Cultura

77 ANIVERSARIO

La Rosa y el León: los asesinatos de Rosa Luxemburg y León Trotsky

Dos asesinatos políticos a dos grandes personalidades revolucionarias del siglo XX. La Rosa y el León: la obra de un pintor italiano sobre dos vidas que se cruzan.

Josefina L. Martínez

Historiadora | Madrid

Domingo 20 de agosto | 19:56

Fotos: obras de Giangiacomo Spadari

En 1972 el pintor italiano Giangiacomo Spadari presentó “La rosa e il leone”, una muestra sobre los asesinatos de Rosa Luxemburg y León Trotsky. En una biblioteca madrileña descubrí un ejemplar del libro, editado por la galería Schwartz de Milán en ocasión de dicha exposición. Veinte obras del pintor italiano sobre las figuras de Luxemburg y Trotsky, sobre sus asesinatos y sus asesinos.

La muestra gráfica combina fotografías, técnicas de solarización y una explosión de color, cruzando planos y abriendo una reflexión sobre las afinidades electivas de estas dos grandes personalidades revolucionarias del siglo XX.

Los asesinos

La Rosa roja. Un golpe con la culata del fusil sobre su cabeza, un grito, ella todavía se resiste. Un tiro en la nuca termina con su vida. Rosa Luxemburg. “Una de las mentes más brillantes entre los herederos científicos de Marx y Engels”, había dicho sobre ella Franz Mehring. Que fuera una mujer la que portaba esa mente sobre sus hombros era una ofensa adicional para sus enemigos.

Aniquilar a la Rosa Roja y a Karl Liebknecht: la voz y el fuego de la revolución en las calles de Berlín. El 15 de enero de 1919 el cuerpo de Rosa fue tirado al río. Esa noche de invierno se hundió en la oscuridad y su cadáver apareció varios meses después. El mismo tratamiento recibió Liebknecht, el hombre que se levantó sobre una tribuna para desafiar la traición socialdemócrata y enfrentar la carnicería imperialista.

Los soldados del Freikorps ejecutaron los crímenes, pero el gobierno de los socialdemócratas Noske y Ebert los promovieron. Querían terminar con la insurrección de los consejos obreros, cortarles la cabeza. Las calumnias previas, las campañas contra la “Rosa la sangrienta”, líder de los espartaquistas, prepararon el terreno.

El León indomable. Un 20 de agosto de 1940 una serpiente enviada por Stalin ejecutó su misión. “En esa tarde del 20 de agosto, un asesino profesional de la siniestra GPU o NKVD, la cual la mera mención de sus iniciales hacía temblar a cualquier ciudadano soviético, llevó a cabo un plan pérfido y traicionero que había sido cuidadosamente desarrollado. Bajo el pretexto de corregir un artículo, el asesino logró acceder al estudio del creador del Ejército Rojo. Cuando los dos hombres estuvieron solos, el asesino lo atacó por la espalda, blandiendo un picahielo de acero afilado con un mango corto, utilizado por los montañistas. En unos segundos, fue destruido el cerebro de uno de los luchadores más brillantes por la causa del socialismo”, escribió tiempo después Esteban Volkov, nieto de León Trotsky. Un grito ensordecedor sacudió el último refugio del León en México, después de haber cruzado océanos y fronteras. Todos corrían, pero él todavía daba instrucciones para capturar al asesino, para detenerlo vivo.

Como una repetición trágica pero aumentada de aquel crimen que antes cometió la socialdemocracia, la burocracia estalinista ordena y planifica el asesinato de Trotsky, culminación del proceso de aniquilación masiva de revolucionarios y opositores en la URSS y en la Internacional. Ambos asesinatos fueron promovidos por una burocracia que había emergido del seno del movimiento obrero, pero se había vuelto en agente del Estado capitalista en sus filas para preservar el orden.

Algunas de las pinturas de Spadari retratan al asesino de Trotsky, Ramón Mercader, entrenado por los estalinistas en España, alistado en Moscú. Una de las obras de Spadari se titula “Il mandante” y muestra a Stalin detrás de su agente.

Los amigos

Rosa Luxemburg nació el 5 de marzo de 1871, el mismo año de la Comuna de París. Murió asesinada a los 47 años en Berlín. Comenzó a militar a los 15 años en el movimiento socialista polaco y poco después se iba a transformar en una de las revolucionarias más grande de todo el siglo XX.

En su entierro marcharon miles de trabajadores y trabajadoras. En una de sus obras, Spadari aplica la técnica de solarización y ensamble sobre fotografías del entierro de Rosa Luxemburgo: una multitud en las calles homenajeando a la revolucionaria. En otras aparecen Rosa y Liebknecht, fragmentos de la ciudad, los obreros insurreccionados en Berlín.

En 1940, una multitud de más de 100.000 obreros recorre las calles de México para vivar al gran dirigente junto a Lenin de la Revolución rusa, el organizador del ejército rojo, el incansable revolucionario, el principal enemigo de la burocracia. En la obra de Spadari aparecen el profeta armado y el profeta desarmado (en alusión a la obra biográfica de Deutscher), Trotsky y Lenin, la tumba de Trotsky en Coyoacán.

Fragmentos que se superponen en la potente obra gráfica del artista italiano, que con múltiples capas logra superar las dos dimensiones del lienzo para proyectar una imagen con profundidad histórica.

Afinidades electivas

En ocasión de la Revolución rusa, Luxemburg había esbozado un trabajo muy crítico sobre los acontecimientos, que culminaba con palabras de admiración y afinidad por la obra de los bolcheviques:

“Lenin, Trotsky y sus amigos fueron los primeros, los que fueron a la cabeza como ejemplo para el proletariado mundial; son todavía los únicos, hasta ahora, que pueden clamar con Hutten: “¡Yo osé!” Esto es lo esencial y duradero en la política bolchevique.”

Poco después, en enero de 1919, León Trotsky se ve obligado a emprender la amarga tarea de escribir sobre el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg:

“Junto al de Karl Liebknecht, el nombre de Rosa Luxemburg se conservará para siempre en los fastos del movimiento revolucionario universal. ¿Conocéis las leyendas sobre los santos y su vida eterna? Estas historias se basan en la necesidad que tienen los hombres de conservar la memoria de quienes, como líderes, les han servido honesta y verazmente; necesitan inmortalizarlos envolviéndolos en una aureola de pureza. Camaradas, nosotros no tenemos necesidad de tales leyendas; no necesitamos canonizar a nuestros héroes, nos basta la realidad de los acontecimientos que estamos viviendo, por sí misma legendaria, que pone de manifiesto la fuerza de espíritu de nuestros dirigentes y forja unos caracteres que destacan sobre el resto de la humanidad.”

La Rosa y el León: dos vidas que destacan en la lucha por la revolución y el combate a la burocracia, dos figuras heroicas y profanas de nuestro tiempo que inspiran a nuevas generaciones.

La obra de Spadari, prácticamente desconocida en las últimas décadas, representa una viva reivindicación a través de la mirada de un artista y una reflexión sobre la convergencia, profunda y contradictoria, entre el arte y la revolución. A 77 años del asesinato de León (y 98 años del de Rosa), un hermoso homenaje.






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