Cultura

CICLO PEDAGOGOS NACIONALES

Julio Castro y la mesa colectiva

El presente ciclo de Pedagogos nacionales, abordará las principales corrientes, tendencias y variantes del pensamiento pedagógico nacional, expresados en diferentes textos emblemáticos y autores fundamentales del campo. Agradecemos a los compañeros de Reactiva contenidos por compartir el material audiovisual de su "Ronda de pedagogos nacionales", programa emitido por Radioactiva FM 102.5; en la que participa nuestro compañero columnista de La Izquierda Diario Uruguay.

Jueves 23 de noviembre

"El banco y fijo y la mesa colectiva" del maestro Julio Castro constituye uno de los clásicos más importantes e influyentes de la pedagogía nacional, como texto clave a la hora de entender el debate surgido en Uruguay y Latinoamérica a raíz de la influencia de la corriente de la Escuela Nueva; leerlo en la actualidad con espíritu crítico resulta necesario para rescatar sus valiosos aportes y también para señalar sus limitaciones históricas.

En defensa de la pedagogía como ciencia de la educación

Entre las lecturas que Castro desarrolla en su ensayo teórico-pedagógico tiene especial énfasis el análisis historicista acerca del desarrollo de las ideas de la educación en los últimos tres siglos, constatando cómo la pedagogía tuvo que independizarse de la tutela de la Psicología, de corte herbartiana, para conquistar su autonomía como campo específico del saber humano y social en general, y como ciencia de la educación en particular.

Ciencia de la educación, que aunque puede ser enriquecida por los aportes de la psicología o la sociología, se fundamenta epistemológicamente en la praxis docente, praxis humana que implica un componente importante de arte o tekné; y que en última instancia su desarrollo teórico se basa en la experiencia de la práctica educativa, no existiendo otra posibilidad para la producción teórica en Pedagogía que la práctica escolar.

El banco fijo y la violencia simbólica

Para desarrollar el contrapunto entre vieja y nueva educación, Julio Castro utilizará la antítesis simbólica entre dos tipos de mobiliarios escolares que representan dos concepciones pedagógicas del niño, el docente y el proceso de aprendizaje; por un lado el banco fijo, lugar donde la pedagogía tradicional confinaba al niño a una posición de pasividad con respecto a la actividad del docente, totalmente incomunicado con sus compañeros de clase; por otro lado la aspiración de las nuevas ideas de la educación por una mesa colectiva que representa el hondo respeto por el niño, como sujeto de aprendizaje.

Resulta particularmente curioso que veinte años antes de que el sociólogo francés Pierre Bourdieu creara su categoría de violencia simbólica, un maestro y pedagogo del sur de América haya desarrollado un sugerente análisis sobre el contenido pedagógico disciplinante del mobiliario de la escuela, que perfectamente podemos entender como una de las formas de violencia simbólica ejercida por la pedagogía tradicional, encarnada en el banco fijo.

Los Kindergarten: una amenaza revolucionaria

Si Castro recuerda que los Kindergarten de Friederich Fröbel a comienzos del siglo XIX, fueron proscritos en Alemania por ser considerados subversivos y revolucionarios, podemos constatar el alcance histórico que significó la ruptura de las nuevas ideas de la educación con el asfixiante y opresivo esquema de la pedagogía tradicional, tendencia histórica que se expresará de forma sistematizada en la corriente escolanovista de John Dewey.

Para los incipientes estados-nación en la Europa del siglo XIX, el ocio recreativo y el tiempo libre de los niños por supuesto que constituía un peligro para las clases dominantes, a las que poco le importaban los derechos del niño, explotado brutalmente en la fábricas del capitalismo industrial, y viviendo en la más completa miseria social, como testimonian algunas de la novelas de Charles Dickens.

En este contexto, toda elaboración pedagógica y experiencia educativa que planteara el respeto por la autonomía del niño, y el aprovechamiento del tiempo y el juego en favor de un proceso gradual de aprendizaje, sería considerado como criminal e inmoral por la retorcida moral burguesa de la época, que aún seguía "derramando sangre y lodo por todos los poros".

La Escuela Nueva y el capitalismo

En los albores del siglo XX, la Escuela Nueva representó una esperanza fecunda para los sueños de realización de una escuela de nuevo tipo y alentó un profundo y honesto movimiento reformador en el magisterio de América Latina y Uruguay; sin embargo el mismo Julio Castro constataría la derrota de las aspiraciones transformadoras ahogadas por el contexto de la crisis del 29, la emergencia del fascismo y la Segunda Guerra Mundial.

Hoy a más de setenta años de la aparición de "El banco fijo y la mesa colectiva", aún estamos a tiempo de preguntarnos si es posible la materialización de la mejores ideas del Escolanovismo y su universalización, bajo las condiciones actuales que ofrece el capitalismo.

Quizás, solo en el futuro socialista la humanidad podrá arrancar la Escuela Nueva de la cárcel a la que ha sido reducida por la sociedad del capital, y recrearla en nuevos horizontes de creación y superación.

Matias Matonte en "Ronda de pedagogos nacionales". Radioactiva FM 102.5:

https://www.youtube.com/watch?v=-y2oes3VaI0&t=109s

https://www.youtube.com/watch?v=hHLud1f4tBo&t=50s






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