Internacional

100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA

La Revolución rusa de 1917: La conquista del poder

9 de septiembre / 27 de octubre. Las horas decisivas de la Revolución rusa. Un repaso a la preparación de la conquista del poder por el proletariado en 1917.

Antonio Liz

Historiador, Madrid

Martes 24 de octubre | 20:15

El fallido golpe de estado del general Kornilov en agosto ha posibilitado que los bolcheviques se recuperen totalmente del momento contrarrevolucionario que trajeron las Jornadas de Julio. Esta recuperación política, proveniente de que los bolcheviques son los portavoces de las necesidades materiales y políticas de los obreros, marineros y soldados (campesinos de uniforme), va a escenificarse en el incremento de concejales bolcheviques en las Dumas municipales y en la obtención de la mayoría en la elección del nuevo Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado, que ocupa la centralidad del escenario político revolucionario.

El 9 de septiembre se llama a elegir al nuevo Comité Ejecutivo, que hasta ahora ha sido de mayoría eserista-menchevique, bloque que nunca ha querido saber nada de darle “Todo el Poder a los Soviets”, como piden reiteradamente la mayoría de obreros, soldados y marineros y sus portavoces políticos, los bolcheviques. Las elecciones se producen en el Smolni, un palacete neoclásico que había servido para instruir a las señoritas de la nobleza y que es la sede de los Soviets desde la segunda quincena de julio. Se reúnen cerca de 1.000 diputados de obreros y soldados elegidos en las fábricas y en los cuarteles. El ambiente político es muy tenso porque se trata de decidir la orientación política del Soviet más importante de la Rusia democrática, cuyo régimen aún no ha dado solución a las peticiones populares de paz, pan y tierra. Se decide que una vez que el delegado deposite el voto salga por la puerta para poder así controlar cómodamente la votación. Los bolcheviques no las tienen todas consigo, como relatará el propio líder de los bolcheviques en el Soviet, Trotski. No obstante, los resultados van a ser favorables a los bolcheviques que obtienen para su candidatura 519 votos por 414 para el bloque eserista-menchevique. Habrá 67 abstenciones.

El líder del bloque eserista-menchevique, Tsereteli, no se lo acaba de creer. Está estupefacto. Esta votación ponía en manos de la política revolucionaria el Soviet más importante de Rusia, que se verá refrendada eligiendo a Trotski días después, el 23 de septiembre, como presidente del Soviet. Rápidamente el estratega de la revolución, Lenin, el líder natural de los bolcheviques, lee la nueva coyuntura política y ya el 14 de septiembre le envía una carta al Comité Central del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (bolchevique) para que ponga en el orden del día la insurrección, la toma del poder. Para Lenin hay que prepararla sin demora, no se puede desperdiciar el ascenso de la subjetividad revolucionaria de la mayoría de los obreros, marineros y soldados.

El CC del POSDR (b) se reúne de inmediato, al día siguiente, el 15. Están en la reunión, entre otros, Trotski, Bujarin, Kámenev, Stalin, Zinoviev. Todos se quedan atónitos al leer la propuesta de Lenin. Como escribirá Trotski, “nadie hasta entonces había planteado tan imperiosa y abiertamente el problema de la insurrección”. Bujarin contará, “nos quedamos sorprendidos. Jamás se había presentado la cuestión de una manera tan brutal. Nadie sabía que debía hacerse. Estábamos sumidos en el mayor desconcierto”. Zinoviev dirá, “en esa época nuestro Comité Central no estaba de acuerdo con el camarada Lenin. Casi todos nosotros pensábamos que era aún demasiado pronto y que los mencheviques y los SR eran aun ampliamente seguidos”. Tal fue el desconcierto que generó Lenin entre sus camaradas del CC que estos no sólo no pusieron en el orden del día la insurrección, sino que no dieron conocimiento al resto del Partido de la propuesta de Lenin.

