Política México

MILITARIZACIÓN

La Guardia Nacional de AMLO: por el camino de la militarización

Con el apoyo de la “mafia del poder”, el gobierno consuma una verdadera ofensa a los cientos de miles de muertos y desaparecidos de la última década.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Jueves 7 de marzo | 00:35

Si hubo un tema que estuvo en el centro de la agenda política y del debate público durante los primeros 100 días del gobierno de AMLO, fue la creación de la Guardia Nacional, mediante una reforma constitucional que está siendo ratificada por la mayoría de los Congresos locales.

Esto concentró varias de las contradicciones que enfrenta el nuevo gobierno y que se hacen evidentes en la escena política. En primer lugar, porque mientras muchos de sus votantes se opusieron a la militarización, Lopez Obrador impulsó una legislación que preserva la actuación de los militares en las calles, bajo un nuevo nombre.

También porque mientras AMLO se postuló, durante su campaña electoral, como una alternativa a la “mafia en el poder”, en el Congreso de la Unión contó con el apoyo prácticamente unánime de esos partidos, que cerraron filas tras la propuesta del nuevo gobierno.

La votación de la Guardia Nacional demostró que la presidencia de AMLO no va a acabar con la militarización del país. Al amparo de ésta, durante los sexenios de Calderón y Peña Nieto y de acuerdo a los mandatos de la Casa Blanca y su “guerra contra las drogas”, fueron asesinadas y/o desaparecidas cientos de miles de personas, en su mayoría jóvenes, trabajadores y mujeres; quienes en particular sufrieron un aumento inusitado de la violencia, los feminicidios y la trata.

Gestos como la apertura de los archivos del CISEN y la retórica de “paz” y “justicia” no cambian un hecho fundamental: con la Guardia Nacional continuará la presencia de las fuerzas armadas en las calles.

Éste es el motivo por el que su propuesta fue aprobada por el conjunto de los partidos del régimen político, burlando la histórica demanda por la que cientos de miles exigieron, durante años, el fin de la militarización.

Este choque entre la política del gobierno y las ilusiones que suscitó, no es un hecho aislado. AMLO también mantuvo la consulta sobre la termoeléctrica de Huexca, repudiada por amplios sectores y a pesar del artero asesinato de Samir Flores.

Aunque es indudable que el gobierno goza de altos índices de popularidad, este curso político puede alimentar el desencanto entre diversos sectores obreros, populares y juveniles que lo votaron esperando que resolviera demandas postergadas, o directamente pisoteadas por priistas y panistas en el poder.

Maquillando a las fuerzas armadas

La aprobación de la Guardia Nacional le da nueva fuerza a un debate que diferencia a la izquierda que cuestiona y lucha contra el estado y sus instituciones, de quienes se contentan con justificar lo injustificable.

En estos meses, no faltaron los intelectuales e ideólogos “orgánicos” del gobierno, como John Ackerman, que defendieron la Guardia Nacional como una supuesta muestra de que AMLO estaría dando pasos hacia la “desmilitarización” del país.

Difícil de creer, cuando el nuevo cuerpo estatal estará conformado por integrantes de la policía federal, militar y naval, cada una de las cuales tiene toda una historia de torturas y ejecuciones extrajudiciales.

Será facultad del presidente, durante los próximos cinco años, utilizarlo para funciones de “seguridad pública” interna, lo cual abre la puerta para que actúe directamente contra la protesta obrera y popular, como las que ya empezaron a surgir desde enero en Matamoros, entre los trabajadores de la educación y otros sectores.

Asimismo, respecto al mando civil de la Guardia Nacional -que fue la principal modificación introducida en el Congreso-, ya el gobierno aclaró que el mismo lo podría ocupar un militar retirado.

No obstante, el carácter y la función de estas corporaciones no cambia: como decíamos en otro artículo “Ni el estado ni sus fuerzas armadas pueden asumir un rol autónomo de las clases y contradicciones sociales, y actuar con apego a la defensa de la “justicia” y la “paz”, como pretenden los intelectuales lopezobradoristas.

Más allá del nombre de la nueva corporación y los discursos de que “no reprimirá al pueblo”, bajo el capitalismo -y aún bajo la Cuarta transformación del presidente- son la salvaguarda de los intereses de la clase dominante, y de la explotación y opresión sobre los trabajadores y las grandes mayorías.”

La realidad es que el gobierno y sus intelectuales lo que están haciendo es lavarle el rostro a las fuerzas armadas. Por eso es que mientras impulsan la creación de la Guardia Nacional sostienen que el Ejército es una fuerza “del pueblo” y “revolucionaria”.

Pero esto choca con la realidad de las últimas décadas, que muestra su verdadero carácter, al que aludíamos arriba. Desde 1968 (por no remontarnos más atrás) hasta las masacres perpetradas bajo Peña Nieto, como Tlatlaya y tantas otras, se evidenció el rol de las fuerzas armadas en la “seguridad interna”.

La lucha contra la militarización del país, y contra el accionar de las corporaciones policíacas y militares -como la Guardia Nacional- debe ser una divisa de las organizaciones sindicales, populares, feministas y políticas en las próximas movilizaciones.







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