PERONISMO DE AYER Y DE HOY

Julio Alak recordó emocionado sus años junto a Menem, Cavallo y Duhalde

El exministro de Cristina Fernández celebró en La Plata los 25 años de su llegada a la intendencia, que ocupó de 1991 a 2007. Asadito con herederos del lopezreguismo y el objetivo de rejuntar al PJ.

Daniel Satur

@saturnetroc

Sábado 24 de diciembre de 2016 | Edición del día

La técnica del reciclado es, en general, provechosa. Convertir un tetra brick en una billetera, por ejemplo, es ingenioso y ayuda al medioambiente. Pero hay dos cosas que difícilmente un reciclador pueda lograr: convertir en noble algo que está podrido y revertir el proceso al punto que lo reciclado vuelva a ser exactamente lo mismo que fue.

Parece que el exministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Julio César Alak, está pretendiendo conseguir ambos imposibles. Convertir su pasado de coejecutor del neoliberalismo menemista en una historia casi heróica y, apoyándose en ese falso relato del pasado, intentar reunir a las fuerzas de aquel peronismo noventista de cara al futuro.

“Gesta histórica”

Hace unos días Alak eligió una fecha simbólica con la que quiso mostrar sus ambiciones. Se trata del aniversario número 25 de su llegada al cargo de Intendente de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires. Según difundió su actual fuerza política, el Frente Amplio Peronista (FAP), el exintendente “organizó un reencuentro con centenares de exfuncionarios de aquella gestión en la que se recordó el triunfo del peronismo y se homenajeó a los compañeros que ya no están”.

Gran parte de la “mística” de la celebración estuvo marcada por el hecho de que en aquella elección el Partido Justicialista le arrebató la intendencia a la UCR (que gobernaba desde 1983) y la retuvo por casi un cuarto de siglo (hasta el año pasado que perdió con Cambiemos).

El acto en La Plata se hizo el martes 20. Mientras miles marchaban a Plaza de Mayo y millones debatían por las redes sociales sobre los hechos de diciembre de 2001, el Turco Alak juntaba a socios y adherentes para algo más íntimo. Pero en medio de su discurso pareció recordar aquel “que se vayan todos” de hace quince años y entonce dijo al auditorio: “hoy podemos decir con orgullo que durante 16 años de gestión municipal no tuvimos un solo funcionario imputado o procesado por denuncias de corrupción”.


1999- Alak (de bigotes) junto a Carlos Ruckauf, Juan José Álvarez y Alberto Balestrini - foto La Nación

Malas juntas

Para un festejo “histórico”, ganarle al radicalismo y haber zafado de procesos judiciales por lo hecho en los 90 suena a poco. Pero a Alak eso le alcanza. Y si bien gran parte de los presentes son tan hijos del menemismo y del duhaldismo como él, era lógico que en medio del festejo no se hablara (al menos desde el micrófono) de quienes fueron sus jefes políticos durante más de una década. Carlos Menem, Domingo Cavallo, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf y otros peronistas tan importantes para la carrera de Alak ni siquiera fueron mencionados. ¿Desmemoriados? ¿Desagradecidos? No. Calculadores.

Pero la historia es la historia. Alak ganó cuatro elecciones consecutivas como candidato a intendente del PJ. Pero otros partidos ayudaron mucho a que se mantuviera en la cima del poder comunal. En las elecciones de 1999, por ejemplo, Alak fue candidato en tres listas: la del justicialismo (con Duhalde candidato a presidente y Ruckauf a gobernador), la de Acción por la República (con Cavallo a nivel nacional) y la de la UceDe (el partido fundado por Álvaro Alzogaray).

