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Jujuy: los orígenes del culto a la Virgen de Río Blanco

En el mes de octubre la peregrinación al santuario de la Virgen de Río Blanco moviliza a decenas de miles de personas. ¿Qué hay detrás de este culto centenario?

Lunes 10 de octubre | Edición del día

Año a año, todos los domingos del mes de Octubre, se celebra en Jujuy la procesión al santuario de la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya, en la localidad homónima, ubicada a un poco más de 7 km de San Salvador de Jujuy. El último domingo del mes, se realiza la peregrinación más grande, llegando a concentrarse más de 60.000 personas provenientes de la capital jujeña como de distintas localidades del interior de la provincia en la capilla de la localidad.

Sin embargo, este culto centenario tiene su origen en la época colonial del Siglo XVII, en el contexto de la conquista española y sus intentos de dominar definitivamente la región de lo que sería el actual noroeste argentino y en el cual aparece a la Virgen de Río Blanco. No es cual entonces, que la imagen de la virgen y el niño Jesús en su brazos, tengan una corona monarquía de oro con incrustaciones de piedras preciosas.

A nivel regional, tras la caída de Tenochtitlan, en Mesoamérica (actual México) y el Imperio Incaico en los Andes, se cerraba el capítulo de los grandes imperios americanos en la historia. En menos de un siglo la población originaria de América sufre una catástrofe. Según diferentes investigadores, solo una de cada quince o veinticinco personas sobrevive a este período, es decir desde un 75% a un 95% de la población muere, víctima de las epidemias, la guerra y los trabajos forzados. El genocidio en América motoriza el genocidio africano, ya que para reemplazar a los muertos los conquistadores europeos traían en condiciones infrahumanas a millones de africanos capturados para el comercio trasatlántico de esclavos, que serían empleados en la cosecha de la caña de azúcar o la extracción de oro y plata en las minas. Estos eran los albores del capitalismo mundial, que como Marx explicaba en su obra más importante “El Capital”, la burguesía venía al mundo “chorreando lodo y sangre”.

Los españoles crean la “encomienda” como forma de dominación de los pueblos que conformaban el Tawantisuyo (Imperio Inca), reemplazando la figura del Inca quien recibía los tributos ya sea en trabajo, especies o dinero, por la corona Española quien pasó a percibir los beneficios de la dominación. A los españoles que se asentaban en América se les “encomendaban” una cierta cantidad de originarios para garantizar este tributo, a cambio debían cuidar la integridad de sus encomendados en lo “espiritual y material”, pero como regla general lo que terminaban haciendo era imponer a los pueblos originarios un trabajo esclavizante para enriquecerse ellos mismos.

Aunque en poco tiempo –de iniciada la conquista- caen los grandes imperios del continente Americano, los conquistadores tendrían un verdadero dolor de cabeza con cientos de comunidades de habitantes originarios independientes –de los imperios caídos en desgracia- que no estaban dispuestas a ceder su independencia fácilmente. La situación en lo que es actualmente Jujuy no fue diferente. Los conquistadores españoles se encontraron con una gran resistencia por parte los pueblos que habitaban el valle de Jujuy y Palpalá, cuando querían fundar una ciudad que sirva como posta en el camino de los mercaderes españoles entre Potosí y Tucumán, y así afianzar su dominio de la región.

La rebelión de los pueblos originarios

El primer intento fue en 1561, donde hoy está el barrio Ciudad de Nieva al norte de la actual San Salvador de Jujuy. El asentamiento fue destruido el año siguiente por una rebelión encabezada por Juan Calchaquí, jefe de un pueblo conocido como “Tolombom”, contra la esclavitud que el fundador, Gregorio Castañeda, quiso imponer a los habitantes del lugar.

El segundo intento, en 1575, fue realizado por Pedro de Zarate, que fundo el pueblo de San Francisco en la Nueva Provincia de Álava, donde se ubica hoy el barrio de Punta Diamante. Sin embargo, este asentamiento es destruido siete meses después por este periodo donde se mantenían rebelados los pueblos de la zona. Finalmente Ramírez de Velasco, Gobernador de Tucumán, entre 1586-88, dirige una expedición militar donde derrota a los pueblos sublevados.

Finalmente, en 1593, por orden del mismo Rey Felipe II de España, se funda “San Salvador de Velazco en el Valle de Jujuy” por parte de un capitán español llamado Francisco de Argañaraz y Murguía. En alusión a que la acción de ejército “salvó” a los conquistadores de los ataques por parte de los pobladores originarios que pelean por recuperar y preservar sus territorios.

Este último establecimiento de un poblado perdura gracias a que se derrotara finalmente la rebelión de los pueblos originarios en una combinación de campañas militares, en las cuales también jugó un papel de contención y legitimación del accionar del ejército, la Orden Jesuítica que actuaba en el Valle de Palpalá.

