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Junqueras a la prisión, el Supremo al poder

El Tribunal Supremo Junqueras mantiene la prisión incondicional, porque Junqueras no fue claro en que abandone la vía unilateral, en un auto que parece más bien condenatorio.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Viernes 5 de enero | 19:39

Foto: Andreu Van den Eynde, abogado de Oriol Junqueras a las puertas del Tribunal Supremo.

EFE/Juan Carlos Hidalgo

Los tres magistrados del Tribunal Supremo decidieron por unanimidad en mantener al Vicepresident Oriol Junqueras en prisión preventiva incondicional. En el auto indicaban que “Existe un riesgo relevante de reiteración delictiva al no existir ningún dato que permita entender que el recurrente tiene la intención de abandonar la vía seguida hasta ahora”. Lo cual presupone que Junqueras podría realizar “más rebeliones”.

La interlocutoria parece ser más bien condenatoria del “investigado”. A lo largo de la misma, no solo se le culpa de las movilizaciones pacíficas del 20S y el 1O, sino que también se le señala de ser culpable de la represión ordenada por el Gobierno central. Incluso se reconoce que no se ha probado que Junqueras haya ordenado ninguna de las acciones mencionadas, aunque la defensa de “votar” y de la DUI hechas por Junqueras le hace culpable. Que nadie hable de juicio político, por favor.

En dicho auto, los magistrados aseveraban que el “propio sistema democrático que nos rige, imponen ciertos límites que deben ser respetados en aras de una convivencia pacífica y ordenada”. Dicha “convivencia pacífica y ordenada” quiere decir que no importa si se movilizan más de dos millones de personas en más de cinco años solicitando un referéndum. Lo único que importa es que voten una vez cada cuatro años.

¿Rebelión con la violenta represión policial?

En el auto se indica que el Código Penal recoge el delito de rebelión cuando se produce “un alzamiento público y violento”. Y el de sedición cuando hay “alzamiento público y tumultuario para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad”. Y, continua con varios párrafos donde desgrana cuál fue la violencia. Veamos a qué violencia se refiere.

Los magistrados sostienen al unísono con la Fiscalía y la acusación particular del ultraderechista Vox que “… el planteamiento según el cual la declaración de independencia se realizaría de forma unilateral después del resultado de un referéndum prohibido, que el Gobierno del Estado había anunciado que no permitiría, y que se haría contando con el apoyo de movilizaciones populares como elemento decisivo para forzar al Estado a claudicar, suponía una muy alta probabilidad de enfrentamiento físico con episodios inevitables de violencia.”

Más adelante continúa con “…era previsible que, con una alta probabilidad, se fueran a producir enfrentamientos contra los agentes de las fuerzas del Estado que pretendieran el cumplimiento de las leyes vigentes, y que también previsiblemente y con una alta probabilidad, degenerarían en episodios de violencia.” Acusa a Junqueras y a todos los que participaron en el referéndum del 1O como responsables de la represión policial. Sin comentarios.

Según éste auto, se entiende que la violencia procedió de las “fuerzas de seguridad” que obraron con el mandato de evitar una votación ilegal y reprimir a la gente que quería votar. Pero, esta violencia, procedente de la fuerza pública, no puede entenderse como la violencia necesaria de un delito de rebelión o la manifestación tumultuosa de la población. Una violencia ordenada por el poder ejecutivo y que en ningún momento está controlada por el Govern catalán. A menos que se refieran a hipotéticos hechos que el pueblo pueda realizar respondiendo a la violencia policial. Pero el “hubiera no existe” y como tal no se puede juzgar.

Si hubiera alguna duda, nos la sacan en el siguiente párrafo: “Si tanto el recurrente como los demás investigados incitaban a sus partidarios a seguir ese camino, es claro que asumían, aunque pudieran no desearlo, la presencia de actos de violencia”. Se juzga que el Govern catalán es responsable de la violencia con la cual fue reprimida la población, como si fuera una manifestación violenta del pueblo. Difícil salir de este esperpento.

La cuestión está planteada así: como los independentistas estaban haciendo algo que el Gobierno y las reaccionarias instituciones del 78 prohibían y esto implicaba la reacción de las fuerzas represivas para defender sus instituciones; la conclusión lógica es que los independentistas generaron esa violencia y, por tanto son los responsables.

Como Junqueras y todo el Govern no pudieron evitar las acciones espontáneas de decenas de miles de personas como fueron el 20S en repudio a los registros de conselleries y que más de dos millones votaran en el Referéndum del 1O, como los Mossos no fueron a reprimir de la manera en que sí lo hizo la Policía Nacional y la Guardia Civil; el Supremo les considera culpables. Así de sencillo.

