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KFC: el secreto no está en la salsa

La precariedad se ha convertido en el modelo laboral predominante en el Estado español. Dentro de los trabajos precarios el sector de la hostelería es quizás el mejor ejemplo de cuáles son las condiciones que quieren imponer al resto de la clase trabajadora.

Martes 8 de noviembre | 19:16

En este sentido, mi experiencia como ex trabajadora del Kentucky Fried Chicken (KFC) me ha permitido comprender realmente la rapidez con la que se están deteriorando los derechos laborales que aún nos quedan.

El KFC es la típica empresa norteamericana de comida rápida extendida por todo el globo que simboliza la potencia del capitalismo yanqui. Su éxito no tiene nada que ver con ninguna receta súper secreta o con su brillantez intelectual, está más relacionado con los abusos y explotación a los que someten a sus trabajadores. Al compás de las sucesivas reformas laborales, el KFC en Madrid durante los últimos cinco años ha tomado una serie de medidas como política de empresa. Una de ellas es la de hacer sólo contratos temporales, de cuatro meses como mucho, dándoles continuidad en función de las ventas. Otra de las medidas tomadas son las jornadas parciales rotativas de veinte horas a la semana. Todo esto por un salario de miseria de alrededor de 550 euros al mes. Por tanto, un trabajador del KFC se ve obligado a realizar horas extras y a aceptar horarios imposibles para poder sobrevivir, sin la posibilidad de conseguir otro trabajo, ya que te cambian el horario sin previo aviso, a veces de un día para otro.

De esta manera la empresa ha creado un clima de verdadera dictadura en sus centros de trabajo, sin la más mínima posibilidad de reclamar tus derechos, debido a que siempre te encuentras bajo la amenaza de que no te van renovar el contrato. Esto les permite implementar unos ritmos de trabajo extenuantes, sobre todo en las horas punta, causando un estrés generalizado en la plantilla.

La conciliación familiar en estas condiciones es casi una utopía; sin embargo, en una empresa donde la mayoría de los trabajadores son mujeres inmigrantes, y en muchos casos sus familias dependen exclusivamente de ellas, el único camino posible es la solidaridad. Es muy habitual el intercambio de horarios cuando surge algún imprevisto, lo cual es muy común cuando tienes hijos pequeños; o incluso las colectas de dinero entre todos los trabajadores cuando alguien está pasando una situación económicamente delicada. Estos lazos de solidaridad entre los empleados son muy peligrosos para la patronal y no han pasado desapercibidos; así es que, en un intento de desmoralizar y dividir a la plantilla, además de aumentar su ya abultada tasa de beneficios, todos los nuevos contratos tienen todavía peores condiciones, cobrando la hora 1.50 euros menos.

Dado el ambiente de brutal competencia en el sector de la hostelería está claro que los planes de la empresa son los de continuar ahondando todavía más en el deterioro de las condiciones de trabajo. Por tanto, en el actual contexto de total abandono de los principales aparatos sindicales, la única opción que nos queda como trabajadoras y trabajadores, es la de confiar en nuestra propia fuerza como clase; y es desde centros de trabajo como los del KFC que tiene que surgir la nueva vanguardia obrera que impulse la lucha contra la precariedad.




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