Política

DERECHOS HUMANOS

La Biblioteca Julio López abrió sus puertas en el Espacio Luciano Arruga

Un mismo homenaje, en La Matanza, a dos víctimas del aparato represivo. Justo en el lugar donde funcionó el destacamento que secuestró al joven de 16 años. Emotivas palabras de lucha y organización.

Domingo 25 de septiembre de 2016 | 03:49

“Hoy cuando entraba a la biblioteca me pasó algo muy raro, ver a los chicos reírse, sacarse fotos, entrar con total libertad. Totalmente opuesto a lo que era hace un tiempo atrás, cuando pedía auxilio desesperadamente en este lugar”. Así habló Mónica Raquel Alegre, la mamá de Luciano Arruga. La biblioteca por la cual hoy pasean libremente los chicos del barrio, los amigos de Luciano, era el máximo lugar al cual los oficiales del destacamento le permitían acceder en septiembre de 2008.

Quien pedía auxilio desesperadamente era su hijo, de tan solo 16 años, quien estaba siendo golpeado y quien meses más tarde desaparecería a manos de la Policía. Sus familiares y amigos lucharon durante cinco años y ocho meses hasta dar con su cuerpo.

Antes de Mónica habló Vanesa Orieta, la hermana de Luciano. Ella recordó cómo en una de las primeras actividades, en la plaza del barrio, surgió “esa loca idea” de cerrar el Destacamento para abrir un espacio cultural para el barrio.

Nada fue fácil, con la lucha habían logrado que el destacamento cerrara sus puertas y que le cedieran la gestión, pero la Justicia demoraba el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense y el traslado de la posesión. “Hasta que un día dijimos no va más -recordó Vanesa-, hay que pedir su expropiación y hay que pedir que el Equipo Argentino de Antropología Forense se meta a investigar. Entonces hicimos un plan”.

El plan fue la acción directa sobre el lugar custodiado por Gendarmería. Un 17 de octubre por la madrugada ingresaron al lugar. Mientras Vanesa y otros compañeros les comentaban sus intenciones a los desconcertados gendarmes, otro grupo de compañeros colocaba unos paneles ya diseñados para instalar la radio.

"Dos meses duró la toma", señaló Vanesa, “pero logramos la expropiación y la reconstrucción que estamos haciendo de este lugar es la etapa más gratificante”. Al referirse a esta etapa saludo a sus compañeros y quiso también mencionar a “los viejos que tanto nos enseñaron”. Nilda Eloy, quien estaba presente en el lugar, era una de las aludidas. El otro era Cachito Fukman, cuyas fotos de luchador adornan la biblioteca.

Previamente dos mesas de derechos humanos, la temática fundamental que pretende recopilar la biblioteca, se habían desarrollado. En la primera de ellas Nilda Eloy de la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD); Miguel Graziano, autor del libro En el cielo nos vemos. La historia de Julio Lopez, y Julio Avicento de HIJOS La Plata, recordaron con emoción la lucha de “el Viejo” y sus cuatro desapariciones: las dos físicas, la de 1976 y la de 2006; y las dos simbólicas, cuando Julio López desapareció de los medios y hasta de los propios tribunales donde había fiscales que “por escrito decían no querer la causa”.

Posteriormente fue el turno de María del Carmen Verdú de Correpi y de la socióloga Ana López, quienes coincidieron en señalar que hablar hoy de “violencia institucional” oculta conceptos mucho más emblemáticos sobre la problemática, como lo son los de tortura, represión o gatillo fácil.







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