Sociedad

POLÍTICA E IGLESIA

Jesica Cirio y el Opus Dei

¿Cómo hacer para que juicios ultraconservadores y asentados sobre bases preconciliares no sean desdeñados en el foro público? ¿Qué características debe tener el enunciador ideal en una sociedad secularizada? La organización creada por un aragonés y ahora dirigida por un argentino, prepara sus tubos de ensayo.

Julián Maradeo

Periodista

Lunes 11 de mayo de 2015 | 09:06

Foto: Elizalde entrevistado en el canal web de Daniel Hadad

La pregunta aparenta descabellada. ¿Jésica Cirio, esposa del kirchnerista fallido Martín Insaurralde, es un conejillo de Indias del proyecto comunicacional del Opus Dei? Con imagen de modelo y empresaria exitosa, y conductora de un programa de salud corporal en Infobae, portal perteneciente a Daniel Hadad, formado en el posgrado de la casa académica de la Obra en España, Cirio es asesorada, según la revista Noticias, por Luciano Elizalde Acevedo, especialista en comunicación gubernamental y flamante decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral (UA).

Pero, bien: ¿de qué se trata ese proyecto comunicacional, cuyo principal enclave es la UA? Para desentrañarlo hay que leer a Juan Pablo Cannata, quien, preocupado, entre otras cosas, por el avance registrado en los debates sobre el aborto, la intervención del Estado para favorecer la fertilización in vitro y la ley de Matrimonio Igualitario, propuso cómo abordar esos nudos. Al autor lo motiva la derruida legitimidad de la palabra de la Iglesia, y de otros agentes vinculados al campo católico, para participar en la discusión pública abierta. Y no es casual la preocupación si, como dice el informe LatamNet 2013, el 20% de los católicos son latinoamericanos y el 73% de los latinoamericanos son católicos.

El mendocino Cannata es, desde 2006, el director de la Oficina de Comunicación del Opus Dei, lugar que era ocupado por Esteban López del Pino.

El OD, elite de tecnócratas del catolicismo conservador, es uno de los que con mayor nitidez entiende la época a diferencia de muchos de los huraños integrantes de la jerarquía eclesiástica vernácula. Por eso, el primer vicario general no español de la estructura creada por Josemaría Escrivá de Balaguer es un especialista en comunicación. Se trata del argentino Mariano Fazio, quien dirigió la Facultad de Comunicación Institucional de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz-perteneciente al Vaticano, pero bajo la órbita del OD- entre 1996 y 2002.

La prelatura, muy cómoda en tiempos de Francisco, ve con buenos ojos algunos datos en apariencia menores pero que exponen su expansión, como lo son las crecientes misas-27 en 2013- en homenaje a su fundador, el beatificado por Juan Pablo II, San Josemaría, así como que, en 2014, por primera vez un sacerdote del Opus Dei, Julio Paz, haya dado misa en la Catedral de Buenos Aires.

Con Fazio y Elizalde Acevedo como referencias centrales, en “Valores y discurso público: comunicación e identidad cristiana de instituciones sociales y educativas en el nuevo contexto cultural”, artículo publicado en Austral Comunicación, Cannata desplegó una guía de cuatro pasos para que los católicos ortodoxos sepan cómo intervenir en el foro público: 1) Construir un marco común; 2) proponer las propias convicciones a partir de los valores comunes; 3) comprometerse con los problemas sociales del propio entorno y 4) identificar al enunciador legitimado. Sin explicitarlo, uno de los dilemas profundos de los conservadores es cómo mantener, en una sociedad secularizada, un discurso centrado en las encíclicas de fines del siglo XIX y la primera parte del siguiente, cuando para el Iglesia el mundo se regía bajo la visión del integrismo, corriente que, bajo la defensa de los valores occidentales y cristianos, rechazaba cualquier tipo de apertura social y quita de poder a la Santa Sede.

En la década del ’60, la organización de laicos con mayor influencia, la Ciudad Católica, tomó como estrategia para la construcción de poder la penetración capilar y selectiva por medio de personas influyentes, relegando la masividad. En la estructura creada por Jean Ousset, replicada en Argentina, cada célula debía estar compuesta por un máximo de ocho personas, seleccionadas a partir de relaciones amistosas previas. El objetivo era claro: “Que tengamos ‘nuestros hombres’ en todas partes, en todas las capas sociales, en todas las posiciones que permitan conocer los resortes del mecanismo del Estado”.

En cambio, el OD recorre otro camino, a simple vista difuso e invertebrado. Quien mejor lo describió fue Carlos Nannei, ex vicario de la Obra en el país: "La finalidad del Opus Dei es difundir en todo el mundo el llamado universal a la santidad, a través del trabajo de todos los días. Cada uno donde está, en su trabajo o en su entorno, debe levantar la temperatura espiritual”. Según cifras oficiales, esta organización está compuesta en un 98 por ciento por laicos, divididos en adherentes, supernumerarios y cooperadores.

Con el mentado fin de “levantar la temperatura espiritual”, el OD tendió constante y solapadamente puentes con el poder institucional y empresarial. A modo de ejemplo, estuvieron vinculados -o lo están aún como supernumerarios- Horacio Rodríguez Larreta, el ex juez y funcionario menemista Rodolfo Barra y el reaparecido Gustavo Béliz. En el presente, en dosis homeopáticas, estrechan vínculos con el PRO, por caso, a través de Diego Blasco Funes, ex rector de la UA y actual director de Desarrollo Institucional del IAE-unidad de la UA para formar ejecutivos-, quien participa de los convites de la Fundación Nuevas Generaciones-usina de pensamiento del PRO-; del procurador porteño, Julio Conte Grand, y del ministro de Educación macrista, Esteban Bullrich, usual asistente a las charlas que organiza la mencionada universidad.

Sin embargo, siguiendo a Nannei, ahí se encuentra el matiz. Hoy, la clave para el OD es lanzar enunciadores que aparentemente están desprovistos de carga ideológica como para proponer determinados temas candentes, tales como los que les preocupan tanto a quienes componen la cúpula católica como a estructuras de este tipo.

Es por eso que, más allá de si Jésica Cirio funge como tubo de ensayo o no, lejos estaría de sorprender que quien vuelque en la discusión pública temas con el corte conceptual del conservadurismo católico sea un sujeto de características similares.






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