Economía

DEBATE

Kicillof: un discurso aggiornado para estos tiempos en los que manda el FMI

El ex ministro y actual diputado Axel Kicillof inició un recorrido mediático para transmitir un claro mensaje: seguiremos cumpliendo con el FMI. Los límites del pretendido "antineoliberalismo" cuando manda Lagarde.

Esteban Mercatante

@EMercatante

Jueves 29 de noviembre | 00:00

Imagen/Enfoque Rojo

“Hay 2019”. Hace rato que todo el peronismo viene entusiasmado por los impactos electorales que puede tener la crisis económica que puso a Macri bajo la dependencia financiera del Fondo Monetario Internacional, haciendo en este 2018 los mayores esfuerzos para que esta se desarrolle dentro de los canales institucionales, lo cual significó dejar que Macri y el FMI avancen con un programa de ajuste que tiene fecha de expiración recién en 2021.

Pero con el cierre del año, la efervescencia electoral adquiere nuevos bríos. Entre quienes se prueban el traje de candidatos (¿o futuro nuevo ministro de Economía de un eventual gobierno de CFK?) es Axel Kicillof, quien manejó la cartera de Hacienda durante los últimos dos años del mandato final de Cristina Fernández.

Hace 10 días, la revista Forbes anunciaba en tapa una entrevista al “anticristo” (en palabras de la periodista que llevó a cabo la entrevista Virginia Porcella) para el establishment empresarial. El pasado lunes fue el turno del más amigable sitio La política online. Y el miércoles estuvo con María O’Donnell en el programa 50 minutos emitido por La Nación +.

Son síntomas de algo que no es ninguna novedad. Hace rato las mesas de arena del juego político manejan la hipótesis de que CFK volverá a ser candidata el año próximo, hipótesis fortalecida por la ausencia de otros liderazgos igual de gravitantes, y alimentada además por la intención de Macri de polarizar con la ex presidenta y al mismo tiempo buscar un peronismo dividido. Pero este juego del gobierno viene produciendo un efecto inesperado para el actual oficialismo; el empresariado se empieza a hacer a la idea de que podría volver el ciclo “populista” (imprecisa fórmula con la que catalogan al período kirchnerista). Y entonces, van a ver a su ex y probable futuro ministro (¿o vice? ¿o candidato comodín en una PASO peronista?) a ver qué planes abrigan de llegar al gobierno en 2019, cosa que viene ocurriendo cada vez más asiduamente según señalan varias fuentes periodísticas y afirma el propio Kicillof. Y hasta la revista escrita para narrar las maravillas del mundo empresarial lo interroga en primera persona.

Más allá del balance sobre los gobiernos kirchneristas sobre el que pasa rápidamente en estas entrevistas y que podría ser materia de mayores debates (que ya desarrollamos en el libro La economía argentina en su laberinto, y en varias notas y entrevistas), lo más llamativo es lo que deja entrever la entrevista sobre lo que podría ser un futuro gobierno de Cristina Fernández.

Verdades

“No podés romper con el Fondo”, dice el ex ministro a Virginia Porcella. Y es cierto: si uno se propone llegar a la presidencia del Estado y gestionar el país capitalista dependiente, no queda otra que mantenerse en los marcos del FMI. El empresariado Argentino, pero sobre todo el más concentrado e internacionalizado, requiere que el país cumpla con los compromisos con el organismo. Su posibilidad de comerciar con el exterior, girar y recibir fondos del exterior, cotizar en otras plazas bursátiles, etc. dependen de mantenerse dentro del sistema de pagos internacional en cuya organización el FMI es central, aunque venga perdiendo protagonismo. Por eso, como afirma la investigadora Noemí Brenta, “nadie” dejó de pagarle un crédito.

Pero, a diferencia de lo que ocurrió en 2005, cuando el superávit comercial acumulado desde la crisis de la convertibilidad y los años de default entre 2002 y 2005 habían permitido al Banco Central acumular suficientes dólares como para saldar con “efectivo” (por la nada módica suma de USD 10 mil millones) las deudas con el FMI y mantenerlo a raya sin romper, en 2019 no será posible esa ambigüedad. Gane quien gane, sólo dispondrá de la ayuda del FMI para cumplir con los compromisos financieros para 2020, y este organismo apenas tiene programado poner en ese año USD 7.000 millones, ya que el resto del crédito ya habrá sido desembolsado para entonces.

No solo será imposible pagarle al Fondo y prescindir de sus “servicios”; cualquiera que no esté dispuesto a dejar de pagar la fraudulenta y usurera deuda pública, deberá pedirle al organismo presidido por Christine Lagarde una ayuda adicional. No habrá entonces ningún margen para quedarse en algún limbo, como quedarse en el FMI pero no aceptar sus revisiones. O se declara el no pago como parte de una serie de medidas para que la crisis la paguen los responsables, es decir la clase capitalista y los especuladores, como el monopolio estatal del comercio exterior o la nacionalización de la banca con la conformación de una banca estatal única, o se continúa con la ejecución del programa de austeridad.

Podríamos recordar que los gobiernos kirchneristas fueron un período de “pago serial”, que después de reestructurar la deuda, con una quita que no fue significativa una vez que metemos en la ecuación el cupón atado al crecimiento de la economía que agrega USD 30 mil millones a los bonos entregados en 2005, pagaron en total USD 200 mil millones. Pero no hace falta que traigamos a colación esto para predecir lo que podría hacer un hipotético gobierno de Cristina Fernández. El propio Kicillof deja en claro que ningún intento realizarán de avanzar en ese sentido.

