Géneros y Sexualidades

ABORTO LEGAL

Katy Balaguer: "Porque amamos profundamente la vida, luchamos también por cambiar todo desde la raíz"

Catalina "Katy" Balaguer, una de las "leonas" de Pepsico, que resistió la represión policial con que desalojaron la fábrica donde trabajaba, expuso sus fundamentos a favor de la legalización del aborto en las audiencias que se están desarrollando en Diputados. Transcribimos aquí su intervención.

Martes 22 de mayo | 14:42

Mi nombre es Catalina Balaguer. Soy obrera. Fui una de las 600 trabajadoras y trabajadores que luchó contra el cierre y los despidos en Pepsico y que fuimos desalojados con la represión comandada por la gobernadora María Eugenia Vidal. Soy militante de la agrupación Pan y Rosas y del Partido de los Trabajadores Socialistas en el Frente de Izquierda.

No quiero dejar de hacer referencia a que este debate, se da ahora en el marco de nuevos despidos, ajuste y tarifazos como también de las negociaciones con el FMI, que sólo traerán más hambre y miseria para las familias trabajadoras. Y sabemos que eso afecta doblemente a las mujeres.

Con la diputada Nathalia González Seligra PTS/Frente de Izquierda

También los escuché hablar de los derechos “del niño por nacer”. Déjenme decirles que la Iglesia, que les da letra para sus alegatos, es una institución denunciada hasta el hartazgo por los abusos a niñas y niños y por encubrir a sus miembros responsables de estos crímenes.

A lo largo de estas semanas escuché todo tipo de razones por las cuales el derecho a la interrupción del embarazo no debería ser legal. En primer lugar me quiero referir a los que están en contra, a los las que hipócritamente se denominan pro-vida. No hicieron otra cosa que remarcar el mayor desprecio por vida de las mujeres de mi clase, trabajadoras y pobres, que mueren por abortos clandestinos.

Nos cosifican a las mujeres como máquinas de reproducción, como si por ser pobres fuéramos ignorantes, como si por nuestras carencias no pudiéramos decidir sobre nuestros cuerpos. Nos quieren hacer aparecer como asesinas a las que estamos a favor de la legalización del aborto.

También los escuché hablar de los derechos “del niño por nacer”. Déjenme decirles que la Iglesia, que les da letra para sus alegatos, es una institución denunciada hasta el hartazgo por los abusos a niñas y niños y por encubrir a sus miembros responsables de estos crímenes. Pero ¿qué se podría esperar de la Iglesia que fue responsable de encubrir, confesar y perdonar a los militares cuando torturaban, violaban y desaparecían a mujeres embarazadas? Carecen de toda autoridad moral para hablar del derecho a la vida. Por eso, además de exigir la legalización del aborto, decimos “Fuera las manos de la Iglesia en este debate por nuestros derechos. ¡Separación de la Iglesia del Estado!”

Con el diputado Nicolás del Caño, diputado del PTS/Frente de Izquierda

Trabajé con compañeras que venían a la fábrica, fajadas, para que no se les vea la panza del embarazo que, aunque era deseado, podía ser motivo de despido. Y con otras compañeras que perdían sus embarazos por los ritmos extenuantes de producción.

Los que están contra el derecho al aborto, también dijeron que “el ser humano nace libre e igual a los otros”. Nuestras vidas y las de nuestros hijos no son ni libres ni iguales. Cuando era joven, trabajé como empleada doméstica en una casa donde, durante mis horas de trabajo, dejaban un arma a la vista para amenazarme. Luego trabajé en fábricas. Al igual que muchísimas trabajadoras me levantaba a las 4 de la mañana para salir a trabajar, en muchos casos más de 10 horas.

Compañeras trabajadoras solas o con sus parejas sin trabajo, para poder alimentar a nuestros hijos, vivimos todo tipo de abusos: ya sea para exigirnos más de lo que podemos hacer o con abusos sexuales de jefes y supervisores, bajo la amenaza de que si no accedíamos, perderíamos nuestros trabajos.

