Cultura

TEORÍA / EDUCACIÓN

Jesualdo Sosa, pedagogo comunista Parte I

Corrían los años treinta en el Uruguay, tiempos de golpe y reacción, el ciclo político del batllismo entraba en irreversible agotamiento producto de la bancarrota capitalista de 1929, y fruto también de la inconsecuencia y la incapacidad política del reformismo burgués, para llevar hasta las últimas consecuencias la tareas de la revolución democrático-burguesa en el continente; la falta de voluntad política para estatizar la banca, impulsar la reforma agraria y expropiar al imperialismo selló los destinos del proyecto reformista y cavó su propia tumba.

Viernes 16 de diciembre de 2016 | 22:22

Delimitación del Escolanovismo.

Ante la tormenta que se aproximaba, Jesús Aldo Sosa (Jesualdo) desde la escuela número 56 de Canteras del Riachuelo en Colonia, pudo ver mejor que nadie, desde el campo de la praxis educativa, las limitaciones históricas que el período batllista señalaba para los trabajadores y el país a principios de la década de los treinta: su testimonio pedagógico pero también histórico de su experiencia en Colonia, recogido en el libro Vida de un maestro no sólo constituye una fuente de inspiración para todos los docentes que nos indigna el régimen social de explotación y de opresión de la sociedad capitalista, el mismo en que hoy vivimos y que luchamos por superar, sino que además representa la delimitación teórica más profunda en el terreno del pensamiento pedagógico nacional, con respecto a la corriente hegemónica de la Escuela Nueva.

La pedagogía de la Escuela Nueva, corriente inaugurada por el reformista norteamericano John Dewey tuvo en Uruguay a lo largo de todo el siglo XX una profunda influencia; intelectuales y pensadores de la talla de Julio Castro, Reina Reyes, Agustín Ferreiro fueron entusiastas del escolanovismo; sin embargo Jesualdo Sosa siempre se mantuvo escéptico de los alcances reales de la Escuela Nueva como herramienta de transformación social o empoderamiento de los desposeídos; sin dejar de valorar toda la progresividad alcanzada por la escuela “progresista” con respecto al asfixiante esquema opresivo y disciplinante de la escuela tradicional, Jesualdo nunca dejo de criticar y cuestionar profundamente no sólo las limitaciones de una pedagogía “democratizante” condicionada en última instancia por el modo de producción capitalista, sino que desenmascaró el centro imperialista de su producción intelectual y de su formulación teórica, el imperialismo norteamericano.

La discusión con los Estructuralistas.

Pero Jesualdo no sólo fue un crítico profundo de las tendencias pedagógicas progresistas y reformistas de su época, sino que con extraordinaria previsión logró discutir y polemizar con la corriente estructuralista europea, paradójicamente más de veinte años antes de que esta surgiera como unas de las variantes más importantes del marxismo occidental (así denominado por el marxista inglés Perry Anderson).

En su libro de la década del cuarenta 17 educadores de América Latina, Jesualdo discute fraternalmente con el marxista argentino David Ponce y su concepción de la escuela capitalista como reproductora monolítica de la sociedad de clases y de las relaciones sociales de explotación en el capitalismo, negando cualquier posibilidad de intersticios y autonomías relativas que posibiliten el desarrollo de las potencialidades humanas y la consciencia crítica aún en los marcos de la democracia burguesa y el Estado capitalista.

A diferencia de los intelectuales del estructuralismo francés, totalmente alejados de la praxis en cualquier ámbito de la vida social, completamente ajenos de la experiencia cotidiana del movimiento obrero y la lucha de clases; Jesualdo Sosa representa con respecto al desarrollo del marxismo latinoamericano en el terreno de la pedagogía crítica, aquel tiempo, como escribiera Perry Anderson en Consideraciones sobre el marxismo occidental en que la teoría del materialismo histórico reflejaba aún la indisoluble fusión y unidad entre la teoría y la práctica.






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