Mundo Obrero

OPINIÓN

La CGT ante la crisis y la crisis de la CGT

La movilización de la central obrera y el malestar generalizado. Dos crisis en una misma imagen: la que afecta al país y la que aqueja a los dirigentes sindicales.

Fernando Rosso

@RossoFer

Miércoles 8 de marzo | Edición del día

Fotografía: Infobae

La multitudinaria concentración de la CGT y las organizaciones sociales de trabajadores informales graficó el malestar generalizado que ya había adelantado la masiva marcha docente del lunes.

Pese a la impronta que le quiso dar el triunvirato de la Central con un programa de “defensa de la industria y el mercado interno”, con presencia del peronismo político y algunas federaciones empresarias, la tónica que tiñó la jornada fue la exigencia de una medida contundente para frenar el ajuste del Gobierno. En concreto, la expectativa estaba puesta en que le pongan fecha al paro.

Con su particular pituitaria para percibir el malestar, el triunvirato de la Central salió antes de tiempo del búnker armado en la Federación de Comercio ubicada a unos metros del palco y adelantó casi una hora el inicio del evento. Además, para confirmar su incomodidad, el acto fue casi relámpago (duró alrededor de media hora). Todo lo contrario de lo que fueron históricamente los actos masivos de estas características, en los cuales los usos y costumbres abonan el retraso y la extensión del discurseo.

El escenario seleccionado para el evento obstaculizaba la llegada de muchas columnas hasta el palco central. Esto fue aprovechado por la dirigencia de la CGT para evitar que los sectores más opositores se acerquen al escenario principal. Pero lo que, quizá, no previeron los jefes cegestistas es que las protestas y demandas emanaran de importantes fracciones de sus propias bases. Antes de que alcance los tres minutos de discurso, Carlos Acuña ya escuchaba un poco aturdido el agite desde las inmediaciones del palco con la exigencia de paro nacional.

Es verdad que las grietas de la propia interna sindical (con las diferencias con Pablo Moyano, por ejemplo) y la interna peronista que atraviesa a los aparatos gremiales, acicatearon la impugnación y el reclamo contra los oradores; pero no es menos cierto que el malestar estaba en el “ambiente” y se filtró por todos los poros del aparato burocrático sindical.

El titubeo en los discursos, el fallido de antología de Héctor Daer (convocaremos al paro antes “de fin de año”) o las fallas en el siempre aceitado dispositivo de seguridad que habilitaron que algunos sectores “copen” el palco, luego de terminado el acto, sólo evidenciaron esta desubicación y falta de cálculo de la dirigencia cegetista.

Un aporte más a su pérdida de autoridad, disminuida por un año de mucha tregua y pocos resultados.

Además, hay que tener en cuenta que la propia central atraviesa una transición endémica en su liderazgo en el marco de la transición nacional, con la salida de Hugo Moyano y su reemplazo por un tridente con mucho menos autoridad y olfato político.

El masivo acto de la CGT dejó al desnudo dos tipos crisis: la que afecta al conjunto de los trabajadores sindicalizados e informales y la que aqueja a la propia central. Fue una postal en vivo y a cielo abierto de la CGT ante la crisis y de la crisis de la CGT.






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