Juventud

DEBATIENDO LA JUVENTUD

La Cámpora: verticalismo al “Máximo”

El acto de La Cámpora en Argentinos Juniors del pasado sábado 13 de septiembre dio que hablar toda la semana. En este diario ya hemos publicado varias notas de análisis. Acá nos interesa problematizar qué tipo de continuidad puede tener La Cámpora como proyecto juvenil, por sus características y por las distintas hipótesis abiertas con la incierta interna del peronismo hacia el 2015.

Jesica Calcagno

@Jesi_mc

Martes 23 de septiembre de 2014 | Edición del día

Esta juventud kirchnerista tiene dos problemas que abren muchas incógnitas: una de contenido y otra de forma, que van de la mano. Las banderas con las que supo emerger como juventud nacional vinieron siempre de arriba y hoy ya se están agotando y cambiando por otras.

Tampoco trascienden más allá de la defensa incondicional de Néstor y Cristina, no se les conoce más programa que ese. Y su subordinación al verticalismo de Cristina y el PJ los termina atando de pies y manos.

En el medio de la semana, fue cómico escuchar a la oposición republicana que los ataca por sus ataduras al estado, como si no hicieran lo mismo con sus juventudes, aunque en otra escala y sin los mismos recursos (ninguno podría llenar un estadio ni juntando a los abuelos, los hijos y los nietos).

La aparición de Máximo y las declaraciones de varios dirigentes de La Cámpora durante la semana, apuntaron su mensaje a ordenar la tropa volviendo a poner a Cristina en el centro, y prepararse para una nueva etapa marcada por la dificilísima osadía de retirarse del poder ejecutivo, algo que jamás conocieron.

¿“Volver a la calle a reconstruir una fuerza política”? ¿Con qué banderas?

El kirchnerismo cambió y con él La Cámpora, que ya ni se anima a su propio relato. De los derechos humanos pasaron a respaldar al xenófobo Berni, un tipo muy comprometido con la causa del kirchnerismo, tal como afirmó la juventud tardía de Larroque, que agregó el ataque a Centros de Estudiantes de la izquierda como Filosofía, Sociales y Psicología que se movilizan contra los despidos juntos a los trabajadores de Lear y Donnelley.

Hablan de una “vuelta a la calle” los que respaldan las represiones de Berni en Panamericana y las topadoras en Lugano en alianza con el macrismo. Del “patria o buitres” pasaron a defender a las multinacionales yanquis poniendo hasta las patotas del SMATA como olfas de las patronales. Hablan de la “ampliación de derechos” pero siguen cajoneando el derecho al aborto mientras le llevan regalitos al Papa. Y la precarización laboral en la juventud sigue, la burocracia sindical, los despidos y suspensiones también, y ni siquiera en materia educativa hubo avances cualitativos.

Después de la arenga en los actos viene la realidad: la de un cristinismo con volantazos a derecha allanándole el terreno a las topadoras en los barrios y discursos estilo Ivo Cutzarida. Al trillado “enfrentar a la derecha” mientras le están abriendo paso, terminan enfrentando -por acción u omisión- sobre todo a la izquierda que defiende esas banderas en las calles con nuevos jóvenes trabajadores y estudiantes que no están dispuestos a retroceder en sus conquistas y ven que no será el kirchnerismo el que vaya a defenderlas.

Tragedia y farsa: La Coordinadora y La Cámpora

Ya hubo experiencias en nuestra historia de juventudes de los partidos políticos tradicionales, que fueron militantes y construyeron fuerzas nacionales de envergadura. Pero sus destinos no llegaron a buen puerto. Pareciera que para este tipo de juventudes políticas también aplica la afirmación de Marx de que la historia se repite “una vez como tragedia y otra vez como farsa”.

La Coordinara radical, nacida en 1968 en plena dictadura de Onganía y auge a nivel mundial de una juventud movilizada, se constituyó como fuerza juvenil con un programa reformista de centro-izquierda y bien definida contra la lucha armada, que en ese entonces era levantada por distintas organizaciones inclusive peronistas.

Con una composición mayoritariamente estudiantil (Franja Morada) gana la Federación Universitaria de Argentina (FUA) en 1972, que conducirá ininterrumpidamente hasta hoy. Sortearon la dictadura militar del ’76 (tuvieron legalidad), y su gran salto político fue con la campaña electoral de Alfonsín en 1983 donde la movilización de La Coordinadora fue decisiva para su triunfo. Fue entonces que los jóvenes comenzaron a ocupar puestos en el estado y se ataron cada vez más a sostener una figura presidencial, firmando su decadencia.

El resto de la historia es más conocida, las leyes de Obediencia debida y Punto final complicaron el relato de esta juventud que terminó negociando con los militares, hiperinflación, elecciones adelantadas, derrota del radicalismo, y la frutilla del pacto de Olivos con Menem. Su refugio fue la militancia universitaria donde hoy conservan un peso importante gracias a acuerdos con las autoridades y un perfil de gestión de servicios a los estudiantes.

