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Joel Ortega: “Por primera vez con ilusión, este 5 de junio voy a votar por Sergio Moissen”

Reproducimos el texto de Joel Ortega Erreguerena, “Los independientes de la Constituyente: algunas lecciones” publicado en la revista Consideraciones. Joel es sociólogo, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y miembro del comité de redacción de la revista Memoria.

Lunes 25 de abril de 2016 | Edición del día

En México la clase política está cada vez más cerrada y subordinada a los poderes económicos. El Pacto por México y la descomposición de la izquierda institucional solamente son la culminación de un proceso que viene de lejos. En especial para los movimientos sociales, se han cerrado muchos de los canales y las posibilidades de disputar la política. Es cierto que frente a esa descomposición es necesario impulsar la organización y la participación por fuera de esas instituciones, tomando las calles, las escuelas y las plazas, como decían en el Mayo de París: cuando la Asamblea Nacional está convertida en un teatro, todos los teatros deben convertirse en Asambleas Nacionales; sin embargo, frente al desastre que vivimos no podemos simplemente dar la espalda al sistema político. Ante tal podredumbre, aprovechar y ampliar todas las grietas que se abren en ese sistema político puede ser fundamental para cambiar las cosas.

En ese sentido las candidaturas independientes a la Asamblea Constituyente son una experiencia innovadora para pensar el paso del movimiento social a la lucha por los espacios de representación del Estado. Aunque se trata de un proceso tutelado en el que 40 de los 100 constituyentes serán designados por distintos poderes (Mancera, Enrique Peña Nieto, el Senado y la Cámara de Diputados) y en los 60 restantes la mayoría se la llevarán las listas elaboradas por las cúpulas partidistas, el espacio abierto por las candidaturas independientes puede ser un primer paso en un camino más largo para el surgimiento de nuevas fuerzas políticas. Por eso aquí analizamos cómo ha sido hasta ahora la experiencia, ubicando los actores que se han lanzado a impulsar candidaturas independientes y cuáles han sido las claves de sus primeros triunfos y también sus errores y limitaciones.

Lo primero que hay que decir es que en el mar de los independientes coexisten muchos grupos e intereses. El primer grupo mayoritario es el de los “independientes” que no son independientes sino que representan a algún grupo de poder con las mismas prácticas corporativas y clientelares. Pero también existen candidatos en los que se han expresado organizaciones sociales con una trayectoria de lucha y que pueden representar un cambio.

En la primera etapa quienes se registraron como candidatos tenían que conseguir el registro bajo condiciones profundamente complicadas. En unas cuantas semanas tenían que juntar cerca de 74 mil firmas, el equivalente al 1% del padrón electoral de la Ciudad de México, -más de lo que necesitó un diputado local para ganar las elecciones del año pasado y más de lo que obtuvo el delegado de Magdalena Contreras, quien ganó con 14 mil votos, todo sin ningún recurso o acceso a los medios con el que sí cuentan cotidianamente los partidos políticos.

En esta etapa ya es posible analizar el comportamiento de las distintas plataformas. Como decíamos, en un primer grupo hay que ubicar a los candidatos que en realidad son impulsados por poderes tradicionales. Por ejemplo, Ismael Figueroa, dirigente del sindicato de bomberos, no tuvo ningún problema en juntar las firmas, según muchos testimonios obligó a cada uno de los 2 mil bomberos de su organización a juntar 50 firmas. Lo mismo podemos decir de Xavier González, sobrino del Dr. Simi, del que no podemos esperar unas prácticas precisamente democráticas. Ni que decir de Lorena Osornio, la nuera de Alejandra Barrios (PRI), cacique de los comerciantes ambulantes del centro histórico. En todos esos casos más que tratarse de procesos de renovación, las candidaturas independientes han sido aprovechadas por grupos de poder para perpetuar sus prácticas clientelares y autoritarias.

Sin embargo, también en esta etapa se dieron varias experiencias de organizaciones sociales con un perfil democrático que intentaron disputar la política. Aquí queremos mencionar tres experiencias muy interesantes. El grupo de cinco candidatos agrupados en “Tu Constituyente”, la candidatura “Ciudad Feminista” de Elsa Conde y Orfe Castillo, y también “Anticapitalistas a la Constituyente” de Sergio Moissen.

