Política Chile

LA LEGUA

La Legua en dictadura: represión y resistencia a la opresión

La Legua es una población que hoy se encuentra altamente estigmatizada, asociada a la imagen de la droga, la delincuencia y la intervención policial. Lo cierto es que es una de las poblaciones emblemáticas que lucharon contra la dictadura.

Natalia Cruces

Santiago de Chile

Viernes 3 de noviembre

La Legua se encuentra ubicada en la comuna de San Joaquín, a “una legua” de la Plaza de Armas de Santiago, y se creó a partir de la acción de obreros que llegaban a Santiago tras la crisis del salitre de los años 30 que dio origen a La Legua Vieja; y de los reasentamientos de pobladores, tras las tomas de terrenos del año 1947, que dio origen a la Legua Nueva y, posteriormente, a la Legua Emergencia. Se trata de una población con una fuerte tradición de lucha, organización y militancia social y política.

Con una importante organización en la época de la Unidad Popular, la Legua se encontraba cerca de los cordones industriales de Vicuña Mackenna y San Joaquín, y fue uno de los emblemáticos lugares donde hubo resistencia armada contra el golpe encabezado por Pinochet.

“En La Legua se resistió y combatió el día 11 de septiembre de 1973. La Legua fue la única comunidad urbana popular en que sus jóvenes rechazaron en combate abierto el Golpe de Estado. Se resistió con fuerzas propias y otras que llegaron de fuera, incluidos trabajadores de SUMAR, industria vecina de La Legua, que ya había hecho noticias por resistir un allanamiento realizado por la Fuerza Aérea, tres días antes del Golpe, el 8 de septiembre” (Eco Comunicaciones, La Población La Legua).

Tras tres días de combates, la fuerza represiva se desplegó con fuerza contra la Legua. El 16 de septiembre de 1973 se realizó un masivo allanamiento que terminó con centenares de detenidos, otros tantos golpeados y torturados. Posteriormente, nuevas detenciones, fusilamientos, allanamientos y amenazas intentaron terminar con todo tipo de organización y acción de los pobladores.

El historiador Mario Garcés relata “La represión sobre La Legua tomó algunos días, pero trajo una seguidilla de muertes en los primeros días y semanas posteriores al golpe. La población fue allanada el domingo 16 de septiembre mediante un impresionante operativo militar por aire y tierra, con tanques, jeeps y sobrevuelo de aviones de guerra. Luego, la represión se hizo más selectiva y considerando sólo al período entre septiembre de 1973 y enero de 1974, el número de víctimas alcanzó a cuarenta y un personas: militantes políticos, en especial de las Juventudes Comunistas de la población, de los que al menos once fueron torturados y asesinados o desaparecidos, y pobladores sindicados como delincuentes, de los cuales al menos treinta fueron fusilados o ejecutados en la vía pública. Para el período completo de la dictadura, es decir los diecisiete años que los militares chilenos permanecieron en el poder, el número de víctimas de La Legua se eleva a cincuenta y dos personas” (Historia y memoria del 11 de septiembre de 1973 en la población La Legua de Santiago de Chile).

Además de la represión, los pobladores enfrentaron las terribles consecuencias de las políticas económicas neoliberales, que conllevaron hambre, cesantía y precariedad, el cierre de empresas y una extensión de la miseria durante los años ’80.

Durante las protestas populares, La Legua cumplió un importante papel de resistencia, con cacerolazos, cortes de calle y enfrentamientos contra la dictadura. La población fue militarizada en varias ocasiones, como una forma de disciplinar y reprimir a los opositores a Pinochet.

El neoliberalismo buscó desarticular también los lazos sociales y comunitarios que existían en la población. Para muchos, la droga fue introducida en las poblaciones durante la propia dictadura como una forma de desarticular a los sectores populares y de fortalecer la presencia de carabineros y policías, en una nueva forma de control social.

Según una investigación de CIPER “A pesar de todos sus esfuerzos, los habitantes de La Legua Emergencia deben luchar a diario contra el estigma de vivir en una población cuya sola mención genera miedo y sospecha. Y también contra la tentación del dinero fácil que les ofrecen los narcotraficantes que han convertido a esa población en refugio de avezados delincuentes”.






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