Lenin ante la indeterminación del Comité Central contactó directamente con los cuadros bolcheviques que eran agitadores y dirigentes naturales entre los obreros, marineros y soldados por lo que acreditaban en la necesidad de darle “Todo el Poder a los Soviets” razón por la que comprendían la estrategia de Lenin de preparar la insurrección para conquistar el poder sintiendo, además, que era el momento adecuado dada la espiritualidad revolucionaria de obreros, soldados y marineros. Así, los cuadros bolcheviques que estaban en contacto directo con las masas forzaron a que el Comité Central tuviera que hacerse a la idea de la necesidad social de la insurrección. Esta presión llevó a que se organizase una nueva reunión clandestina del Comité Central el 10 de octubre, esta vez con la presencia de Lenin, y en casa de la bolchevique Galina. Asistieron 12 de los 21 miembros del CC: Lenin, Trotski, Sverdlov, Stalin, Kámenev, Zinoviev, Uritski, Sokolnikov, Dzeryinski, Lomov, Bubnov y Aleksandra Kolontai. En la reunión, que va desde la tarde a la madrugada, se aprueba que el Partido Bolchevique se ponga a organizar la insurrección.

A pesar de esta decisión a favor de preparar el asalto al poder Lenin no dejó de tensar la cuerda para que se concretase su organización porque aún había cuadros bolcheviques que no acreditaban en la insurrección, como será el caso de Kámenev y Zinoviev que se seguirán oponiendo y terminarán por hacer pública su discrepancia en el periódico del novelista Gorki, Novaia Zhizn (Vida Nueva). No obstante, algunas debilidades como estas, la organización de la insurrección se pone en marcha y su concreción técnica se llevará desde el Comité Militar Revolucionario del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado que está bajo la batuta de Trotski. Pero aún así Lenin tuvo que seguir porfiando para que no cediese la determinación de conquistar el poder en el seno del Partido Bolchevique como informa la reunión conjunta del Comité Central y de la organización del Partido en Petrogrado el 16 de octubre.

La estrategia de Lenin, la dirección de Trotski en el Comité Militar Revolucionario y la determinación de los cuadros bolcheviques en las fábricas, en la marina y en el ejército pone definitivamente en la escena política la insurrección. Ahora sólo había que concretar la fecha más adecuada, que terminará coincidiendo con la celebración del II Congreso de los Soviets de Toda Rusia. Previamente, y para reforzar la subjetividad revolucionaria de obreros, marineros y soldados, se celebran mítines multitudinarios en las fábricas y los cuarteles el 22 de octubre. En ellos se visualiza la imponente fuerza social. Ahora sólo hay que dar el último paso, tomar los centros estratégicos del poder del Estado.

El gobierno de Kerenski va a hacer un tímido intento de frenar la dinámica revolucionaria cerrando el local del periódico del Soviet de Petrogrado, Izvestia (Noticias), y del vocero bolchevique que había sustituido al prohibido Pravda, Rabochi Put (Camino Obrero), la mañana del 24 de octubre. Vano intento. Trotski, desde el Comité Militar Revolucionario, ordena al Regimiento de Lituania y al VI Batallón de Reserva de Zapadores que reabran los locales y los protejan. A estas alturas la inmensa mayoría de las tropas de marineros y soldados de Petrogrado y de la base naval de Kronstand ya se han puesto a las órdenes del Comité Militar Revolucionario obviando, por lo tanto, cualquier orden que pudiera emanar del Estado Mayor del Ejército.

La noche del 24-25 de octubre (6 y 7 de noviembre en el calendario occidental) comienza la insurrección. Desde la sede del Comité Militar Revolucionario, situado en la habitación número 10 del Smolni, parten los cuadros revolucionarios con las órdenes impartidas por Trotski para que los contingentes de obreros, armados por el propio Comité Militar Revolucionario, marineros y soldados controlen todos los puentes de acceso a Petrogrado y que tomen los edificios del Estado Mayor del Ejército, Correos y Telégrafos, Banco Central, Palacio Mariinski (sede del denominado Pre-Parlamento) y el Palacio de Invierno. La Central Telefónica ya había sido tomada previamente para que el Comité Militar Revolucionario controlara las comunicaciones telefónicas en el momento de la insurrección.

