Política

EMERGENCIA SOCIAL

La CGT y un movimiento que evita el paro

Una nueva movilización sin paro y con adhesiones empresarias. La emergencia social y la institucionalización de la dualidad del movimiento obrero. El Movimiento Evita y las guerras.

Fernando Rosso

@RossoFer

Viernes 18 de noviembre | Edición del día

La Confederación General del Trabajo (CGT) y distintas organizaciones que agrupan a trabajadores informales se movilizarán este viernes al Congreso Nacional. Además de la central sindical, participarán la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), el Movimiento Evita, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y el Movimiento Barrios de Pie, entre otros.

Algunas entidades empresarias como la Confederación General Económica y la Federación Económica de la Ciudad de Buenos Aires anunciaron su adhesión, así como la Federación Agraria.

Según informaron los convocantes en conferencia de prensa, la movilización se realizará bajo el lema: “Unidad para la justicia social. Basta de despidos”.

Una de las exigencias de la convocatoria es la aprobación definitiva de la llamada “Ley de Emergencia Social” que tuvo media sanción en el Senado y que estipula el aumento en 15 % de la Asignación Universal por Hijo y por embarazo durante un año, la creación de un millón de puestos de trabajo para las cooperativas sociales, además de un salario "complementario" para trabajadores de la economía informal y otros ítems.

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La normativa que aprobaron los mismos senadores que garantizaron la mayoría de las leyes sostén del ajuste de Mauricio Macri, será de muy difícil tratamiento en Diputados, en el marco del cierre del ciclo legislativo. Una de las demandas de la marcha es que su aprobación y tratamiento sea durante este año y que no reciba el veto presidencial. Desde el oficialismo aseguraron que si la ley se aprueba sería vetada de plano por Macri. Pero no será necesario, el tiempo y la forma de la presentación imponen que no sea tratada en la Cámara Baja.

Como ocurrió en abril (29A) y luego otra vez en agosto (“Marcha de San Cayetano”), la convocatoria es sin paro, una medida que los dirigentes burocráticos de la CGT se negaron a tomar incluso después de que Macri vetara la llamada “ley antidespidos”.

La tónica de la movilización estará marcada por la “bendición” de la Iglesia, la adhesión de entidades patronales y sin medida fuerza. Se configura más como una estrategia de desgaste contra Cambiemos, que no ponga en riesgo la “gobernabilidad”, contenga al movimiento obrero y sirva para la reconstitución política del peronismo.

Institucionalizar la precarización

El proyecto de Ley de Emergencia Social, además de un aumento parcial en algunas asignaciones, reclama la institucionalización de una especie de “paritaria” para los trabajadores informales, la creación de una obra social de segunda, un salario social e incluso que exista un “índice de la canasta popular” (¿distinto a la canasta familiar?).

Su carácter de pirotecnia electoral queda de manifiesto no solamente por los tiempos de la presentación que hacen difícil su tratamiento en Diputados, sino también porque deja en una zona difusa al eventual financiamiento. Está hecho a la medida de lavarle la cara a los senadores del amplio espectro del peronismo que fueron los más colaboracionistas con el macrismo, además de "acordarse" un poco tarde del drama de la pobreza.

El proyecto propone establecer un Consejo de la Economía Popular, integrado por funcionarios de Trabajo y Desarrollo Social, así como representantes de las organizaciones sociales; es decir instituir una burocracia “sindical” de los trabajadores precarizados que negocie con el Estado, concesiones y demandas distintas a los trabajadores sindicalizados. La “articulación” con la CGT y el apoyo que dicen brindarle es para terminar de institucionalizar la división de los trabajadores.

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Como afirmamos ya a mediados de año: “La Iglesia, bajo la conducción del Papa Francisco, y los movimientos sociales que le responden (CTEP, Evita) tienen una orientación hacia los trabajadores informales, los pobres urbanos y los eventuales nuevos desocupados: institucionalizar la dualidad que impuso el neoliberalismo a los trabajadores y que se consolidó en los años kirchneristas. Para esto conforman una preventiva ‘central’ para los trabajadores informales que incluso se incorpore o coordine con la CGT (...) Intentan evitar que irrumpan en la escena con métodos y demandas radicales como sucedió a fines de los ’90 cuando el grito de guerra fue ‘trabajo genuino’ y el corte de ruta la modalidad de lucha para hacerse escuchar. Proponen la incorporación a la CGT de una nueva ‘rama’: los trabajadores de segunda.”

