Política

CORRUPCIÓN

José López y el retorno del género fantástico

Declaró durante tres horas ante el juez Rafecas. Mencionó a Calcaterra y a Alejandro Karlen, diputado del Mercosur. En el medio, una historia de paranoias, alucinaciones y lagunas mentales.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Viernes 12 de agosto de 2016 | Edición del día

Ayer José López se hizo presente ante el juez Daniel Rafecas para presentar su declaración en la causa por la que se lo investiga. “Estaba muy ansioso para estar frente a V.S. en este momento. No como la primera vez, en la que estaba fuera de mí, no estaba en mi sano juicio, porque ninguna persona en su sano juicio elegiría como defensora a la que dicen que yo elegí” afirmó de entrada el ex secretario de Obras Públicas. Lo hacía en obvia referencia a la abogada Fernanda Herrera, que tuvo sus (breves) semanas de representación de López para terminar aterrizando en el show de Marcelo Tinelli.

“A pesar de que en estos momentos tengo 17 kilos menos, mido 1,70, ayer me pesaron y peso 68,5 kilos, de los 86 kilos que pesaba hace dos meses, me siento con la fortaleza física y psicológica-psiquiátrica y también espiritual de afrontar esta indagatoria” agregó el ex funcionario que fue “mano derecha” de Julio De Vido durante más de diez años, según la afirmación realizada por el ex ministro de Planificación y actual diputado nacional por el FpV.

A partir de ese momento, López desarrolló una suerte de relato fantástico donde alucinaciones, voces, cuentas de mail hackeadas, extraños problemas en su celular, lagunas mentales y pérdida de memoria fueron el común denominador con el que intentó “explicar” la cadena de hechos que lo llevó hasta la puerta de un convento en la localidad de General Rodríguez, de la provincia de Buenos Aires, buscando hablar con la ya archiconocida Madre Alba y portando bolsos con varios millones de dólares.

“Recuerdo en ese instante, que estaba con la carabina en la mano, escuché una voz masculina que me decía ’te va a pasar lo mismo que al Lauchón’. Yo solté la carabina, y le dije ’no soy Nisman, no me voy a suicidar’” afirmó en un momento de su declaración.

La parte alucinatoria del recorrido que lo llevó hasta General Rodríguez tiene el tinte del relato policial: manchas de sangre, voces que dicen que lo van a matar, gas para dormirlo e intento de secuestro.

Todo eso es lo que le impide, según el mágico relato, recordar. “Cuando veo las imágenes del convento, digo que no reconozco a esa persona, si bien era yo, ya que en ese momento estaba fuera de mí; me dicen que fue psicosis, brote psicótico, paranoia, delirio persecutorio, no lo sé”.

Lo realmente sorprendente es que el delirio persecutorio no le impidió recoger los bolsos donde se guardaban dólares, yenes y otras monedas. A pesar de las “voces” y el “humo”, López relata que fue “hasta la casita que está al frente del inmueble, saqué una escalera tipo tijera, plegable, ingresé a la casa principal, a ese lugar inaccesible que nadie sabía, en mi habitación en el primer piso, que hay como una ventana por donde se accede al lugar donde está el tanque de agua, estaban ahí los bolso, en un lugar tapados, como en un falso piso”. Entre tanta paranoia, hay una parte de lucidez que parece haberse mantenido inalterable. La que decía dónde estaban los 9 millones de dólares.

El relato fantástico prosigue: “la sensación era como de ir en un sueño, en una nube, como que no era yo. Cuando salí de mi casa no tenía un rumbo ni destino fijo”. Lo realmente “sorprendente” es que terminó en el mismo convento donde había estado presente gran cantidad de veces junto al ex ministro De Vido y al fallecido obispo Di Monte y donde, como pudo verse en las imágenes que circularon hace semanas, las solícitas hermanas colaboraron con él a entre los bolsos de dinero.

La plata y la política

“Ese dinero no me pertenecía, ese dinero pertenecía a la política. Y yo, cuando tenga la fortaleza física, psicológica y espiritual necesaria, voy a dar todos los detalles con relación a ese dinero, y sobre este tema no voy a contestar en este momento ninguna otra pregunta”.

Así daba López la “explicación” sobre el origen de los 9 millones de dólares que llevaba encima. ¿Cuándo llegará el momento de la “fortaleza física”? Aun no se sabe. Pero desde el punto de vista de los argumentos, lo que hace es el funcionario es sacarse una responsabilidad individual y trasladarla, casi directamente, al FpV.

Si “la política” es la responsable genérica de esos montos embolsados, entonces lo que hay que preguntarse es quienes hacían esa política, que no existe por sí misma. Lo que quedará sin explicar, tal vez, sea la posesión de los 6 relojes de lujo que tenía en su poder el detenido. Esos no parecen tener que ver con “la política”.

Por último, López afirmó que “quiero decir que ni yo, ni mi señora, ni mi familia, nos enriquecimos con la función pública”. Si las frases sobre las alucinaciones mueven a la sonrisa, esta última empuja, hay que decirlo, a la carcajada abierta.

En el mismo lodo…

En su declaración ante Rafecas, López implicó a Alejandro Karlen, diputado del Mercosur por la provincia de Corriente. El ex funcionario nacional afirmó que “a mediados del mes de mayo un parlamentario me dijo “a vos, a mí, a Rossi, y a otros parlamentarios más, los están investigando (…) el parlamentario que me hizo este comentario fue Alejandro Karlén, de la provincia de Corrientes, del Frente para la Victoria”.

Karlén, que hasta anoche era un ilustre desconocido, se convirtió en el personaje más requerido por los medios de la “Corpo” que buscan hacerlo declarar no solo contra López sino contra todos los ex funcionarios kirchneristas que fuera posible, incluida la ex presidenta.

Precisamente por haber sido mencionado por López, el juez Rafecas también lo llamará a declarar.

Otro de los que entró en la lista de menciones de López fue Angelo Calcaterra, primo del presidente Macri y uno de los empresarios de la construcción más poderosos del país. “Ese edificio había sido rescindido el contrato porque se había licitado antes del 2001 y el constructor pedía una actualización de precio que no se podía otorgar, entonces se rescindió el contrato. La empresa constructora era de Calcaterra” dijo el ex secretario de Obras Públicas.

Así, como ya había hecho en primera instancia Lázaro Báez, López también implicó a quienes están estrechamente ligados al poder político de turno. No es que le falten razones a sus argumentos. Calcaterra está entre los grandes beneficiarios tanto del anterior como del actual gobierno. Una confirmación de que en la llamada “patria contratista” están todos, más allá del signo político.

Terminó la primera parte de esta interesante saga que mezcla relato fantástico, policial (un poquito) negro, ironía y denuncias de corrupción. Ahora, hay que esperar ansioso la segunda parte, que develará de donde salió el dinero de los bolsos. Pausa para comprar pochoclo.







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