En el Smolni permanece de forma continuada Trotski, al mando del Comité Militar Revolucionario, para controlar la marcha de la insurrección al mismo tiempo que el Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado está en reunión permanente y donde Trotski informa de la marcha de la insurrección. Lenin se instala también en el Smolni, desde donde sigue el asalto al poder y estimula a los cuadros políticos que toman parte en la insurrección.

A las 22.40 horas del 25 de octubre se abre el II Congreso de los Soviets de Toda Rusia. Este va a tener una mayoría de delegados bolcheviques. Este será el auténtico Congreso de la “nación plebeya”, en palabras de Trotski. En él los mencheviques de izquierda, por boca de Martov, manifestarán su desacuerdo con la insurrección y llamarán a un gobierno revolucionario formado por todas las fracciones “socialistas” lo que era una imposibilidad práctica ya que eseristas y mencheviques siempre se opusieran a darle “Todo el Poder a los Soviets” teniendo la mayoría tanto en la dirección del Soviet de Petrogrado como en el Comité Ejecutivo del Soviet Panruso. Otro orador tiene la desfachatez de decir que el Congreso no representa al “Ejército” lo que ocasiona que los delegados de los marineros y soldados le aclaren de viva voz que lo que no representa es a la oficialidad, pero sí a la tropa. El Bund, la organización de los trabajadores judíos, se solidariza con mencheviques y eseristas, solidarizándose por tanto con los que no quieren oír ni hablar de la conquista del poder por los obreros, marineros y soldados. Trotski intervendrá para mandar con vehemencia revolucionaria a los mencheviques de derecha e izquierda y a los eseristas de derecha al “basurero de la Historia” por no querer un gobierno revolucionario.

Sobre las 02.00 horas del ya 26 de octubre hay un receso en el plenario del II Congreso de los Soviets de Toda Rusia. Se reúnen por separado las diferentes fracciones. Se recibe la noticia de que el Palacio de Invierno ha sido ocupado y todos los miembros del gobierno detenidos a excepción de su propio presidente, Kerenski, que previamente había salido del edificio camuflado en un coche de la embajada de los EEUU. En la reunión de los bolcheviques se decide crear el primer gobierno soviético de la Historia Universal, el “Soviet (Consejo) de los Comisarios del Pueblo”, con Lenin al frente. Se reanuda la sesión del Congreso Panruso. Kámenev, que previamente había sido elegido presidente de la Mesa del Congreso, en la que se negaran a participar los eseristas de derecha y mencheviques, anuncia al plenario que el Palacio de Invierno ya ha sido tomado. La noticia, ya conocida pero ahora confirmada, hace estallar una ola de aplausos, vivas a la revolución y lágrimas de entusiasmo. Como informa un testigo de los hechos, el periodista estadounidense John Reed, “comenzó algo completamente indescriptible. Los hombres lloraban y se abrazaban unos a otros”. Eran sobre las 06.00 horas, concluía la primera sesión del II Soviet Panruso.

A las 21.00 horas de aquel 26 de octubre se abre la segunda sesión del II Congreso de los Soviets de Toda Rusia. Kámenev lee el orden del día y cede la palabra a Lenin. El estratega de la revolución proletaria aparecía por primera vez ante el plenario panruso. Su presencia en la tribuna desencadenó una apasionada descarga de emoción política. El periodista John Reed lo vio de esta manera: “subió Lenin. Estaba de pie, agarrado a los bordes de la tribuna, recorriendo con los ojos entornados a la masa de los delegados y esperaba sin reparar, por lo visto, en la creciente ovación, que duró varios minutos. Cuando esta cesó dijo breve y simplemente: “¡Ha llegado el momento de emprender la construcción del orden socialista!”. Nuevo estallido atronador de la tempestad humana”.

