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La Historia de la Iglesia Católica, los orígenes del Cristianismo (parte I)

Ad portas de la llegada del Papa Francisco a Chile, y aprovechando la ocasión que nos entregan las "festividades navideñas", nos proponemos en esta serie de tres artículos reflexionar sobre el rol histórico y político de la organización más antigua del planeta que en sus 2000 años , sobreviviendo a más de tres formas de producción económica, sigue cumpliendo un rol protagónico en el curso de los acontecimientos, la pregunta es ¿ Al servicio de quién?

Joaquín Romero

Militante del Partido de Trabajadores Revolucionarios

Domingo 24 de diciembre de 2017 | 07:10

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Toda religión tiene sus raíces profundas en la psicología que caracteriza a una determinada época histórica, determinada por las condiciones materiales que la originan, de la cual devienen los mitos con que la humanidad, busca explicarse las razones de su impotencia para comprender y transformar el mundo que les rodea. La religión cristiana no es la excepción.

El historiador soviético Sergei Kovailov fija los orígenes del cristianismo entre el siglo I y II de nuestra era. Es una difícil tarea para la elaboración científica abordar con precisión cuánto de verdad histórica y de mito existe cuando se trabaja con fuentes en su mayoría adulteradas por la propaganda ideológica del catolicismo, y muchas veces sostenida con fines políticos por historiadores burgueses, descartando claro está, aquellos estudios que buscan de vez en cuando atribuir causas científicas a los milagros, a la aparición de la estrella de Belén o a la posibilidad de que Jesús haya resucitado. Estas elaboraciones sólo son posibles , gracias al tiempo de ocio del que dispone la intelectualidad burguesa para abocarse al estudio de “la racionalidad de las fantasías”.

El cristianismo tiene sus orígenes históricos en el fracaso de las revueltas esclavistas que precedieron a la centralización y consolidación del Imperio romano, tras superar una era de profundas convulsiones sociales y políticas como consecuencia de su expansión. En una era histórica donde no existían las condiciones materiales para plantear una sociedad que superase del todo la explotación del hombre por el hombre, emancipando a la humanidad de las cadenas de la propiedad privada.

Según describe Kovaliov, así es como se generó una “atmosfera de un profundo descontento hacia el mundo circundante, de desconfianza en la fuerza del hombre y en su capacidad para poder cambiar sus condiciones de vida. Es la fe ardiente de una fuerza sobrenatural como único elemento capaz de ayudar a la humanidad” (1)

El cristianismo surge y se expande en las masas plebeyas y esclavas empobrecidas y oprimidas por el imperio, reflejando las contradicciones de la época. En sus primeros tiempos, tuvo un marcado discurso de carácter igualitarista, y rechazo a las instituciones imperiales, influidas por el descontento hacia la situación de opresión de la época, pero incapaz de resolverlas terrenalmente.

Este carácter igualitarista sin embargo, obedecía a que respondía a a una "psicologia social " de un profundo descontento social con el imperio, pero en ningún caso expreso un movimiento revolucionario , pese a que el cristianimo tuvo tensiones sociales en su seno, capaz de expresar políticamente a las masas plebeyas y esclavas y plantear la superación de su miseria. Su programa seguía siendo el más allá y constituyo una red de beneficencia, una especie de sociedad de socorros mutuos en sus primeros tiempos, que ayudaba a sus miembros a soportar las penurias de este mundo, más no transformarlo, tal no era su rol histórico, aunque si adelanto una nueva forma de relaciones sociales que serían la base del sistema feudal.

Conforme la crisis del imperio se agudizaba, el cristianismo se fue expandiendo a más estratos sociales comenzando a abarcar a estratos más acomodados como comerciantes, artesanos e incluso funcionarios burocráticos imperiales, a quienes la red de comunidades cristianas diseminada por todo el territorio romano favorecía sus intereses económicos, desde donde devino la necesidad de dotarse de una jerarquía, asimilándose a las características de la sociedad de la época.

El cristianismo tuvo la oportunidad histórica de adelantar una nueva concepción de mundo, que la puso al resguardo de las persecuciones, muchas de las cuales fueron exageradas por la Iglesia Católica, que con fines propagandísticos elevaron a orgias sangrientas de emperadores de dudosa estabilidad psicológica. Sus fines, más que saciar una lasciva sed de sangre de origen demoníaco, obedecían a una necesidad más pragmática de mantener la estabilidad en una época de convulsiones políticas y sociales y de confiscar propiedades y riquezas en beneficio del imperio.

Esta nueva concepción de mundo, la del siervo de la gleba, le permitió emerger triunfante en sus disputas con las religiones paganas, representantes del sistema de producción y por tanto del mundo que agonizaba lentamente. Y asimismo de las divisiones en el seno de la iglesia, producto del desplazamiento de los sectores más plebeyos que encontraron en las herejías, principalmente las gnósticas y paganas, el fundamento ideológico para llevar adelante las disputas de poder dentro de la iglesia.

Finalmente el emperador Constantino, ante la necesidad de regenerar las bases sociales del imperio en el siglo IV eleva al cristianismo al rango de religión oficial, terminando de sentar las bases de la actual iglesia católica apostólica y romana, poniendo fin a las divisiones que existían en la iglesia

La religión que supo canalizar el descontento plebeyo originado en el aplastamiento de las aspiraciones de emancipación de las revueltas sociales en la Roma imperial, que se transformó al estatus de iglesia oficial, pasó tal como lo señala Engels: "el cristianismo, como fatalmente tenía que ocurrir dadas las condiciones históricas, no quería realizar la transformación social en este mundo, sino en el más allá, en el cielo, en la vida eterna tras la muerte, en el inminente milenio" (2)

Con la caída del imperio, la Iglesia Católica pudo cumplir su rol histórico de dar forma a la nueva sociedad feudal, constituyendo su elemento articulador y su principal pilar ideológico para mantener la unidad política de un convulso occidente, que fue herencia del fracaso del sistema imperial romano.

Celosa guardiana reaccionaria sus predicas del evangelio fueron tan útiles para predicar y fomentar la sumisión de los siervos de la gleba a los señores y su destino impotente frente al mundo que los rodeaba con dulces palabras de consuelo en tiempos de paz y con la espada y el fuego para sofocar las revueltas campesinas, y aplacar todo intento de cuestionar el orden existente.

El papa romano fue tan enemigo de la sociedad burguesa, urdiendo hasta el final intentos de sofocar sus revoluciones culturales, científicas y políticas, como inteligente a la hora de dar la otra mejilla para someterse a los nuevos señores que controlaron el mundo.

Los cuales liberados de la sumisión religiosa , no fueron menos inteligente a la hora de hacer el cálculo frío de que una institución que había sobrevivido a las más profundas contradicciones de la historia, constituía una afilada arma reaccionaria, templada por más de dos mil años de historia , tres medios de producción , y con una extensa red de funcionarios repartida por todo el globo, sería útil a la hora de mantener su dominación sobre la humanidad.

Así fue enaltecida a la categoría del partido mundial de la reacción, siempre dispuesta a acudir en nombre del padre celestial , en contra de los enemigos de la dominación burguesa, y en especial en busca de socavar la unidad entre oprimidos, con sus rabiosas prédicas en contra de la libertad de las mujeres y de la diversidad sexual en la actualidad, de la misma manera que sirvió antes a los señores feudales, y a los patricios y esclavistas de la era romana.

(1) Kovaliov, Sergei , Historia de Roma
(2) Engels, Los Orígenes del cristianismo






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