Juventud

PANDEMIA Y PRECARIZACIÓN

Juventud en la pandemia: nuevo capítulo en la historia política de la precarización

Nueva fase de la cuarentena. Las calles se empezaron a llenar de protestas contra los ataques de las empresas. La juventud, como en otras épocas, es la más atacada pero a su vez, la más rebelde.

Juana Galarraga

@Juana_Galarraga

Viernes 15 de mayo | 00:43

Foto I Javier Chimenti

Las calles ya no están tan vacías, a pesar de que estamos muy lejos de haber superado la pandemia. La presión de empresarios de todos los rubros y de algunos gobernadores, empujó para retomar lo más que se pueda de la actividad económica con despidos, suspensiones y rebajas de salario de por medio.

Al mismo tiempo, lo que empezó a llenar de movimiento las calles fueron las protestas de trabajadores y trabajadoras que se vieron en la obligación de romper la cuarentena para protestar ante este ataque. La primera acción de la Red Nacional de Trabajadorxs Precarixs e Informales este jueves, se dio como parte de esto con acciones en el obelisco, La Plata, Rosario, Córdoba, Neuquén, Mar del Plata, Tucumán, Mendoza y Jujuy. Participaron repartidores, trabajadores de call centers, gastronómicos, estatales, fabriles y más sectores.

La juventud precarizada ensaya nuevas formas de debate, organización y protesta. Desde el comienzo de la cuarentena impulsa tuitazos y acciones en redes. Los debates empezaron a darse en grupos de whatsapp. “Vale la pena levantar la voz”, fue la conclusión que sacaron trabajadores de comidas rápidas, cuando vieron que habían obligado a las empresas, al sindicato Pastelero y al Ministerio de Trabajo, a responder a su reclamo contra los recortes de salarios. Lo que siguieron fueron trampas de las empresas y más traiciones del sindicato que redundaron en más ataques al salario.

Evidentemente, había que hacer algo más. Sin embargo, esta primera conclusión es valiosa: la juventud precarizada viene de largos años de soportar condiciones laborales y de vida muy precarias. Era necesario levantar la voz y sigue siéndolo. Jóvenes de distintos puntos del país sacaron otra conclusión muy importante: no estamos solos ni solas, somos miles de esenciales tratados como descartables e invisibilizados por los grandes medios. Con denunciar no alcanza, hay que dar un paso más. Empezaron a haber reuniones virtuales.

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La juventud se viene mostrando dispuesta a visibilizar sus reclamos, desafiando la represión estatal, exigiendo respuestas de sindicatos y del Gobierno. Así hicieron los repartidores con un paro internacional primero y con otras acciones que impulsaron nacionalmente después. Finalmente hizo su primera aparición callejera La Red, organización parte -y consecuencia - de todo este proceso. Su debut constituyó la intervención más vistosa y de mayor impacto de la juventud precarizada desde que comenzó esta crisis.

¿Alcanza con esto?

El futuro de la juventud ya estaba en juego

Desde 2018, cuando el FMI volvió a tomar control de los destinos del país, advertíamos que la juventud trabajadora no podía resignarse a un futuro atado a los intereses de los especuladores. La situación en la que quedaba a las puertas de un nuevo saqueo histórico no era fácil y la responsabilidad no era exclusivamente del gobierno de turno.

El macrismo contó con la complicidad de los gobernadores peronistas en el Congreso para que lo central del ajuste y el endeudamiento pasara. Incluidos tarifazos, pago a los fondos buitre, el nefasto acuerdo con el FMI y la reforma jubilatoria. Por esa época las patronales, con la complicidad del Ministerio de Trabajo y los sindicatos, empezaron a flexibilizar aún más las condiciones laborales por sector. Querían imponer una reforma laboral a través de la flexibilización de los convenios.

¿Qué significaba este nuevo ataque en ciernes para la juventud precarizada, para los y las que venían trabajando en negro, con contratos temporales, con varias changas al mismo tiempo para pagar un alquiler y comer? ¿Para los y las monotributistas que no tenían derecho a exigir nada en calidad de trabajadores porque supuestamente son sus propios jefes? ¿Podían ser los call centers más precarios? ¿Podía Rappi aprovecharse aún más de la desesperación por trabajar? ¿Podían las empresas tener más facilidades para despedir o pagar menos? ¿Era posible que trabajar en las fábricas rompiera más los cuerpos? ¿Era posible que la jornada laboral se hiciera más larga y agotadora de lo que ya venía siendo? Ese es el sentido de la flecha en el que viajan los planes de reforma laboral por la que empujan fuertemente, desde hace tiempo. Esa es la reforma laboral que están imponiendo de hecho con la excusa del coronavirus.

La pandemia vino a adelantar ese futuro oscuro al que la juventud ya estaba atada como eslabón más precario de la clase trabajadora. Ya estaba inscripta en su horizonte la urgencia por romper con el sometimiento del imperialismo saqueador. Seguirá estando atada a ese futuro, a menos que oponga una organización a la altura. Una organización así no puede surgir más que de su propia afirmación como parte de y en unidad con el conjunto de la clase trabajadora.

