Política

MALDITA POLICIA

La Bonaerense le da la bienvenida a su nuevo jefe apaleando adolescentes

Mientras Fabián Perroni muestra su rostro “humano” en entrevistas de color sus subordinados se ceban aún más contra la juventud del conurbano. El mismo perro, con nuevo collar.

Daniel Satur

@saturnetroc

Sábado 20 de mayo | Edición del día

En la noche del jueves el comisario general Fabián Perroni se sentó frente a Alejandro Fantino, en los estudios del canal América. Cual animal suelto, el flamante jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires contó con candidez y hasta con simpatía varias de sus vivencias como “guardián del orden”.

El encuentro fue organizado con precisión y de forma conjunta por la producción del programa y por el Ministerio de Seguridad provincial a cargo de Cristian Ritondo. De allí que la entrevista haya ido de lo apologético a lo bizarro, jugando Fantino el rol de preguntador de aquellas cosas que el entrevistado quiere que le pregunten.

Por eso Perroni pudo contar como si nada, por ejemplo, que entró a la policía hace 38 años. Sin que el periodista repreguntara o al menos se inquietara por el hecho de que su entrevistado haya comenzado su “formación” en 1979, a las órdenes de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz.

Y por eso también el comisario pudo relatar, sin que nadie lo moleste, cómo zafó de una causa por torturas en los años 90 (“me detuvieron por error”, dice), cuando siendo parte de la Comisaría Novena de La Plata integró la patota de policías que, entre otros “hitos”, carga con la desaparición del joven estudiante de periodismo Miguel Bru.

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“Bienvenido Señor”

Mientras Perroni hacía alarde de sus dotes de “policía de calle”, con años de experiencia “enfrentando al delito que no descansa”, en las calles bonaerenses sus subordinados habían tomado la decisión de darle la bienvenida demostrando cuán dispuestos están a cumplir con sus órdenes.

El miércoles un grupo de efectivos de la Bonaerense irrumpió en la Escuela Normal Antonio Mentruyt de Banfield (Lomas de Zamora) y quiso llevarse a la rastra a dos estudiantes menores de edad. Esos adolescentes se habían refugiado en el colegio luego de sufrir en la calle hostigamientos, golpes y hasta balazos de goma de parte de esos mismos agentes.

Los policías llegaron a la escuela con móviles sin patentes e incluso se negaron a identificarse. La decidida defensa de los compañeros de los estudiantes perseguidos evitó las detenciones. Y sólo porque el caso se hizo público a través de un video que se viralizó en pocas horas el Ministerio de Seguridad tomó la decisión de separar “preventivamente” a los cinco efectivos denunciados.

Un día después, horas antes de que Perroni hiciera su show con Fantino, personal de la Bonaerense y de la Policía Local de Berisso (dependiente del mismo Ministerio de Ritondo) intentó detener a los golpes (con simulacros de ahorcamiento incluidos) a estudiantes que protestaban por las condiciones edilicias de la Escuela Media n°1 de ese partido vecino a La Plata.

Allí también la acción decidida de las y los estudiantes evitó que los menores atacados terminaran dentro de los patrulleros. Y allí también hubo un video que permitió difundir la brutalidad policial por redes y medios de comunicación. Eso sí, hasta el momento ni Ritondo ni Perroni hicieron uso de las pantallas ni los portales amigos para anunciar la separación de los atacantes en este caso.

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Marcas registradas

Las preguntas, aunque retóricas, se imponen. ¿Cuántas golpizas sufre cotidianamente la juventud en las calles por parte de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y sus aliados de las policías locales y de fuerzas federales como Gendarmería y Prefectura?

¿Sólo pueden zafar aquellos adolescentes que tienen la suerte de ser defendidos por compañeros, amigos o familiares?

¿Y sólo serán, si es que lo son, sancionados aquellos policías que tuvieron la desgracia de ser grabados con un celular y difundidas sus brutalidades por las redes sociales?

Desde hace décadas la Maldita Policía da sobradas muestras de su podredumbre, reproducida hasta el hartazgo pese a las mil y una purgas de cúpulas descompuestas y pese a proyectos de “control civil” propuestos por cierta parte del progresismo bienpensante.

Hace una semana Rosa Schonfeld, la madre de Miguel Bru, aseguró ante este medio que Perroni debe saber qué pasó con su hijo y dónde fue a parar su cuerpo pero prefirió callar durante más de veinte años para salvar a sus compañeros de uniforme.

Sin embargo, casi como una provocación premeditada, el nuevo jefe de la Bonaerense repite a quien quiera escucharlo que él y su amigo Pablo Bressi (su antecesor “renunciado” por Vidal) son parte de esa heroica y honesta policía que “se la juega” junto a los vecinos y lucha al servicio de la comunidad.

En las calles de la Provincia, gobernada durante décadas por el peronismo-kirchnerismo y desde hace un año y medio por el macrismo-radicalismo, los subordinados de Perroni (el exsubordinado de Camps, Etchecolatz y Klodczyk) decidieron darle la bienvenida a su nuevo jefe máximo como saben hacerlo: a los golpes contra la juventud de los barrios.

Nada que sorprenda. Nada que vaya a cambiar. El mismo perro, con diferente collar.

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