Muchos de los militantes de esas campañas acudieron el martes a la invitación de “El Turco” y escucharon atentamente sus palabras. Entre otras, que al peronismo lo “dividieron en tres opciones y ahora nos quieren dividir en cuatro con kirchneristas y no kirchneristas. Hacen realidad el viejo apotegma de dividir para reinar. Y si nos quiere dividir, debemos unirnos”. Y por si alguien no terminó de entender el llamado, Alak fue más concreto: “Si hoy sumamos el 10% de peronistas que votaron a Macri, el 20% que votaron a Massa y el 40% que votó a Scioli, somos una fuerza electoral de cerca del 60%”.

Por lo más Delgado

En esto de recordar, festejar y volver a “unir” el exministro de Justicia del kirchnerismo se tomó el tiempo para reencontrarse con un viejo colaborador. Fue el 15 de diciembre, también en La Plata, en un asado organizado por el propio Alberto “El Cabezón” Delgado, su viejo ladero multifunción en la intendencia, quien de día dirigía la Secretaría de Desarrollo Social y de noche organizaba a las patotas del intendente con las que se imponía la política neoliberal a garrotazo limpio.


2016- Alberto Delgado (de campera roja) es agasajado por Alak

Delgado y Alak se conocían desde hacía muchos años (algunos dicen que desde 1979, cuando en plena dictadura compartieron funciones en la intendencia de Florencio Varela). Por eso cuando el Turco le pidió al Cabezón una ayuda para organizar a la fuerza de choque, éste buscó a los mejores.

Uno de los convocados por Delgado y contratados por Alak era Juan José “El Pipi” Pomares, un reconocido pistolero de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), la banda paraestatal de ultraderecha que en los años previos al golpe de 1976 “trabajó” junto a (y a veces a las órdenes de) la Triple A.

En su investigación La CNU, el terrorismo de Estado antes del golpe, Daniel Cecchini y Roberto Elizalde Leal ubican al Pipi como protagonista central de reiterados secuestros, asesinatos y robos realizados en La Plata, entre los años 1974 y 1976, contra delegados gremiales y militantes de izquierda. Producto de esa investigación y de denuncias de sobrevivientes y familiares de víctimas del accionar de la CNU, Pomares fue encarcelado en 2012 y espera ser juzgado el año que viene.

Pero el Pipi no estuvo cuatro décadas prófugo o camuflado. Por el contrario, en 1984 se metió de lleno en la “democracia”, se sumó al PJ con Herminio Iglesias y de apoco se fue encaramando en puestos del Estado. A principios de los 90 fue uno de los convocados por el Cabezón Delgado para “trabajar” en Desarrollo Social de la Municipalidad de La Plata. Había que ayudar al Turco Alak, que recién asumido debía lidiar con los punteros de la región. Y se precisaba gente con experiencia.

Gracias a los servicios prestados, el PJ le confió varios puestos en diferentes listas internas y hasta lo eligieron congresal provincial del partido. Y tras más de una década de integrar la guardia pretoriana de Alak, el Pipi se mudó a la Legislatura, ya de la mano del kirchnerismo. Hasta su detención en 2012, el pistolero nada menos un conspicuo asesor del bloque de Senadores del Frente Para la Victoria.

Las causas judiciales contra criminales de la CNU fueron largamente demoradas por la Justicia. Recién el año que viene, más de cuarenta años después de los hechos e incluso cuando los “derechos humanos” dejaron ya de ser uno de los clichés oportunistas de los gobernantes, comenzará el primer juicio CNU de la capital bonaerense (hace días terminó uno en Mar del Plata).

En La Plata, la CNU llegó a tener alrededor de un centenar de miembros, gran parte de los cuáles están vivos y libres. Hoy sólo están detenidos por cometer algunos de esos delitos de lesa humanidad Carlos “El Indio” Castillo y el militante del Frente para la Victoria, el Pipi Pomares.

Julio César Alak y Alberto Delgado deberían estar en el listado de procesados por encubrir durante años a delincuentes de lesa humanidad, ya que es impensable que no hubieran conocido al detalle el prontuario de Pomares. Y no sólo de él. Cecchini y Elizalde Leal certifican en su investigación que “por lo menos cinco exintregrantes del grupo de tareas CNU platense se incorporaron, una vez recuperada la democracia, a la estrucutura del Partido Justicialista de La Plata y que ocuparon diversos cargos o tuvieron contratos en el Estado provincial”.

