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OPINIÓN

Razias policiales: “Juventud no es sinónimo de delincuencia”

Un estudiante del conurbano bonaerense relata su experiencia con una razzia policial en el colectivo. La medida implantada por el gobierno de María Eugenia Vidal vista desde abajo.

Martes 4 de julio | Edición del día

Carlos es un estudiante que vive en el conurbano bonaerense. Pidiendo reserva de su apellido (da por descontado el ataque fascistoide si se lo reconoce) envió un relato a La Izquierda Diario que se reproduce completo.

Voy viajando en colectivo hacia la capital, un viernes después de salir de cursar. La Policía retiene el bondi durante 15 minutos. Pienso, ¿qué pasaría si por algún motivo, los efectivos deciden, detenerte por más tiempo o llevarte a una comisaria porque te olvidaste el documento y tu cara les parece sospechosa?

Sigo pensando, y me remito a las posibles conclusiones de los pasajeros observando la situación Tal vez crean que soy un delincuente, ’’algo habrá hecho’’ dirán. Resuena en mí, esa frase familiar de otras épocas.

Al parecer, para el gobierno y la Policía, la “seguridad” depende de un proceso azaroso, de prueba y error, en el que se examina a todos y cada uno de los pasajeros masculinos, buscando “criminales”. Trabajadores en los asientos, hijos e hijas de los mismos, asustados, casi enfrentados, y el chofer que ahora parece dudar de todos y cada uno de los pasajeros.

¿Y si hay alguien armado en el colectivo qué pasa? Pasa esa imagen delante de mis ojos, y también otras, repetidas. Aquellas del gatillo fácil, esas que la Policía no cuenta como hazaña. Esas en donde las muertes de los pibes en los barrios es moneda corriente.

La juventud no es sinónimo de delincuencia y la Policía no garantiza la seguridad de los laburantes y estudiantes que viajamos de forma cotidiana en bondi. La Policía garantiza los negocios del narcotráfico que arruina a los pibes con el paco, libera zonas y regentea el delito, hace que los pibes excluidos roben para ellos y si se niegan los desaparecen como a Luciano Arruga. Son los hijos de los barrios pobres, que tienen vetada la educación, la salud, el arte, el deporte, la existencia, el derecho a ser.

Nada bueno podemos esperar de la Policía. La tan reclamada “seguridad” no llegará con mano dura, sino con la lucha por un cambio social radical que acabe con la exclusión y las mafias del sistema capitalista, que aprovechan esta situación en favor de un consenso social favorable a sus intereses. Nuestras vidas valen más que sus ganancias.






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