Sin embargo, el auto no dice nada concreto sobre la violencia de la acción popular. Tan solo menciones genéricas como “…los días 20 y 21 de setiembre se produjeron numerosos actos de violencia…” con la “con la finalidad de impedir que pudiera darse cumplimiento a la resolución judicial que ordenaba la entrada y registro” cuestión que no se sostiene porque sí pudieron realizar el registro.

La democracia que perseguía urnas

Los magistrados aclaran que “…en un sistema democrático no puede sostenerse la existencia de un supuesto derecho al voto fuera de cualquier cauce legal...” Sin embargo, esto es contradictorio con la anulación del Estatut de 2006, que fue votado en un referéndum popular por el pueblo catalán. El cual fue anulado por un grupo de doce personas que conforman el Tribunal Constitucional. ¿De qué derecho a voto hablan? del que les conviene, claro está.

Y, cuando hay unas elecciones “debidamente” convocadas, como las del 21D, resulta que el resultado es “igualmente de decepcionante” para el Gobierno central. Con una afluencia récord que superó el 80% del padrón electoral, las fuerzas independentistas consiguieron el 2,1 millones de votos mientras que el bloque del 155 quedó en 1,9 millones.

Pero no hay problemas. Si los resultados no acompañan al Gobierno de M punto Rajoy, siempre se puede seguir con la ocupación del Govern catalán 155 mediante, con la intervención de las finanzas catalanas, y, sobre todo, con el accionar del poder judicial para descartar a Puigdemont, Junqueras y varios consellers más de su acta de diputados. En síntesis, esto es una “supremocracia” o una democracia del Ibex35 y los empresarios que éstos sí que votan todos los días con el chantaje de las empresas que se van.

La República que el pueblo sí que quería

Más allá de la excéntrica e hipotética rebelión que el Supremo se plantea en sus diatribas, la dirección del movimiento independentista, el PDeCAT y ERC en ningún momento organizó una sedición y mucho menos aún una rebelión. Las manifestaciones del 20S, tuvieron un alto contenido de espontaneidad, y en ningún momento supusieron amenaza alguna contra cualquier persona. Hablar de rebelión es forzar de manera temeraria la realidad.

En relación al referéndum del 1O, éste fue realizado gracias a la organización popular y de algunas asociaciones y partidos políticos. Fue hecho exclusivamente porque querían votar. Este desafío político al Régimen del 78 fue ultra pacífico. Ni hubo tumultos, ni otra violencia más que la de la Policía y la Guardia Civil. Es imposible llamar rebelión a la resistencia pasiva y pacífica de los dos millones que fueron a votar.

Y por la DUI hecha el 27O hay que aclarar que la declaración fue por lo menos contradictoria y que luego de la declaración, los dirigentes de Junts pel Sí se borraron. Argumentaron que lo hacían para evitar la violencia. La mitad del Govern a Girona para luego irse a Bruselas. La otra mitad ni fue a la Generalitat para trabajar en la naciente república. Tampoco se puede hablar de violencia. De hecho, varios dirigentes políticos del JxS aseguraron que esa declaración no fue jurídica, sino tan solo política.

Lo cierto es que la República catalana no era querida más que por amplios sectores populares del país. No era querida por el Estado español que no escatimó esfuerzos en una represión policial y judicial. Pero tampoco por los dirigentes independentistas de JxS que la abandonaron sin lucha y que nunca se prepararon para crear una verdadera República catalana. Los nuevos representantes del PDeCAT como mucho querían una república acordada con Rajoy. Esto sí que es un oxímoron.

Esa República sí que la querían de verdad, los millones que se movilizaron el 1O y pusieron el cuerpo para defender su voto y el referéndum de autodeterminación. Sí la querían los trabajadores que hicieron huelgas el 3O y los CDRs que protagonizaron cortes de vías férreas y carreteras el 8N, los millones que se movilizan desde 2010. Esos millones que votaron el 21D para restaurar un Govern que dejó la República abandonada.

En síntesis, es la que República por la que lucharon amplias capas populares y de trabajadores. Por eso, solo movilizando a los trabajadores y el pueblo y organizándolos a través de un programa que resuelva los graves problemas sociales de millones, es decir, un programa anticapitalista; solo así podrá haber una República catalana independiente, una República de los trabajadores y el pueblo que sea la cabecera para acabar con el Régimen del 78 y el Ibex 35.







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