para recoger las valiosas lecciones que la historia ofrece para la lucha de los oprimidos.

La revolución y el internacionalismo obrero

Es que la historia demuestra que la lucha de los trabajadores del mundo no reconoce las fronteras que los Estados capitalistas han levantado. La revolución de los obreros y campesinos rusos abrió la perspectiva de un cambio revolucionario en todo el mundo alentando la lucha de los explotados. Las divisiones entre los trabajadores y la imposibilidad de la transformación de la sociedad capitalista son falsos sentidos que las clases dominantes imponen para debilitar esa perspectiva. Un proceso revolucionario en un país del mundo puede debilitar al capitalismo y alentar la lucha en otros países.

El movimiento obrero y los sectores populares debemos recuperar las lecciones de la historia para estar a la altura de los procesos de la lucha de clases que la crisis capitalista desatará en el mundo. La Revolución rusa es un proceso repleto de estas lecciones, este año en que recordamos su centenario será una gran oportunidad para recuperarlas y recrearlas.

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