Mentiras

El hoy diputado del FPV dice que “hoy una renegociación con el FMI se podría hacer desde una posición de fuerza”. ¿En que basa su argumento? Sencillamente, en que estamos en “esta situación muy complicada y otro responsable de esto es el Fondo Monetario”.

El miércoles sostuvo ante O’Donnell que "el FMI no quiere ser artífice de destruir un país".

Si sospecháramos que Kicillof cree por un segundo lo que dice, resultaría enternecedora tanta ingenuidad. Pero resultaría difícil de creer. Si algo no mostró el FMI en década de “mala praxis” (que mas que eso ha sido la implementación a rajatabla de políticas desequilibrantes para las economías en beneficio de los sectores más concentrados del empresariado y poseedores de riqueza y activos) es una vocación de hacerse cargo de los efectos de sus políticas y revertirlas. La ya mencionada Brenta nos recuerda cómo terminó en tiempos de Alfonsín el ministro Grisnpún intentó negociar las condiciones del ajuste con el organismo, relajando las metas. Spoiler para quienes no lo recuerdan: el intento fracasó completamente.

¿Pero tal vez es que ese era el viejo FMI, y con el nuevo sí se puede negociar en condiciones de fuerza? El verso del “nuevo” FMI ya lo intentó vender el macrismo en los últimos meses, antes de anunciar el “déficit cero”. Pues bien, si repasamos cómo le fue a Syriza en Grecia, comprobaremos que esta idea de negociar “con fuerza” sin romper los marcos capitalistas está condenada al fracaso.

Repasemos un poco los hechos. Este partido, que hemos definido como neorreformista ganó en enero de 2015 las elecciones proponiendo el rechazo a la política de austeridad implementada y supervisada férreamente por la “troika” formada por la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI. Luego de su triunfo, Syriza constituyó una coalición “antiausteridad” con la derecha nacionalista (ANEL o griegos independientes) con el propósito de reestructurar compromisos de deuda y cambiar la política fiscal por una expansiva. Estos objetivos, de por sí moderados, se probaron inviables en las condiciones impuestas por la política impulsada por las principales potencias de la UE, con Alemania a la cabeza. El gobierno de Tsipras creyó posible regatear con la troika algunos márgenes para administrar la integración subordinada de Grecia en la Europa del capital. Terminó siendo el ejecutor de los recortes destinados a cumplir con los acreedores, que continuaron ahondando la hecatombe social que vive el país desde que se inició la crisis de deuda en 2009.

Kicillof está en lo cierto cuando dice que no podés romper con el FMI... si no estás dispuesto a romper con el capitalismo. Pero vende un buzón cuando sostiene que sin tomar este camino, puede implementarse una política que se diferencie en lo sustancial del ajuste que lleva adelante Macri para asegurar el déficit cero, pagarle a los acreedores y asegurar las ganancias del empresariado.

El discurso de Kicillof busca alimentar la idea de que ganando las elecciones podrá cortarse el ciclo del ajuste macrista, e iniciarse como en 2003 un curso de otro ciclo, retomando con variantes el pretendido "modelo de crecimiento con inclusión". Pero "olvida" que este solo pudo constituirse gracias al feroz ajuste realizado por Duhalde, que incluyó entre otras cosas el default de la deuda y una megadevaluación cuyos efectos pegaron de lleno sobre el poder adquisitivo para crear condiciones de alta rentabilidad, y además estuvo ayudado por el ciclo de altos precios de los commodities. El kirchnerismo asumió con el "trabajo sucio" del ajuste ya realizado, y buscó asegurar la perpetuación de las condiciones favorables para el empresariado al tiempo que buscaba recomponer las condiciones de dominio de la burguesía con políticas que fueron presentadas como de un signo distinto de las del período, presentando al Estado como “árbitro”. Pero asegurando siempre en lo fundamental las "conquistas" que la clase dominante había logrado durante el período neoliberal.

Sin este trabajo previo completado, quien suceda a Macri en 2019 deberá continuar la labor de Macri y el FMI.

Te puede interesar: De laberintos, espejismos y relatos

¿Cómo enfrentamos el saqueo en marcha?

El programa económico en marcha es un plan de guerra contra el pueblo trabajador, que Macri solo puede llevar adelante gracias al aporte de gobernabilidad que le da el peronismo y la burocracia sindical. Solo rompiendo el Acuerdo Stand By y dejando de pagar al FMI y al conjunto de los acreedores puede cambiarse el curso del ajuste. Pero esto solo es compatible con una firme decisión de romper con el orden que sostiene este organismo que es un pivote central del capitalismo globalizado. La pretensión de contraponer a Macri una alternativa “antineoliberal” es una impostura magnificada en los tiempos en los que es el FMI el que gobierna la política económica.

Por todo esto, como ya señalamos, solo queda una hoja de ruta para evitar repetir como farsa trágica y decadente la historia de saqueos: que una fuerza política independiente de los trabajadores imponga un serie de medidas de ruptura con el imperialismo y sus socios nacionales.

Te puede interesar: De 2001 a hoy: ¿cómo hacemos para que la historia no se repita?.







Temas relacionados

Mauricio Macri   /    Axel Kicillof    /    Ajuste   /    FMI   /    Economía Nacional   /    Economía

Comentarios

DEJAR COMENTARIO