Todo vuelve

La historia de Alak puede no ser tan popularmente conocida. Pero tanto en la ciudad de La Plata como en el universo de organizaciones de derechos humanos, políticas y sociales su nombre y trayectoria están íntimanente ligados a lo peor de los años 90 y sus consecuencias.

Por eso no son pocos los militantes de derechos humanos y de las organizaciones obreras y populares que se han sentido poco menos que insultados en los últimos años cuando viejos compañeros de ruta se abrazaban y hasta brindaban con Alak. Para no hablar directamente de cierto “progresismo” kirchnerista que se dedicó a buscar en Alak algo así como un padrino para impulsar candidaturas y organizar contuvernios políticos.


2016- Alak junto a Florencia Saintout, decana de la Facultad de Periodismo de la UNLP

Ahora Alak y su Frente Amplio Peronista organizan mitines en La Plata y alrededores a los que concurren, en promedio, no más de 30 o 40 personas. Lógico. Es imaginable el nivel de repudio masivo que puede surgir si esas actividades se difundieran con mayor ambición. Pero la verdadera intención de Alak con esa gira es buscar nuevos candidatos y candidatas de cara a 2017. “Hay nombres que ya estuvimos en la gestión y no debemos ser candidatos nuevamente”, suele decir en sus discursos.

El problema, en última instancia, no es que Alak quiera recuperar su “mística” verdadera. El problema es que haya habido quienes pretendieron ubicar a Alak en el campo de la dirigencia progresista y pro derechos humanos.

Con el agua al cuello

Una vez que Alak pasó de la arena regional a la nacional, convocado por Cristina Fernández, muchos alakistas se ubicaron en el entramado político minicipal durante las intendencias de Pablo Bruera. E incluso desde hace un año algunos se pasaron a las huestes del macrista Julio Garro. De hecho cuando armó su gabinete uno de los rumores fuertes que corrieron fue que Delgado (que hacía pocos meses había competido en las PASO del Frente Renovador como precandidato a intendente) iría al área de Tercera Edad de la Secretaría de Desarrollo Social.

Como muestran los encuentros que organiza el FAP en la región, muchos de los viejos compañeros estarían dispuestos a volver con el Turco. Al menos desde el lado de Alak, las puertas están más que abiertas.

Pero más difícil que reagrupar a la vieja guardia (ya sin Pomares, claro) será convencer a cientos de miles de platenses de que este Alak no es el mismo Alak de aquellos años, el que con sus políticas en favor del voraz negocio inmobiliario sentó las bases para lo que terminó siendo la masacre social de abril de 2013, donde al menos 90 personas murieron por la inundación. La gestión de Pablo Bruera era una continuación integral del alakismo, así como la de Scioli lo fue de sus predecesores Duhalde, Ruckauf y Solá.

Y ni siquiera la etapa más “popular” y “progresista” de Alak lo termina de salvar. Porque él fue el ministro de Justicia y Derechos Humanos de Cristina Fernández entre 2009 y 2015. Fueron los años en los que el kirchnerismo desató toda su retórica “transformadora” y anticoporaciones. Los años en los que uno de los adversarios de la Presidente fue, nada menos que la misma casta judicial.

Sin embargo, Alak no será recordado en la historia argentina como el hacedor de transformaciones en la materia. De hecho hace pocos días el mismísimo exjuez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni dio una definición muy gráfica de qué sistema judicial construyó esta “democracia” durante cuatro décadas, incluyendo la “década ganada”. En Argentina hay “una estructura del Poder Judicial que es demencial”, sentenció Zaffaroni en una entrevista. Para alivio de Alak, el exsupremo se cuidó de no dar nombres de los culpables.


2016- Alak en uno de sus mitines platenses








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