La mayoría de las organizaciones convocantes peregrinó hace unas semanas hacia el Vaticano, al Tercer Encuentro Mundial de Movimientos Populares. La nota de color la dio allí Patria Grande (PG): los ex-laicos devenidos en papistas, que fueron a arrodillarse a Roma. Mal momento para llamarse Mala Junta, nombre de la agrupación de mujeres de PG. Hoy son más papistas que el Papa, en relación a la movilización de este viernes y a la Ley de Emergencia Social.

El Movimiento Evita, la guerra y la paz

Son conocidos los argumentos de los burócratas sindicales tradicionales: como en un déjà vu repiten que “no le conviene al gobierno” vetar la ley, tal como hicieron con la amenaza por la “ley antidespidos”, y luego -fondos para las obras sociales mediante- pasó menos que nada.

Sin embargo, son el Movimiento Evita y sus principales referentes los que están en el centro de la CTEP y desarrollan argumentos “novedosos” (o no tanto) para justificar el quietismo propio y el de la burocracia sindical.

En una extensa entrevista publicada en la revista Crisis, el “Chino” Navarro afirma: “(…) el término resistencia generalmente se utiliza, si te ponés más fino en el análisis, frente a un gobierno que rompió la legalidad. Lo que nosotros evaluamos es que si Macri se cae esto gira más a la derecha aún. Porque esto no es el ajuste de Espert, ni de Sturzenegger, no hay cien mil estatales en la calle, ni hay un dólar a veinte pesos, como aspiraban algunos sectores.”

Las tasas de interés de Federico Sturzenegger al frente del Banco Central, que llevaron al enfriamiento violento de la economía, están en el núcleo del plan de Cambiemos. Así que en buena medida es el ajuste de Sturzenegger.

Pero además, “confunde” interesadamente el análisis con la justificación del inmovilismo o el gradualismo: que Macri haya tenido que “moderar” su plan de máxima no quiere decir que las consecuencias sociales del ajuste no justifiquen con creces la necesidad de la huelga (caída de entre siete y diez puntos del salario, despidos, tarifazos etc.)

Emilio Pérsico (entrevistado junto a Navarro en la revista) va más allá y hasta busca una justificación teórica: “Lo que cambió es el modelo capitalista y aparecen nuevas condiciones en las que tuvimos que repensar las herramientas de pelea de los trabajadores. La huelga empieza a desaparecer como instrumento, porque termina favoreciendo siempre a la crisis, al ajuste.”

Otro déjà vu: como el viejo “autonomismo” (QEPD), el nuevo “estatalismo” vuelve a sus argumentos vencidos, la clase obrera no existe y la huelga “empieza a desaparecer”. Todo esto luego de un ciclo de recomposición social y sindical del movimiento obrero. Música para los oídos de Juan Carlos Schmid y el conjunto de los dirigentes sindicales burocráticos que quieren poner la mayor distancia entre ellos y el paro.

A la hora de la charca, Pérsico y Navarro no se privan de las metáforas bélicas y se preguntan si la dinámica del “movimiento popular” es que viene de Caseros (la batalla de 1852, cuando Rosas es derrotado por Urquiza), al que le seguirá Pavón (batalla de 1861, donde se impone Mitre) y alguien que escriba un nuevo Martín Fierro; o en realidad, viene de Cancha Rayada (por la batalla del 19 de marzo de 1818, donde San Martín fue derrotado por las fuerzas realistas en Chile) y van hacia Maipú (en referencia a la batalla del 5 de abril de 1818, el triunfo de los independentistas en las afueras de Santiago de Chile).

Ante tanta guerra retórica junta y derramamiento metafórico de sangre, en medio de la paz que le están garantizando a Macri, no viene mal recordar un principio nodal del teórico de la guerra por excelencia, Carl Von Clausewitz: “No perder de vista al adversario para que si éste echa mano a la espada de combate no vernos obligados a salirle al encuentro con una ceremonia”.

Esto es exactamente lo que vienen haciendo los dirigentes de la CGT y de los “movimientos sociales”: montados sobre las necesidades de la franja más afectada de la clase trabajadora y ante a la espada del ajuste macrista, responden con desfiles y ceremonias. Una ceremonia al servicio del peronismo.




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