La historia de La Cámpora es bastante más corta y modesta. Arranca en 2006 varios años después de las jornadas revolucionarias del 2001 que impactaron en la juventud. Aunque también adoptaron un programa reformista con algunas banderas progresistas, vinieron todas de arriba por decisión de un gobierno que buscó desde el inicio desviar y contener los reclamos del 2001. La Cámpora no nace con un programa propio, su programa se redujo a defender al gobierno kirchnerista y todas sus decisiones (cuando ya estaban tomadas).

Una rara manera de que los “jóvenes vuelvan a la política”. Y se tragaron hasta los aliados más rancios del kirchnerismo: Moyano hasta hace unos años, Gerardo Martínez, José Pedraza, Ricardo Pignanelli. Su aparición no sólo vino a intentar dar respuesta a esa nueva generación pos 2001, también fue por la necesidad del kirchnerismo de hacerse una fuerza propia a falta de fidelidades firmes dentro de PJ y sus caciques. Por eso su militancia se centró en los barrios, para intentar disputar poder territorial a gobernadores e intendentes, tarea que contó la inversión del estado para abrirles y facilitarles ese objetivo.

También en algunas universidades del conurbano y el interior, pero sin mucho éxito como mostró el intento fallido de una FUA paralela. Luego vino el ascenso de variadas figuras de La Cámpora como funcionarios y legisladores: Kicillof, Recalde, de Pedro, entre otros. Una “juventud estatizada” es en este doble sentido: el barrial y de funcionarios. Aunque muchos jóvenes se incorporen a militar con el objetivo de cambiar algo, sus herramientas están profundamente atadas a los recursos del estado. Así, no han conquistado una militancia anclada en sectores que puedan ser un factor de poder propio para su continuidad (necesaria para “jugar”, de mínima, en la interna del PJ sin la varita de “la jefa”): nada en el movimiento obrero y en el estudiantil no han logrado pisar firme; el territorial tendrá que probarse cuando no estén los mismos recursos.

La Coordinadora radical tiene una continuidad con la Franja Morada, que se atrincheró en los centros de estudiantes con votos, caja y buenas migas con las autoridades universitarias. Pero con su verticalismo no logró ni trascender la estructura partidaria de la UCR -hoy dirigida mayoritariamente por los dinosaurios de siempre- ni mantener su capacidad de movilización. Hoy La Cámpora empieza a repetir la historia como farsa: la subordinación absoluta al verticalismo del matrimonio K es de nacimiento, y sin haber logrado un anclaje de poder propio sólido. La ilusión repetida en el peronismo de una juventud que quiere trascender el PJ y “cambiarlo desde adentro” parece cada vez más un globo pinchado: la juventud peronista ya tuvo sus experiencias con Perón en 1973 e Isabelita en 1976; y el PJ es una estructura donde las cuotas del poder real parecen no tener vacante ni en el territorio de los barones del conurbano ni en los sindicatos de la burocracia y sus patotas.

En la encrucijada 2015

Las posibilidades de continuidad de esta juventud como “proyecto” están atadas a las internas peronistas del 2015. Son varias las hipótesis que se barajaron la última semana. Algunos se ilusionan con el surgimiento de un nuevo liderazgo de Máximo que sería garantía de continuidad del kirchnerismo. De nuevo, subordinarse a un apellido milagroso. Otros dicen que el kirchnerismo se jugaría a atrincherarse en la Provincia de Buenos Aires con Máximo como candidato, pero son dudosas las posibilidades de La Cámpora de desarrollar un “kirchnerismo puro” en el caso de un PJ más derechizado cerrando filas tras Scioli. También está la hipótesis de su apuesta al triunfo de Macri para encabezar una oposición “por izquierda” preparando la vuelta a “la Bachelet”, y recuperar mientras tanto las banderas de los inicios de esta juventud sin la contradicción de los volantazos a derecha de ser gobierno.

Si terminan apostando por desarrollar una juventud en esta opción, van a encontrarse del otro lado con la emergencia del Frente de Izquierda que mantuvo sus banderas en la calle, avanza en el anclaje en la juventud obrera y estudiantil, y está ascendiendo en la arena electoral y parlamentaria como una referencia de masas. Mientas los dirigentes de La Cámpora se meten en la rosca del 2015, aparecen los gérmenes de una juventud que se está moldeando con sus propias experiencias, que defiende sus banderas, da sus peleas, y su referencia empieza a ser la izquierda. Una juventud que está siendo parte del desarrollo de otro modelo de centros de estudiantes, que no es más el de la gestión de servicios, es el aliado de Lear, Donnelley, los vecinos de Lugano.

Sí, la juventud “volvió a la política”. La Cámpora está en la encrucijada del verticalismo y redefinición de su proyecto, en un momento complicado donde se viene desarrollando una experiencia con el kirchnerismo y su relato, además de haberse multiplicado las aspiraciones en las nuevas generaciones que empiezan a mirar hacia la izquierda.







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