Viltipoco, curaca de los Omaguacas de Purmamarca desde 1589, lidera una amplia coalición de comunidades rebeldes que según las crónicas españolas dirigía a 10.000 combatientes de la quebrada y la puna. Con un golpe de mano durante una noche del año 1594, Francisco de Argañaraz atrapa al líder quebradeño y sus capitanes en Purmamarca, probablemente traicionado, descabezando la rebelión que había aislado durante mucho tiempo a la gobernación de Tucumán y era un peligro latente para los poblados españoles del noroeste entre los que estaba, la futura San Salvador de Jujuy.

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El conquistador Franciso de Argañaraz en mural de la Legislatura de Jujuy

La aparición de la Virgen de Río Blanco

Mientras tanto los Paypayas, otro pueblo rebelde, del valle de Palpalá seguían siendo un peligro que según el relato español es detenido por la orden jesuítica al mando de Francisco de Córdoba y la Virgen de Río Blanco que aparece por primera vez. También así aparece el mito de la virgen.

Sobre un “pacará” (un árbol), en la confluencia de los ríos Grande y Chico, vestida de celeste y blanco y su bastón de “soberana”, según relatos de la época, la Virgen de Río Blanco se les aparece a los Paypaya cuando querían avanzar sobre la ciudad de Jujuy, cortándoles el paso y haciéndolos desistir de su avance. La misma se establece en el poblado de los Paypaya, los cuales terminarían siendo convertidos al cristianismo por los Jesuitas y pasaron a formar parte de la encomienda de Don Alonzo de Tapia a fines del siglo XVI.

La Virgen vuelve a “aparecer” para “detener” a los pueblos Tobas del Chaco que iban contra el asentamiento definitivo de los españoles en la región y que según las crónicas españolas también atacaban a las comunidades convertidas al cristianismo. Según este relato, esta Virgen fue el símbolo de “paz y reconciliación”, luego de la rendición y posterior conversión al cristianismo de las muchas comunidades que vivían en Jujuy que se rebelaban constantemente contra los encomenderos y las autoridades españolas.

Sin embargo, se reconoce que las epidemias y las condiciones de trabajo que se les imponía a los pueblos de los Paypaya y otros como los Ocloyas y Osas, los primeros convertidos al cristianismo llevó a diezmar de tal manera la población que solo 15 miembros de estas comunidades vivían para fines del siglo XVII. Las epidemias, las expediciones militares y la posterior evangelización, fueron las claves del quiebre de la resistencia de los pueblos originarios en Jujuy.

La realidad detrás del culto

El relato español que hasta el día de hoy reproduce la Iglesia, los Gobiernos y los medios de comunicación masivos de la provincia es muy bien resumido por un sacerdote que vivió a fines del siglo XVIII, Monseñor José de la Iglesia: "…En Jujuy, la conquista se hacía sumamente difícil por la diversidad de tribus salvajes que habitaban sus valles y montañas. Cuando no luchaban entre sí, se confederaban para imponer su dominio oponiéndose a la marcha civilizadora impidiendo el tráfico con el Perú y destruyendo las poblaciones que se iban formando…". Refiriéndose a la Virgen de Rosario de Paypaya sostuvo que ella contribuyó eficazmente a "pacificar aquellas tribus indómitas. Fue la misionera, redentora, libertadora y defensora de estos pueblos, valiéndose los misioneros de su imagen para la conquista pacífica, ya que ante su divina presencia aquellos salvajes caían rendidos como por un impulso sobrenatural. Los sacerdotes consiguieron mucho más con su mediación que los conquistadores con su espada".

A partir de ese momento perduró la adoración a esta Virgen como símbolo del triunfo del colonialismo español y de cómo los misioneros logran imponer la religión católica para pacificar a los pueblos originarios y se dedicasen a trabajar para el tributo de la encomienda, pero también como símbolo de reconciliación entre dominados y dominadores luego de la violenta “pacificación”.

Este discurso se mantiene hoy trescientos años después, por los partidos gobernantes, que impulsan y participan de las festividades. Como se refería Horacio Carrillo, Gobernador de Jujuy en 1920, “Honrar a la Virgen de Río Blanco es honrar a Jujuy”, "Está conectada con nuestro pasado de rebeldía india y de resistencia hispana con la implantación de la fe cristiana en nuestra tierra, con la obra de nuestra civilización y con la defensa de nuestra libertad".

Hoy en día detrás de este relato ya no están los encomenderos, sino que su lugar lo ocupan los grandes empresarios, como Pedro Blaquier del Ingenio Ledesma, empresario genocida, las grandes mineras o los tabacaleros. Sostienen este culto como política de Estado para pregonar la unidad de los jujeños, un discurso de reconciliación de clases que oculte la realidad de explotación y opresión en sus vidas que sufre constantemente el pueblo trabajador de Jujuy.

Más allá la fe de los muchos peregrinos que creen sinceramente en la Virgen, desde Izquierda Diario, realizamos esta nota con el objetivo de develar la historia y conocer que intereses persiguen quienes escribieron (y escriben) la historia oficial de la provincia de Jujuy.

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