La primera medida que le propone Lenin al plenario es el “Llamamiento a los pueblos y los gobiernos de todos los países beligerantes” para una “paz inmediata, sin anexiones”. Una “tempestad de aplausos”, en palabras del testigo John Reed, sigue a este primer decreto soviético, que es aprobado por unanimidad. En ese momento, cuenta el propio John Reed, “un impulso inesperado y espontáneo nos levantó a todos de pie y nuestra unanimidad se tradujo en los acordes armoniosos y emocionantes de La Internacional (…). El potente himno inundó la sala, atravesó ventanas y puertas y voló a cielo”. El menchevique Sujanov, que estaba presente y que se convertirá en cronista de la Revolución, contará que “toda la mesa, Lenin el primero, estaba de pie y cantaba, con inspirada exaltación en los rostros, fuego en los ojos”. Trotski hará una reflexión sobre la importancia trascendental del estratega Lenin para todos los presentes, él incluido: “su propio nombre casi había tenido tiempo de desprenderse de su personalidad viviente. Pero no, no es un mito, ahí está en medio de los suyos -¡y cuántos de los “suyos” ahora!- teniendo entre sus manos las hojas de un mensaje de paz a los pueblos. Incluso los que estaban más próximos a él, los que conocían bien su puesto en el partido, sintieron por primera vez, completamente, lo que él significaba para la revolución, para el pueblo, para los pueblos. Era él quien les había educado. Él quien había enseñado”.

Acto seguido Lenin lee el “Decreto sobre la Tierra” por el que “queda abolida en el acto sin ninguna indemnización la propiedad terrateniente” y “todas las tierras de la Corona, de los monasterios y de la Iglesia, con todo su ganado de labor y aperos de labranza, edificios y todas las dependencias” que “pasan a disposición de los comités agrarios sub-distritales y de los Soviets de diputados campesinos de distrito”. Se produjo un debate y una incomodidad para los eseristas de derecha presentes que veían atónitos como su programa campesino lo ponía en marcha un gobierno soviético cuando ellos no lo habían llevado a la práctica formando parte de la mayoría de la dirección del Soviet y teniendo ministros en el Gobierno Provisional. Sobre las 02.00 de la madrugada se votó el Decreto sobre la Tierra, que fue aprobado por todos los delegados presentes, con una excepción.

A continuación, Kámenev presentó y leyó la “resolución” sobre el gobierno soviético, en la que se recogía que “el control sobre la actividad de los Comisarios del Pueblo y el derecho de revocarlos pertenece al Congreso de los diputados obreros, campesinos y soldados de Toda Rusia y a su Comité Ejecutivo Central”. Dio lectura a la lista propuesta de comisarios en la que sólo figuraban bolcheviques porque eseristas de derecha e izquierda y todos los mencheviques se negaban a formar parte del gobierno soviético. Lenin encabezaba, presidía, este gobierno revolucionario. Se produjo un debate donde eseristas y mencheviques afirmaron que los bolcheviques estaban aislados porque el gobierno no era una coalición de “socialistas”. Trotski les contestó que este aislamiento era una falsedad en los hechos ya que este era un gobierno de coalición entre obreros, soldados y campesinos pobres, la única coalición revolucionaria posible. Se pasó a la votación y el “Soviet (Consejo) de Comisarios del Pueblo” se aprobó por amplia mayoría. De inmediato se formó un nuevo Consejo Ejecutivo Central Panruso, constaba de 101 miembros de los que 62 eran bolcheviques y 29 eseristas de izquierda. A las 05.15 horas del 27 de octubre se daba por concluido el II Congreso de los Soviets de Toda Rusia. Era toda una inflexión en el proceso histórico. La Historia nunca volvería a ser la misma para los desheredados de la Tierra ya que a partir de aquí sabrán que conquistar el poder para cambiar el mundo no es una quimera sino un hecho histórico.








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