Internacional

EXPLOTACIÓN LABORAL

Ivanka Trump: explotación made in Indonesia

Una investigación del diario The Guardian puso al descubierto como trabajan miles de mujeres en la fábrica que produce ropa para renombradas marcas, entre ellas la de Ivanka Trump.

Diego Sacchi

@sac_diego

Martes 13 de junio | 15:39

El diario inglés The Guardian público éste martes una nota donde deja al descubierto las condiciones de explotación laboral a las que están sujetas miles de trabajadoras en la fábrica que produce ropa para importantes marcas, como la de Ivanka Trump, hija del actual presidente estadounidense.

Está no es la primera denuncia que se conoce por la utilización de trabajo mal pagado, y en las peores condiciones laborales, para producir la ropa que comercializa Ivanka. A fines de mayo se conoció que tres activistas que investigaban las condiciones laborales en una fábrica de China fueron detenidos, la empresa produce zapatos para la hija del presidente de Estados Unidos y otras grandes marcas.

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En este caso la investigación del diario inglés sacó a la luz que en la fábrica PT Industria del Vestido Buma en Subang, en Java Occidental, los sueldos están por debajo del salario mínimo, las trabajadoras sufren presiones para que no se organicen y se paga un bonus a las mujeres que no se ausentan cuando menstrúen.

La empresa, de capital coreano que se instaló en Indonesia en 1999, cuenta con más de 2.700 empleados trabajando en la fábrica (Buma). Alrededor de tres cuartas partes son mujeres, muchas de ellas madres. Unos 200 empleados están organizadas y afiliadas a alguno de los dos sindicatos que hay en la fábrica. El resto sufre presiones por parte de la empresa para no afiliarse, informa The Guardian.


Fotografía: Syarifah Nur Aida para The Guardian. Trabajadoras ingresando a la fábrica PT Buma en Subang, Indonesia.

Una de las trabajadoras entrevistadas, de nombre Alia, afirmó que salario entra dentro del mínimo legal en su provincia (unos 173 dólares al mes), pero es uno de los más bajos de Indonesia y hasta un 40% inferior al de las fábricas chinas, de donde han migrado varias empresas que producen para las principales firmas internacionales.

Alia paga un alquiler, junto a su marido, de un apartamento cercano a la fábrica que le cuesta 30 dólares al mes. Lo que les queda de su sueldo lo usan para vivir y enviarle a su familia. Sus hijos viven a las afueras con sus abuelos, a varios kilómetros de la fábrica. Al matrimonio ni se le pasa por la cabeza poder vivir junto a ellos, no le alcanza el miserable sueldo para poder alquilar algo más grande y poder mantener a los niños en la ciudad.

Otro testimonio de las condiciones de trabajo lo da Sita, una joven de 23 años. Ella tuvo que dejar la universidad cuando sus padres se enfermaron, y comenzó a trabajar en Buma. Como muchos jóvenes ella es contratada temporalmente y su contrato se dará por terminado pronto. “Esa es una de las maneras de la empresa para hacer frente a los gastos adicionales”, dijo. Como trabajadora contratada, no obtendrá nada al ser despedida. “No puedo soportarlo más. Yo trabajo horas extras no pagadas todos los días”.

La mayoría de los trabajadores en Buma sabe quién es Ivanka Trump. Alia cuanta que se dieron cuenta que confeccionaban ropa para su marca cuando vieron las etiquetas hace aproximadamente un año.
Alia, como la mayor parte de sus compañeras y compañeros en la fábrica de PT Buma, es una musulmana practicante, dijo: “No nos gustan las políticas de Donald Trump.”. Conoce las noticias de la llamada restricción al ingreso en Estados Unidos contra los musulmanes, por la televisión. “Pero no estamos en condiciones de tomar decisiones de empleo basadas en nuestros principios”, dijo.

Los relatos recabados y la investigación realizada por The Guardian, muestran las condiciones de explotación que sufren millones de trabajadoras y trabajadores especialmente en el sudeste asiático. No son pocas las denuncias contra las condiciones laborales en las fábricas que producen para marcas internacionales como Zara, H&M, GAP y otras.

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Ivanka Trump lanzó su firma de moda en 2007, con algunos vaivenes durante años, las ventas netas en Estados Unidos aumentaron en casi 18 millones en el año durante la campaña electoral que llevo a su padre a la presidencia. Millones de dólares ganados gracias al trabajo super explotado y mal pagado de quienes producen la ropa que lleva su marca.

Pero más cínico aún es que, para relanzar su imagen a la sombra del feminismo liberal, lanzó “Women Who Work” (Mujeres que trabajan) que trascendió a su empresa y se transformó en su perfil político.

Con su padre ya como presidente, Ivanka busca mostrar que la Casa Blanca también puede tomar la “agenda de las mujeres” planteando una serie de demandas y una agenda no tiene nada que envidiarle a las de ONG feministas o proyectos demócratas, con la excepción de la defensa abierta de los derechos reproductivos y el aborto legal.

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Está claro que el discurso de igualdad de oportunidades que enarbola Ivanka Trump, en busca de conseguir un papel político más destacado, no está pensado para las miles de trabajadoras que deben dejar sus vidas para favorecer sus ganancias.






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