He tenido que dejar a mis hijas solas, mientras trabajaba 16 horas y apenas podía ocuparme de ellas. Trabajé muchos años en la industria alimenticia, con compañeras que prácticamente vivían en la fábrica para poder comprar unas zapatillas y que sus hijos no siguieran pasando otro invierno más en ojotas.

Trabajé con compañeras que venían a la fábrica, fajadas, para que no se les vea la panza del embarazo que, aunque era deseado, podía ser motivo de despido. Y con otras compañeras que perdían sus embarazos por los ritmos extenuantes de producción. Trabajé con mujeres a las que la patronal las echaba siendo aún muy jóvenes, porque sus cuerpos estaban “rotos” para seguir siendo explotados. Trabajé con compañeras a las que la multinacional Pepsico las puso en una jaula separadas del resto, cuando el médico decía que ya no podían estar en la línea de producción por las enfermedades laborales y no podían despedirlas.

Tuve que ayudar a compañeras trabajadoras a calmar el dolor de sus pechos endurecidos, por tener que volver a la producción y no poder amamantar. Trabajé con compañeras que querían tener hijos y no podían, mientras en el descanso leíamos en las revistas que las ricas y famosas podían acceder a métodos de fertilización asistida que eran inaccesibles para ellas. Hemos ido a atendernos a salitas en donde los médicos “defensores de la vida”, se negaban a entregarnos las pastillas anticonceptivas o a colocar los DIU gratis, pero sí lo hacían en clínicas privadas.

Trabajé y sentí el gran dolor de no poder alzar a mis hijas por las enfermedades músculo-esqueléticas provocadas por los ritmos de producción. Nuestras hijas e hijos no tienen educación sexual en los colegios. Y muchísimos más solo van al colegio para comer. Y otro tanto, ya no van al colegio por tener que changuear.

Las difíciles condiciones para acceder a un aborto seguro son una dura demostración de esto que digo, ¡no somos iguales! Algunas compañeras e hijas de compañeras han muerto por las consecuencias del aborto clandestino. El Estado es responsable de ese femicidio silencioso.

La vida de las mujeres de la clase obrera, la de nuestras jóvenes hijas, no es igual a la vida de las gerentas como la CEO de Pepsico, no es igual a la de los empresarios. Es por todo esto que nosotras, las trabajadoras, nos organizamos luchamos por nuestros derechos, contra todo tipo de machismo, opresión y explotación y lo hacemos juntos a nuestros compañeros. Y un ejemplo de esto fue que en la empresa Pepsico, junto a nuestros compañeros, logramos que nos pagaran jardines maternales, categorías para las mujeres, mejores condiciones y licencias para las compañeras embarazadas y que toda la planta se paralizara en las convocatorias por NiUnaMenos. Estos pequeños ejemplos demuestran quiénes estamos, verdaderamente, por el derecho a la vida. Porque nuestras vidas valen más que sus ganancias.

En la sala de audiencias del anexo del Congreso Nacional

Porque amamos profundamente la vida, luchamos también por cambiar todo desde la raíz. Porque sólo abrazando esta lucha de las explotadas y explotados, podemos decir que tendremos una vida que vale la pena ser vivida.

Es por demás evidente que si nos encontramos acá, es por nuestra lucha, por la profunda firmeza de nuestro reclamo, de esta lucha del movimiento de mujeres que lleva años y a la que ningún gobierno le ha dado una solución. Por eso, como trabajadora, militante feminista socialista, a pocos días ya de la votación de la ley, quiero convocar a las mujeres trabajadoras y también a mis compañeros obreros, a las jóvenes estudiantes y a tantos que acompañan nuestros reclamos, a redoblar nuestros esfuerzos en la lucha y la movilización para conquistar el derecho al aborto. Debemos movilizarnos, como lo hemos hecho durante años, ya que esa fue la herramienta que nos ha traído hasta acá en el centro del debate. Volvemos a insistir “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”.

Porque amamos profundamente la vida, luchamos también por cambiar todo desde la raíz. Porque sólo abrazando esta lucha de las explotadas y explotados, podemos decir que tendremos una vida que vale la pena ser vivida.

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