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La Cobertura Universal de Salud, un puente en la grieta

La Cobertura Universal de Salud que anunció el gobierno nacional significará un retroceso en la salud pública y un avance en las ganancias de los empresarios.

Lunes 9 de octubre | Edición del día

Llegado el año 2000 se ponía en manifiesto que la estrategia de la Atención Primaria de la Salud (APS) impulsada por la Organización Mundial de la Salud desde 1978 en Alma Ata había fracasado.

El mundo capitalista no había alcanzado la meta de “Salud para Todos”, sobre todo en los países vulnerables y en vías de desarrollo. Esto llevó a reformular las metas sanitarias, definiendo los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que consistían en 8 parámetros que debían disminuir año a año: 1) erradicar la pobreza extrema y el hambre; 2) lograr enseñanza primaria universal; 3) promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer; 4) reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años; 5) mejorar la salud materna; 6) combatir el HIV; 7) garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; y 8) fomentar una alianza mundial para el desarrollo. La “salud para todos” ya no era una meta, sino disminuir la magnitud de estos indicadores.

En octubre del 2014 el Comité Regional de la OMS para las Américas propuso las estrategias para el acceso universal a la salud y a la cobertura universal de salud, fundamentando que en muchos países de América los habitantes no tienen un acceso a la salud. Lo cual no es el caso de la Argentina, donde ya existe un sistema público de salud universal.

En este documento se establece 4 líneas estratégicas para las políticas sanitarias: ampliar el acceso equitativo a los servicios de salud; fortalecer a las autoridades de salud; aumentar y mejorar el financiamiento para avanzar en la eliminación del pago directo de los servicios de salud; y el fortalecimiento intersectorial para abordar los determinantes sociales de la salud.

A partir del 2015, los Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron reemplazados por Los Objetivos del Desarrollo Sustentable, y se enuncia a la Cobertura Única de Salud (CUS) como uno de ellos.

La ausencia de la grieta

Aprobada la CUS como estrategia a nivel mundial, en la Argentina tuvo su expresión como Plan SUMAR durante los años kirchneristas, impulsada por los ministros Manzur y Gollán como extensión del Plan Nacer, financiado por el BID.

Este plan se convirtió en un disfraz estadístico para más de 15 millones de personas que accedían a los hospitales públicos por carecer de obras sociales o seguros privados de salud.
Esto no solo llevó a “aumentar la cobertura social” para mostrarse como un gobierno que hace bien las tareas encomendadas por la OMS, sino también al beneficio económico del subsector privado mediante el pago de las prestaciones.

El Estado argentino, durante el gobierno del FPV, por medio de esta nueva cobertura de salud, se convertía en un comprador de servicios de salud a la medicina privada, por lo que promovió el crecimiento económico de las clínicas y sanatorios. El estado compra tecnología diagnostica y tratamientos de altos costos cuando los hospitales públicos carecen de esos recursos.

Según el informe oficial de registro de gestión publicado en abril de este año, el plan SUMAR desembolsó más de 5.000 millones de pesos, de los cuales las regiones del Centro y el NOA fueron las mayores beneficiadas. No existen datos oficiales sobre el control hacia las empresas prestadoras de salud para evitar posibles sobre facturaciones, sin embargo durante este periodo se vio el crecimiento de la infraestructura de las clínicas proveedoras. Los empresarios de la salud la levantaron con pala y eso no fue magia.

Con el decreto 908 aprobado y publicado en agosto del año pasado, el gobierno de Mauricio Macri anunciaba a la Cobertura Universal de Salud como una nueva forma de reorganización del financiamiento de la salud.

En acuerdo general con los ministros de salud de las provincias donde gobierna el FPV se decretó que por única vez se destinarían 8.000 millones de pesos financiar la CUS de los 27.000 millones del Fondo Solidario de Redistribución con que compraron la pasividad de la CGT.
Esto permitirá una “compra de servicios de salud” por el monto de $553 pesos para cada una de las 15 millones de personas que se atienden en los hospitales públicos.

Esta medida, que no fue impulsada únicamente por el gobierno de Cambiemos, no solo es contrapuesta a los lineamientos estratégicos de la OMS, sino que conducirá al deterioro de la salud pública y a aumentar las ganancias de la medicina privada. Ya no será necesario equipar a los hospitales con tecnología y tener recursos humanos calificados, sino basta con que la medicina privada los tenga para que la población los pague de forma indirecta mediante los impuestos o por forma directa.

La salud después de Octubre

El intento de realizar una polarización política en la salud cuando se habla de la pesada herencia y de las tijeras amarillas, se desvanece cuando se establecen negocios con la salud del pueblo trabajador. No habrá grieta que impida que los políticos de los partidos tradicionales continúen haciendo negocios con las empresas privadas de salud. No se detendrán los negocios de la industria farmacéutica, como es el caso del laboratorio Richmond que amasó grandes fortunas con el kirchnerismo y ahora con Cambiemos.

Es probable que se orqueste una nueva reforma sanitaria luego de octubre, como lo pide a gritos el empresario Belocopitt de Swiss Medical, para que les permita hacer negocios más rentables con el Estado y la burocracia sindical, restringiendo el Plan Médico Obligatorio.

De suceder esto, tanto el kirchnerismo como el massismo no serán un freno, porque nunca les tembló mano a la hora de levantarla para aprobar sus leyes y decretos. Tampoco la burocracia sindical será un freno si atacan las condiciones de salud de la población. Porque para los burócratas sindicales y los políticos oficialistas y opositores del régimen, la salud se enmarca en la medicina de mercado, de la oferta y la demanda.

Pero nuestra salud vale mucho más que las ganancias de los empresarios y de sus políticos, por esto, los únicos que van a defender el derecho a la salud en la cámara de diputados, serán los representantes de los trabajadores: el Frente de Izquierda. Será complementaria a la movilización activa de los trabajadores en defensa de la salud pública, y para la cual los sindicatos que están presentes en la salud, deberán ponerse a la cabeza de la lucha por defender el derecho a la salud contra el avance macrista.






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