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Juicio a policías: dispararon e hicieron perder el ojo a joven trabajador ambulante

Este jueves se celebra el juicio por la brutal agresión que sufrió Juan Roldán y un amigo. La policía desplegó los recursos habituales: disparos por la espalda, vejaciones, encubrimiento, armado de causa y amenazas a la familia. Los policías siguen en funciones.

Juan Lobo

@CanisLupus1917

Miércoles 15 de julio | 12:49

La Izquierda Diario recogió los testimonios de Juan y Ramón Roldán, ambos vendedores ambulantes. Juan fue agredido sin motivo por oficiales del 911, división de comando radioeléctrico de la Policía; le dispararon en el rostro y ante la falta de atención médica, perdió su ojo derecho.

Inicia el juicio por lesiones graves y falsificación ideológica, pues le armaron una causa para justificar su brutal accionar. El hecho fue en 2016 y su abogado, Anibal Atria, denuncia que los policías continúan trabajando a pesar de la gravedad de los hechos imputados y de las continuas amenazas a la familia.

Juan y un amigo venían en moto acompañando a dos amigas que conocieron en un boliche. Por la zona del parque 9 de julio son interceptados por dos móviles del 911, los mismos que asesinaron por la espalda a Facundo Ferreyra, de 12 años.

Sin mediar advertencia alguna comienzan a perseguirlos y le disparan a quemarropa, en la espalda primero y cuando logran ponerse a su lado, le descarga la escopeta en el rostro de Juan, que en ese entonces tenía 19 años.

Luego le aplicaron el procedimiento "correcto y oportuno", según los dichos de Maley ante el reciente asesinato de Nadal: los golpearon salvajemente, les pisaron la cara, los esposaron, arrojaron a una camioneta y los trasladaron a la Comisaría 11.

Dicha Comisaría tiene un frondoso prontuario, entre ellos la acusación de violar a una joven en el mismo parque 9 de julio. Allí continuaron los golpes. Juan tenía la cara hinchada y el ojo afectado, pero nunca recibió atención médica.

Allí los uniformados hicieron una denuncia trucha acusándolos de robo y "plantándoles" un arma de juguete. Juan exigía atención médica, tenía su cara y su torso lleno de heridas por los perdigonazos, pero sólo le permitieron lavarse la cara.

Recién al lunes siguiente lo llevan al hospital, no para examinarlo sino para limpiarlo y llevarlo ante la fiscal que afortunadamente no compró la falsa denuncia y termina liberando a los jóvenes.

Recién casi 3 días después de recibir las vejaciones pueden ir por atención médica pero la herida ya estaba infeccionada y no quedó otra opción que extirparle el ojo derecho. Juan perdió el ojo por la falta de atención médica que correspondía darle inmediatamente. Los uniformados estaban más ocupados en armar la acusación apócrifa y actuaron, como en tantos otros casos, con la impunidad que le otorgan superiores, el Gobierno y la Justicia.

Juan Ramón Roldán, como su padre -del mismo nombre-, es vendedor ambulante, había terminado el secundario y estaba por hacer una pasantía en una importante empresa, también planeaba estudiar. Por supuesto estos hechos impactaron terriblemente en su vida y en sus sueños: "me arruinaron la vida", sintetiza.

Su padre realizó la denuncia y allí empezaron las amenazas, hostigamiento, pedidos para que levanten la denuncia. Uno de los policías vive a la vuelta de su casa y su familia -todos policías- constantemente recurrían a estas prácticas para amedrentarle, incluso cuando llevaba a su otro hijo a la escuela.

La impunidad que el Estado da a los uniformados llegó al punto que incluso le rompieron la moto echándole azucar en el deposito del aceite, tal es el ensañamiento de las fuerzas represivas con las familias trabajadoras que se animan a denunciar estos hechos.

Tras casi 4 años de "pasillear" tribunales, marchas, entrevistas, tendrá lugar el juicio, que se realizará de manera virtual, por Zoom. Se convoca a apoyar su lucha en el Sindicato de Vendedores ambulantes, donde se va a proyectar el debate este jueves y viernes, desde las 9 de la mañana.

Los policías, como en los más de 10 casos impunes que hay en la provincia (y son sólo los denunciados), siguen en sus funciones con impunidad para amenazar, con el aval de sus superiores. Como vemos, la escalada represiva se aceleró en la cuarentena, pero tiene larga data en la provincia y la similitud de las barbaridades en cada caso muestra un verdadero modus operandi para reprimir brutalmente, sobre todo a los sectores de barrios populares.

A las decenas de casos impunes se sumaron cientos de casos de abusos, asesinatos y hasta desapariciones como la de Luis Espinoza, Facundo Castro en Buenos Aires o la muerte de Ceferino Nadal, también asfixiado como tantos casos a nivel mundial.

Ramón, el papá de Juan, pidió no tan solo por lo que le tocó vivir, sino para que ninguna familia trabajadora vuelva a ser víctima del brutal accionar policial.

Hoy, cuando las fuerzas de "seguridad" se cobran casi una vida por día, más que nunca debemos realizar una gran campaña nacional e internacional contra el racismo y la brutalidad policial.







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