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La Policía de Entre Ríos a las órdenes del agropower

Patricio Eleisegui, periodista investigador de temas agropecuarios, denuncia persecución policial en la ciudad de San Salvador. Se encontraba allí realizando un informe junto a periodistas italianos.

Ramiro Thomás

@Ramirofthomas

Martes 5 de julio de 2016 | Edición del día

Productores y periodistas del programa de TV italiana Le Iene (“La hiena”) arribaron hace unas semanas a nuestro país para relevar datos en los pueblos fumigados. Con el periodista de investigación Patricio Eleisegui como guía, están cubriendo parte de los pueblos en donde las tasas de cáncer crecieron exponencialmente. La Izquierda Diario dialogó con Eleisegui, quien junto al equipo del programa italiano fue intimidado por la Policía de San Salvador, Entre Ríos.

Tiempo atrás llegó la investigación que Eleisegui plasmó en su libro “Envenenados”, a los edificios de Le Iene. El libro trata sobre el impacto de la agriculturización de la Argentina en los pueblos donde esta actividad se instaló, destacando la problemática de la utilización masiva de agroquímicos y transgénicos. A partir de la información de este documento y otros materiales como “El costo humano de los agrotóxicos”, de Pablo Piovano, los productores del programa de TV se contactaron con Eleisegui para realizar un trabajo de investigación en los pueblos donde la actividad agrícola tiene mayor impacto.

“A Italia llegó lo que expuse en mi libro Envenenados. Desde ahí entablan un contacto hace más de dos meses con la idea de venir a exponer qué es lo que está ocurriendo en la Argentina con el sistema de producción. Esto es, la utilización a mansalva de agroquímicos y semillas transgénicas. Y cómo eso está destruyendo la situación sanitaria de los pueblos del interior del país. La preocupación, además, está centrada en que Europa consume buena parte de la soja o el maíz que se cultivan acá a través de cócteles químicos que generan cáncer y otras enfermedades”, afirmó el investigador argentino.

Como punto de partida eligieron el municipio entrerriano de San Salvador, donde equipos de la UNR y la UNLP relevaron datos relacionados al aumento de las tasas de cáncer. “En la previa los italianos me piden que arme un cronograma de lugares a visitar, lugares clave y testigos a contactar. En ese esquema les indico que San Salvador es obligatorio de visitar porque tiene una de las tasas de cáncer más altas del país. Y sendos estudios de las universidades de Rosario y La Plata demostraron que los problemas sanitarios tienen relación directa con las fumigaciones y el uso de agroquímicos como el glifosato”, continuó Eleisegui.

El trabajo comenzó con el diálogo con peatones de la localidad entrerriana sobre la problemática que sufren día a día a causa de los agroquímicos. A partir de ello, los investigadores encontraron que gran parte de la población estaba al tanto de las consecuencias de este modelo. “Hicimos entrevistas puntuales y después consultas directamente en la calle a los vecinos que pasaban. Por dónde caminábamos, en casi la totalidad de los casos encontramos conocimiento de la situación del cáncer y su vinculación con el glifosato. Y en la inmensa mayoría se trataba de personas que han tenido o tienen familiares, amigos o conocidos con esa dolencia”.

Más adelante se adentraron en el pueblo, en busca de las causas directas de estas enfermedades, por ejemplo en las inmediaciones de los molinos de arroz, donde procesan los granos de este cereal para utilizarlo en la industria alimenticia. Pero esta vez la cosa no fue tan fácil, según el relato de Eleisegui.

“Estábamos haciendo un relevamiento de los molinos de arroz que funcionan tanto dentro como fuera de San Salvador y son unas de las principales causas de la contaminación de suelo y aire que deriva en la epidemia de cáncer. Justo en un camino vecinal, de tierra (barro), hacemos un alto junto a un feedlot que también cuenta con un molino detrás de esas instalaciones. En ese momento dos vehículos se retiraban del establecimiento. El conductor del primero, en una camioneta, al pasar junto a nosotros nos toma fotos con su celular y se estaciona a más de 50 metros de donde estábamos. Desde ahí, suponemos, llama a la policía. En diez minutos ya teníamos un patrullero deteniéndose a unos metros”.

Con respecto al proceder de la policía, el investigador sostuvo que “se acercaron mientras los italianos hablaban con un productor que justo paró ahí. Yo les salí al paso por la cuestión lógica de que hablo castellano. Y ahí me dijeron que venían a ver si ‘estaba todo bien’. Uno tenía una carpeta en la mano. Yo contesté que si la cosa no hubiese estado bien, los llamaba. Que solamente estábamos ejerciendo el derecho a la actividad de prensa”.

“Me dijeron que un vecino se había preocupado, al parecer llamó a la comisaría y les dijo que vayan y que tenían un problema con el cuatrerismo. A lo que yo les dije que si pensaban que me iba a robar una vaca en un auto. Luego me preguntaron por el hotel, los días que nos íbamos a quedar, pero yo contesté muy breve. Y saqué mi celular para que vieran que iba a registrar la visita. Después de eso se fueron.”

La persecución a los periodistas no terminó en ese momento. Cuando el equipo y Eleisegui llegaron al hotel, se encontraron con otra situación preocupante. “Cuando regresamos al hotel la recepcionista nos dijo que la policía había estado en nuestra ausencia y había exigido los datos personales de cada uno de nosotros. Pensé en hacer un reclamo o denuncia, pero luego entre todos decidimos esperar.

Al día siguiente un móvil de la policía pasó frente a nosotros en cámara lenta. Lo detuvimos y le preguntamos qué pasaba, por qué habían estado en el hotel así, a nuestras espaldas y uno de los agentes dijo que no había sido la policía común sino la brigada de investigaciones. Que se movían de civil y en autos sin identificación”.

“Lo curioso es que estos agentes que se detuvieron no eran lo mismos del día anterior. Pero sabían que habían estado los de la brigada de investigaciones. Por ende, todas las fuerzas de seguridad de San Salvador compartían información de nuestra presencia. Luego volvimos a salir a la calle a hacer más notas y uno de los vecinos que entrevistamos nos advirtió que la policía nos pasaba cerca cada tanto y fijándose en lo que hacíamos.”






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