Otra vez la juventud no es prioridad

El diputado del PTS-FIT Nicolás del Caño, publicó en 2019 el libro “Rebelde o Precarizada: vida y futuro de la juventud en tiempos del FMI. De los 90 a la era Macri”. En su presentación, Del Caño sostuvo que la intención del trabajo fue “trazar una historia política de la precarización”.

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“Hay una parte que cuenta en el menemismo, todas las leyes de flexibilización laboral que se fueron implementando. Después, cómo esa legislación y esas condiciones de precarización se mantuvieron durante los años del kirchnerismo en gran parte. Hay una cifra que es uno de los ejes del libro, que es que el 61 % de la juventud trabaja de manera no registrada. Se va repitiendo en 2006, en 2012 tenés el mismo dato, hasta el 2018”, explicaba por entonces el diputado. Todos los gobiernos mantuvieron la precarización y los sindicatos fueron siempre cómplices.

Lo que vemos ante la crisis de la pandemia es un nuevo capítulo de esa historia política. De la mano del Frente de Todos, ¿qué pasa con la juventud precarizada? A juzgar por sus denuncias, este es otro Gobierno que elige ponerla del lado de los que tienen que pagar los platos rotos. Otra vez un gobierno deja que los miserables saquen ventaja de la juventud siendo miserables. Como venían haciéndolo desde antes, solo que ahora las consecuencias son más graves y se sienten más directamente en el plato de comida y en el cuerpo.

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Mientras, como mostró el circo de este jueves en la Cámara de Diputados, se niegan a tocar las ganancias de los más ricos con un impuesto a las grandes fortunas. Mientras, increíblemente el Gobierno sigue pagando la deuda ilegítima y fraudulenta, haciendo honor al saqueo con los mismos aliados del macrismo: patronales, gobernadores y sindicatos avalan que la prioridad siga siendo el saqueo y no la salud. O el plato de comida de la juventud. El IFE de 10 mil pesos es una miseria que encima dejó a millones afuera y que otros miles no logran cobrar.

Reeditemos los mejores capítulos

“Después de un tiempo, en 2007, la empresa despidió a 60 trabajadores de agencia. Los compañeros bloquearon la entrada, no aceptaron los despidos, saltaron los molinetes y fueron a los vestuarios. Allí estaban algunos miembros de la Comisión Interna. Realizaron una asamblea y decidieron llamar a un paro. La mayoría eran jóvenes de entre 22 y 25 años; el 50% de la fábrica. También en 2007, ante otro ataque, cortamos la Panamericana. Más del 60% eran jóvenes contratados. Se paró la planta. Casi todos los obreros viejos reconocen que la juventud le cambió la cara a la fábrica y les dio actitud ante la empresa”.

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La cita corresponde a un artículo de 2009 que trata sobre lo que se conoce como “sindicalismo de base”, fenómeno que tuvo expresión en distintos puntos del país. Las escenas descritas en la cita, ocurrieron en la ex Kraft Terrabusi, actual Mondelez Pacheco, alimenticia de la zona norte. Mondelez es la misma que ahora trabajó durante casi toda la cuarentena e igual suspendió a 550 trabajadores de su planta Victoria. Otra vez: el Ministerio de Trabajo y el sindicato avalando. Sus trabajadores hicieron un acto en la puerta para rechazar el ataque.

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Después de la crisis del 2001 la juventud le cambió la cara a las fábricas y al conjunto de la clase trabajadora, sobre la base de la generación de nuevos puestos de trabajo: precarios. Ante esa precariedad hubo algunos sectores que reaccionaron. El Gobierno siempre respondió con represión. Los sindicatos siempre respondieron con patoteadas y traición. La izquierda siempre estuvo del mismo lado: apoyando todas esas luchas.

“En 2009 se desató un conflicto por la epidemia de gripe A y la indiferencia de la empresa ante la preocupación de muchos trabajadores. La comisión de mujeres unió a efectivas y contratadas para pelear por sus derechos”, cuenta Nicolás del Caño en su libro. Como vemos, esto de actuar como miserables, para las patronales no es nuevo.

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Miles que hoy tienen bronca probablemente desconozcan estos capítulos de la historia que sigue teniendo a la juventud a la cabeza. Sin embargo, el desafío es superar estas experiencias pasadas, llegar más lejos. A los más precarios les ha faltado en su historia una gran organización propia, construida desde abajo, democrática y clandestinamente para que los buchones de los sindicatos no los entreguen. A la juventud precarizada le ha faltado construir una gran organización que atraviese todas las divisiones y se proponga imponerle a los sindicatos que la defienda, junto a los trabajadores y las trabajadoras en blanco o sindicalizados. La Red de Trabajadorxs Precarixs tiene por delante esa perspectiva.

La Izquierda Diario es parte de este proceso publicando denuncias y ejemplos de lucha. Nuestro multimedio, ha sido parte del tendido de los primeros lazos de esta red, tal como expresa la cobertura que hicimos este jueves con corresponsales en todo el país, quienes son a la vez parte de la juventud que protesta. Queremos seguir escribiendo más capítulos que reediten los mejores ejemplos de unidad y organización de la clase y los sectores populares, que tomen las riendas de su propio destino y saquen del horizonte el futuro oscuro que nos amenaza, desde hace rato.







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