El grupo de “Tu Constituyente” fue una red con activistas de organizaciones como Bicitekas que ha impulsado el uso de la bicicleta en la ciudad y jóvenes como Alfredo Lecona que se incorporó a la política en el movimiento Yo Soy 132. Fue la iniciativa más mediática, con mucho eco en las redes sociales y con la simpatía de varios intelectuales y articulistas. Sin embargo, al momento de juntar firmas esa campaña mediática no logró materializarse. A pesar de impulsar “firmatones” en las plazas de la ciudad y buscar firmas a través de un formato electrónico, los candidatos de esta plataforma solamente lograron 6 mil firmas en promedio, muy lejos de las 74 mil necesarias. Hay que destacar su firmeza y honestidad al negarse a participar en el mercado de firmas en el que líderes clientelares les ofrecían apoyos a cambio de dinero, como ellos lo han denunciado. Pero hace falta una reflexión sobre cuáles fueron las limitaciones que no permitieron juntar las firmas. Hay que preguntarse por qué una presencia mediática y un manejo de internet tan importante (con más de 500 mil personas alcanzadas en sus redes sociales) no pudo materializarse en las firmas suficientes. Quizás una enseñanza es que aún en la sociedad de la información el papel de los activistas y su trabajo cara a cara continúa jugando un papel muy importante en estos procesos.

Por su parte, la candidatura de “Ciudad Feminista” fue muy interesante porque representó la articulación de colectivos feministas que ya no se sienten representados en los partidos políticos. Con esta red, que no se creó ahora sino que es producto de décadas de luchas, la candidatura de Elsa Conde consiguió juntar 85 554 firmas, pero el autoritarismo y el burocratismo del Instituto Nacional electoral (INE) impidieron su candidatura invalidando 18 432 firmas que no fueron encontradas en el padrón oficial. Es una lástima porque una candidatura feminista hubiera aportado mucho para pensar la ciudad en un proceso constituyente.

La candidatura de los “Anticapitalistas a la Constituyente” de Sergio Moissen es quizás la única auténticamente independiente de la clase política que consiguió la hazaña de romper todas las barreras impuestas para impedir la participación ciudadana. La candidatura fue impulsada por el Movimiento de Trabajadores Socialistas (MTS) que se ha forjado en años de luchas del movimiento estudiantil. Primero en la huelga de 1999-2000 en donde fue cuestionado por sus posiciones radicales y sobre todo en el último ciclo de movimientos juveniles, que comienza con el Movimiento por la Paz en 2011, adquiere uno de sus momentos más altos con #Yo Soy 132 en 2012 y continúa con el movimiento de solidaridad con Ayotzinapa en 2014. En esos movimientos, decenas de jóvenes se han forjado en las calles y las asambleas estudiantiles.

El MTS es una organización más de ese proceso. Fueron esos jóvenes -que no son muchos, pero si constituyen un núcleo militante sólido-, trotskistas decididos y convencidos, quienes lograron juntar las firmas. Como nos ha contado Sergio Moissen, fueron decenas de brigadas en el metro, los salones de clases y las plazas las que consiguieron en un trabajo realmente titánico juntar 102 mil firmas. Y finalmente, sobrevivir a la poda burocrática del INE y obtener el registro de la candidatura.

Ahora después de ese primer gran filtro la candidatura de Sergio Moissen es prácticamente la única que no responde a uno de los poderes instituidos en la ciudad. Podemos tener diferencias con su organización pero es un error no comprender que su candidatura puede representar un paso importante para la izquierda independiente. Un discurso anticapitalista que cuestione las políticas neoliberales y al gobierno autoritario de Mancera. Y un joven activista, que no se formó en la burocracia de un partido político sino en la lucha de los movimientos estudiantiles puede significar aire fresco para la izquierda. Solamente sería una voz, en medio de una Constituyente tutelada y controlada por el poder. Sin embargo, una voz puede sonar muy fuerte sobre todo cuando el fantasma de la indignación ya recorre el mundo, no sólo en las plazas y en las redes sociales sino también en las urnas. Por eso, en este proceso y por primera vez con ilusión, este 5 de junio voy a votar por Sergio Moissen.







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